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GASTROCRONICAS

Ostras y huevos a la luz del siglo XVIII

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Por Elisabet Pegueroles


 

Un bodegón de Luis Egidio Meléndez que convierte la cocina cotidiana en arte


Entre 1759 y 1774, Luis Egidio Meléndez, creó cuarenta y cuatro bodegones para el Gabinete de Historia Natural del Príncipe de Asturias, futuro rey Carlos IV. Treinta y nueve de estas obras se encuentran hoy en el Museo del Prado.

Este original bodegón de 1772, titulado Bodegón con ostras, ajos, huevos, perol y puchero, presenta varias ostras frescas junto a un plato de huevos y unos dientes de ajo dispuestos en diferentes posiciones, algunos de ellos florecidos. En las ostras abiertas se distinguen claramente la parte comestible y blanda y la dureza de la concha; en ambas, Meléndez emplea toques de tierras, blancos y negros que logran transmitir tanto la sensación viscosa del molusco y la rudeza de las valvas. La media docena de huevos dispuestos sobre el plato de loza blanca constituye un auténtico estudio de la luz sobre las cáscaras.

Detrás, un perol de cobre aparece inclinado gracias a un pequeño cuenco de loza invertido que actúa como cuña; al fondo, una jarra se cubre con un fragmento de loza decorada apoyado en el borde y sobre un mango de madera que sobresale. La mesa de cocina apenas se percibe, saturada de objetos diferenciados y realzados por un foco de luz que penetra desde la izquierda, evidenciando las calidades de sus superficies. El artista diferencia las materias con las que están fabricados los recipientes mediante el color, la pincelada y la iluminación que incide sobre ellos. Distingue entre barro y metal, y dentro de estos, el tratamiento varía según se trate de hierro, hojalata, plata, cobre o bronce. Destacan especialmente las luces en el interior del perol y la magistral representación del bronce batido, con asas de hierro fijadas mediante remaches de cobre.

Meléndez concibe una composición cuidadosamente pensada y resuelta sobre una preparación de tierra roja. El ajuste del fondo a los cacharros situados en último término deja un fino halo en torno a ellos, resultado del filo de la preparación roja que queda sin cubrir al encajar objeto y fondo, visible de manera clara en el perfil del puchero de barro. El artista pinta los contornos de los cacharros y las ostras del plano posterior, logrando que se recorten y destaquen sobre la pared.

Las luces y las sombras aparecen perfectamente definidas, como las que proyectan las ostras y los dientes de ajo sobre la mesa, o los huevos unos sobre otros y sobre la fuente. El plato con los huevos introduce una intensificación lumínica en la esquina derecha. Con una mayor proporción de blanco de plomo, Meléndez trabaja los huevos superpuestos, aprovechando los huecos entre ellos y aplicando pinceladas suaves que integran la materia pictórica y generan la fina textura de la cáscara. En las zonas de luz intensifica el relieve sin perder la delicadeza de la superficie, finalmente matizada mediante veladuras amarillas. Las pinceladas de sombreado le permiten, además, corregir el desarrollo del fondo del plato.





El pintor intensifica el naturalismo mediante toques de bermellón, con los que dota de volumen y carnosidad a las ostras. Las pinceladas, libres y multidireccionales, recrean la aspereza exterior —con algas y concreciones calcáreas— en contraste con la tersura y el brillo nacarado del interior.

Meléndez cuida minuciosamente su técnica, lo que le permite alcanzar un elevado grado de naturalismo y una estética refinada. Los recursos técnicos del artista se manifiestan con claridad en esta obra, donde cada elemento ocupa un lugar preciso, incluso en los detalles más mínimos.

Los mismos ingredientes que Meléndez inmortalizó en el lienzo inspiran ahora una receta contemporánea.

Huevos cremosos con ostras al ajillo

Ingredientes (2 personas)

  • 6 ostras frescas
  • 3 huevos camperos
  • 3 dientes de ajo
  • aceite de oliva virgen extra
  • 100 ml de nata para cocinar
  • 1 chorrito de vino blanco seco
  • Sal marina y pimienta blanca
  • Unas gotas de limón
  • Cebollino o perejil para decorar

Preparación

  1. Abre las ostras con cuidado, reserva su jugo y separa la carne. Filtra el jugo y guarda las conchas más bonitas para emplatar.
  2. En una sartén pequeña pon aceite. Añade los ajos laminados y sofríelos lentamente hasta que estén dorados. Agrega las ostras, saltéalas 10-15 segundos por lado. Desglasa con un chorrito de vino blanco y el jugo de las ostras. Deja reducir un minuto.
  3. Bate los huevos con sal y pimienta. Cocina los huevos en una sartén a fuego muy bajo y un poco de aceite, removiendo constantemente. Cuando empiecen a cuajar, añade la nata poco a poco para mantenerlos cremosos.
  4. Montaje: Coloca una cucharada generosa de huevos en cada concha. Encima, una o dos ostras con su salsa de ajillo. Termina con un hilo del jugo reducido, unas gotas de limón y un toque de cebollino o perejil picado.

Elisabet Pegueroles es historiadora del Arte y apasionada de la gastronomía

 

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