Javier Cadario y Antonio Reyes, chefs de Cucü Food Experience, guiaron a ocho participantes en un taller íntimo y sensorial donde cada corte de masa, cada grano de azúcar y cada sorpresa escondida —sin haba, por elección consciente— fue una declaración de amor a la Navidad hecha pan
En la esquina de la calle de la Gloria, entre el murmullo de máquinas profesionales de Fornet y el aroma dulce del azúcar glas, ocho manos —cuatro pares— se movían con una mezcla de concentración y emoción. Era sábado 27 de diciembre, y en el recién estrenado Punto Cuchara Murcia, el primer Taller de Roscón de Reyes acababa de agotarse en cuestión de horas, confirmando lo que sus creadores, Ana Pamies y Ricardo Lozano, intuían: en pleno siglo XXI, el deseo de volver a lo esencial —amasar, fermentar, hornear— sigue vivo.
Allí, en la Mesa Cero, espacio de degustación y encuentro del laboratorio culinario, los asistentes no fueron espectadores, sino protagonistas. Bajo la guía serena y experta de Javier Cadario y Antonio Reyes —socios y almas de Cucü Food Experience, ese rincón de Santa Eulalia donde la tortilla se eleva a arte y el boquerón a poesía—, cada participante se convirtió, por unas horas, en panadero de su propia tradición.

No hubo prisas. El taller, de cuatro intensas horas, respetó los tiempos del pan: el levado lento de la masa madre (elaborada con días de antelación), el amasado manual con paciencia de monje benedictino, la incorporación cuidadosa de mantequilla de primera extracción y ralladura de naranja auténtica, el modelado del anillo, el segundo reposo… y, por supuesto, la decoración: almendras fileteadas, perlas de azúcar coloreadas y azúcar glas tamizado como nieve fina. “Un roscón bien hecho no tiene prisa —explicó Antonio Reyes, mientras ajustaba la temperatura del horno—. Tiene ritmo. Tiene memoria. Tiene abuela”.
Y es que la receta, aunque fiel a lo tradicional, llevaba el sello de Cucü: levadura natural para una miga más esponjosa y aromática, huevos camperos, y una decisión simbólica: ninguna haba. “Este año, nadie será ‘rey’ ni ‘reina’ por azar —apuntó Javier Cadario con una sonrisa—. Todos lo somos por estar aquí, compartiendo esta mesa”. En su lugar, cada roscón ocultaba una pequeña sorpresa comestible: una pasa remojada en anís, un trozo de chocolate negro 70 %, una almendra tostada… un guiño a la diversidad y la elección consciente.

LasGastrocrónicas.com estuvo presente para capturar cada gesto: las cejas fruncidas al amasar, las risas al intentar cerrar el anillo sin que se abriera, el silencio expectante frente al horno mientras el color dorado iba ganando terreno. “No queremos que salgan con una receta copiada —reflexionó Ana Pamies, observando desde la barra—. Queremos que se vayan con la certeza de que pueden hacerlo otra vez, en su casa, con sus hijos, sus amigos… y que, al morderlo, recuerden este sábado”.

Al final, tras el horneado perfecto y el glaseado brillante, llegó el momento más esperado: la degustación. Sentados en torno a la Mesa Cero, los ocho comensales probaron su roscón —el que habían creado con sus propias manos—. Nadie lo cortó con cuchillo. Todos lo partieron con las manos, como manda la costumbre más antigua. Y en ese gesto colectivo, simple y profundo, se cumplió la máxima de Punto Cuchara: la gastronomía no se mira. Se vive.

Hoy, mientras la ciudad se prepara para el cierre de la Navidad, aquellos roscones ya forman parte de la memoria afectiva de quienes los hicieron. Y en el calendario de Punto Cuchara, nuevos talleres esperan: ramen, pasta fresca, sushi… Pero ya nadie duda: el primer éxito no fue casualidad. Fue el estreno de una nueva forma de entender la cocina: no como espectáculo, sino como encuentro.

Corona Dulce de la Epifanía: El Roscón de Reyes, Leyenda, Masa y Tradición en Cada Bocado
Una receta centenaria que coronó mesas, escondió sorpresas y unió generaciones bajo el manto de la Navidad
Aunque las celebraciones navideñas se despliegan con matices locales en cada rincón del planeta, pocas tradiciones poseen tanto poder simbólico y arraigo popular como la del Rosón de Reyes, postre emblemático de este 6 de enero, día en que se conmemora la llegada de los Reyes Magos. En medio de villancicos, luces titilantes y belenes artesanales, este dulce horneado en forma de corona representa no solo el cierre festivo del período navideño, sino también un homenaje a la convivencia, la fe y la alegría compartida en torno a la mesa familiar.

