La Asociación Carchelas Cartagena-Murcia celebró una comida entrañable en el Centro de la Tercera Edad, con tostas de pisto casero, risas colectivas y un homenaje verbal que terminó en ovación

El pasado jueves 13 de noviembre, el Centro de la Tercera Edad de La Arboleja, un espacio con más de treinta años de historia y alma de barrio, acogió una de las reuniones más emotivas de la Asociación Cultural y Gastronómica Carchelas Cartagena-Murcia: una comida de hermandad que, desde las 14:30 hasta las 18:00 horas, tejió risas, recuerdos y sabores en torno a una mesa de 22 comensales, entre los que se encontraban Manuela Esparza y el juez de Teruel y Caballero de Lepanto, Javier arroyo.

LasGastrocronicas.com asistió a la comida para realizar esta amplia galería fotográfica:
La Arboleja vibró con el calor de la complicidad culinaria y humana
Organizada por el pedáneo y miembro activo de la asociación, Miguel Hernández, la jornada se celebró en el mismo corazón del centro —junto a la alcaldía—, un lugar que, más allá de ser un espacio de ocio para mayores, se ha convertido en un refugio de comunidad intergeneracional, con menús diarios de 10 € (arroz, estofado de ternera, manitas, carrillera…), peluquería propia, bailes los viernes y un bingo dominical cuyo premio estrella es un jamón entero.

La cocina corrió a cargo de Fátima, cocinera del centro y oriunda de Melilla, cuya propuesta se leyó como un poema de la huerta y la tradición: Tostas de pisto casero, recién hecho y humeante; Tomate partido y pelado con tallos verdes, aceite de primera y aceitunas verdes y moradas, en un guiño al Mediterráneo más puro; embutido de matanza casera, elaborado artesanalmente y cortado al momento; salchicha seca con almendras; un arroz con verduras descrito por los asistentes como «exquisito» y «riqueeeeesimo»; y el broche dulce: el inconfundible paparajote, acompañado de cordial, café de olla y conversaciones que no daban tregua a la sobremesa.

Tras los postres, llegó el momento más emotivo: Paquichelo se subió al escenario —una tarima donde hacen actuaciones musicales los viernes— y, con su habitual cariño y agudeza, dedicó unas palabras a cada uno de los 22 asistentes, describiéndolos con ternura, humor y precisión, como si estuviera pintando retratos con palabras. Las ovaciones no se hicieron esperar.

Y como bien habría anunciado Tomás Martínez Pagán, si hubiese podido participar, tras el café llegó «el mundo del hielo»: cubatas, anécdotas y más risas, hasta que la tarde se despidió con el compromiso de una nueva cita: la comida navideña, ya en preparación.

Como escribió Marlen en el grupo de WhatsApp: «Hemos pasado un ratico entrañable… vuestra compañía, lo mejor». E Isabel Martínez Jover completó: «Gracias a todos por la amistad y cariño recibido… Miguel, cuando quieras, repetimos».
Porque en Carchelas, no se trata solo de comer.
Se trata de recordar quiénes somos… mientras compartimos el mismo plato.




















