Momentos

Hay días en los que uno sospecha que el calendario agrícola tiene sus propias ironías. Sucede con los tomates, por ejemplo. A uno le enseñaron que cada fruto tiene su tiempo, su estación precisa, su maduración natural al dictado del sol. Y, sin embargo, ahí están los invernaderos, desafiando la lógica antigua, ofreciendo en fechas improbables unos tomates que, en ocasiones, superan incluso a los de temporada.