Su origen se remonta a ritos paganos de la Antigua Roma —las Saturnales—, donde se horneaba una torta redonda con una haba en su interior; quien la encontraba era proclamado “rey por un día”. Con el paso de los siglos, la Iglesia cristianizó la costumbre, incorporando la figura del niño Jesús y, posteriormente, los Tres Reyes. Hoy, el roscón mantiene viva esa esencia lúdica y simbólica: bajo su dorada superficie aguarda el haba (que condena al descubridor a pagar el pastel) y, en muchas versiones, una pequeña figura representativa de la realeza.

Para quienes deseen revivir esta tradición desde la cocina, a continuación se presenta una versión clásica —auténtica y detallada— del roscón de Reyes casero, elaborada con ingredientes sencillos y técnicas accesibles, ideal para preparar en familia:
Receta Tradicional del Roscón de Reyes
Ingredientes (para un roscón mediano)
- 650 g de harina de fuerza
- 250 ml de leche entera, tibia
- 25 g de levadura fresca de panadería
- 120 g de azúcar
- 120 g de mantequilla sin sal, derretida y templada
- 2 huevos enteros + 1 yema (para pincelar)
- 10 g de sal fina
- 2 cucharadas de agua de azahar
- Ralladura de 2 limones y 1 naranja (solo la parte externa, sin la parte blanca)

Para la decoración y terminado
- Frutas escarchadas (cerezas, cidra, naranja, etc.)
- 1 huevo batido (para barnizar)
- Azúcar perlado
- Almendras laminadas
- Relleno opcional: nata montada, crema pastelera, cabello de ángel, trufa, boniato asado o chocolate fundido
- Sorpresa tradicional: 1 haba seca (envuelta en papel comestible si se desea) y 1 figurita de porcelana o plástico alimentario (el “rey”)
Elaboración paso a paso
Activación de la levadura
En un recipiente pequeño, disolver la levadura fresca en la leche tibia, añadir 3 cucharadas de harina y mezclar hasta integrar. Dejar reposar entre 15 y 20 minutos en un lugar cálido hasta que la mezcla forme burbujas y duplique ligeramente su volumen.

Mezcla de la masa madre
En un bol amplio, combinar el resto de la harina con el azúcar, la sal y las ralladuras cítricas. Incorporar los huevos enteros, la mezcla fermentada, el agua de azahar y la mantequilla derretida. Mezclar con cuchara de madera o manos limpias hasta obtener una masa homogénea, aunque aún algo pegajosa.
Amasado y primer reposo
Volcar la masa sobre una superficie enharinada y amasar durante 8–10 minutos con movimientos envolventes (de afuera hacia dentro), hasta lograr una textura elástica y lisa. Formar una bola, colocarla en un bol ligeramente aceitado, cubrir con un paño húmedo o film transparente y dejar leudar en un ambiente cálido durante 1.5–2 horas, o hasta que doble su volumen.

Conformado de la corona
Tras el primer levado, desgasificar suavemente la masa y volver a amasar brevemente. Dividirla en dos partes (una ligeramente mayor para la base y otra más fina para la trenza decorativa, si se desea). Estirar la masa principal y unir los extremos para formar un aro, asegurándose de sellar bien la unión. Colocar sobre una bandeja de horno forrada con papel vegetal.

Segundo reposo y decoración
Cubrir nuevamente con film y dejar reposar 45–60 minutos. Mientras, precalentar el horno a 180 °C (arriba y abajo, sin ventilador).
Antes de hornear, pincelar con huevo batido y adornar con frutas escarchadas, almendras laminadas y azúcar perlado. Es en este momento —tras la decoración y antes del horneado— cuando se introduce discretamente la haba y la figurita en el interior de la masa, cuidando de no perforar la superficie.

Horneado y terminado
Hornear durante 18–22 minutos, hasta que adquiera un tono dorado intenso y suene hueco al golpearlo suavemente por la base. Retirar del horno y dejar enfriar completamente sobre una rejilla (mínimo 2 horas) antes de cortar horizontalmente para rellenar, si se desea.

Más que un postre, el roscón es un acto de herencia compartida: cada corte es una apuesta entre risas, cada bocado, un eco de siglos. En 2026, como en tiempos de Augusto o de Carlos III, la mesa sigue siendo el altar donde se celebran las pequeñas maravillas de lo cotidiano. Y esta corona de cítricos, azahar y esperanza —envuelta en azúcar y sorpresas— sigue siendo, sin duda, una de las más dulces. 🎩👑🍊

Punto Cuchara
- Próxima cita: Taller de Ramen, jueves 8 de enero, 18:00 h.
- Información y reservas: puntocuchara.com | @punto.cuchara
























