La adaptación de la novela de Elísabet Benavent, protagonizada por Ricardo Gómez, Brays Efe y Clara Sans, convierte el litoral de la Región de Murcia en un escenario inédito dentro de la ficción española
Desde el pasado 28 de agosto, los suscriptores de Netflix en todo el planeta tienen a su disposición una nueva miniserie que, más allá de su trama romántica y humorística, funciona como un escaparate visual de uno de los rincones menos explotados por la industria audiovisual española: la costa de Mazarrón, en la Región de Murcia. Se trata de Toda la verdad de mis mentiras, la traslación a la pantalla de la novela homónima firmada por Elísabet Benavent, escritora cuyas obras Valeria y Un cuento perfecto ya habían sido adaptadas previamente por la plataforma de streaming.

Según recoge un reportaje publicado por Guía Repsol (27 de agosto de 2026), la producción —compuesta por cinco episodios— se articula como una road movie en caravana que arranca en Madrid y concluye en las playas murcianas. La historia gira en torno a un grupo de amigos que emprende un viaje para celebrar la despedida de soltera de Blanca, interpretada por Clara Sans. Lo que en principio debería ser una travesía festiva se transforma en un polvorín emocional a medida que salen a la luz los secretos que cada integrante del grupo ha ido ocultando. Completan el reparto Itziar Manero, Daniel Ibáñez, Lucía de la Fuente, Brays Efe y Ricardo Gómez.

Un litoral murciano nunca antes filmado
Uno de los aspectos más destacados de la miniserie reside en su apuesta por localizaciones poco convencionales. Tal y como señala el medio citado, Álvaro Villalba, responsable de localizaciones del proyecto, subrayó que esa franja del litoral murciano resultaba atractiva precisamente por su escasa presencia en producciones de ficción. El profesional destacó el contraste paisajístico que ofrece la zona: amplias playas de arena flanqueadas por palmeras y acantilados, junto a extensiones de vegetación que rompen con la imagen predominantemente llana que suele asociarse a la Región de Murcia.

La joya de la corona entre los escenarios naturales es la playa de Percheles, situada en la pedanía mazarronera de Cañada de Gallego. Este espacio protegido, encajado entre cerros y carente de edificaciones en primera línea, aparece con todo su esplendor a partir del cuarto capítulo, cuando los personajes abandonan un camping y descubren este enclave prácticamente virgen. Las imágenes muestran al grupo acampando, jugando al vóley y disfrutando del chiringuito en un entorno que Villalba describió como «salvaje» y «abrupto», con la singularidad de que la montaña se funde directamente con la arena, un rasgo que lo diferencia de las playas del norte peninsular, donde el verde domina el paisaje.
Las carreteras que conducen hasta Percheles también quedaron inmortalizadas en la ficción. Concretamente, los tramos de la RM-D21, dentro del término municipal de Mazarrón, y la RM-332, por la que circula el vehículo del personaje de Marín en el tercer episodio, sirvieron como escenario de las secuencias en las que la caravana avanza junto a los acantilados de Puntas de Calnegre.

El Mazarrón más turístico también tiene su papel
Junto a los parajes más recónditos, la serie muestra la cara más conocida y bulliciosa del municipio. La playa de La Reya, en Puerto de Mazarrón, acogió el rodaje de las secuencias con mayor dinamismo de los capítulos segundo y tercero, aquellas que incluyen hidropedales, quads y el puesto de la Cruz Roja. Villalba explicó que se buscaba deliberadamente un entorno con actividad comercial y afluencia de veraneantes para transmitir esa atmósfera de playa turística tradicional.

A escasos metros se encuentra la playa de Bahía, donde los protagonistas realizan su bautismo de buceo. Pese a la proximidad del Hotel Bahía, el respeto a la legislación de costas ha permitido que el entorno natural se conserve en condiciones óptimas para el rodaje, según valoró el jefe de localizaciones.
El respaldo institucional de la Región de Murcia
Por su parte, la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia confirmó a través de una nota oficial que la miniserie se rodó entre el 2 y el 19 de junio de 2025 con la colaboración de la consejería de Turismo, Cultura y Deportes. La Región de Murcia Film Commission, en coordinación con la film office del Ayuntamiento de Mazarrón, facilitó las gestiones para que el equipo de producción pudiera trabajar en las playas de Percheles, Rihuete y Bahía, así como en las calas de Bolnuevo. Además de estos enclaves costeros, un supermercado, el mencionado Hotel Bahía y diversas carreteras entre Mazarrón y Lorca también quedaron integrados en la trama.

La producción corrió a cargo de Plano a Plano, con César Benítez como productor. La propia Elísabet Benavent participó como productora ejecutiva junto a Ángel Armada y Marina Pérez, quien además codirigió la miniserie con María Togores y compartió la escritura del guion con Montaña Marchena.
Madrid como punto de partida y regreso
Aunque el foco mediático se ha centrado en los escenarios murcianos, la capital española constituye el otro gran pilar geográfico de la serie. El principio y el desenlace de la trama se desarrollan en Madrid, donde residen todos los personajes. No obstante, el equipo creativo evitó deliberadamente los barrios más manidos en la ficción televisiva. En lugar de centrarse exclusivamente en Malasaña —el distrito que Benavent retrata habitualmente en sus novelas—, las directoras optaron por explorar zonas menos representadas.
Así, la caravana hace su primera aparición en la calle Argensola, en pleno centro de la ciudad, mientras que el portal del piso compartido por Coco (Itziar Manero) y Marín (Daniel Ibáñez) se sitúa en el distrito de Retiro. El epílogo transcurre en la Plaza de Daoíz y Velarde, un emplazamiento que, según Villalba, apenas había sido utilizado anteriormente en producciones audiovisuales. También se rodó en el barrio de Tribunal, donde la cafetería Bodegas el Maño aparece en el quinto capítulo, y en el Camping Internacional de Aranjuez, que hizo las veces del camping «a la vieja usanza» donde los protagonistas realizan una parada no prevista.

Una comedia romántica con secretos de fondo
En el plano narrativo, Toda la verdad de mis mentiras se presenta como una comedia romántica con tintes de drama que explora los vínculos de amistad, las verdades a medias y las mentiras piadosas que sostienen —o amenazan con derrumbar— las relaciones más cercanas. Coco y Marín, compañeros de piso desde hace años, lideran a la pandilla en un viaje que pondrá a prueba la lealtad y la confianza del grupo cuando los secretos acumulados comiencen a aflorar de forma inesperada.
Con esta nueva apuesta, Netflix refuerza su vínculo con la literatura de Elísabet Benavent y, de paso, ofrece al público internacional una postal inédita del Mediterráneo español: un Mazarrón salvaje, luminoso y cinematográfico que hasta ahora permanecía al margen de los grandes rodajes.

























