Jecomur convirtió el domingo 8 de febrero en un rito colectivo donde el cocido tradicional se sirvió con cuchara de solidaridad y cada plato financiará el sueño de quienes más lo necesitan
El viento fresco de febrero acarició las mejillas de quienes formaron fila frente a las grandes ollas instaladas en la plaza Julián Romea mientras el aroma a garbanzos, gallina de corral y especias ancestrales se elevaba como incienso callejero.

Ayer domingo 8 de febrero, tras el aplazamiento forzado por la borrasca Francis en enero, la octava edición del Cocido Solidario organizado por Jecomur (Asociación de Jefes de Cocina de la Región de Murcia) se materializó en un acto de resistencia alegre donde la gastronomía y el compromiso social tejieron, bocado a bocado, una red de protección para los más vulnerables.
Galería fotográfica de la mañana solidaria. Fotos Joaquín Reyes.
Bajo la dirección emotiva de la periodista Eva Abril, quien guió la jornada con palabras que calentaban tanto como el caldo, más de treinta cocineros voluntarios —desde figuras consagradas hasta jóvenes promesas de los fogones regionales— removieron sin descanso los pucheros donde se cocinaba el alma de Murcia.

Dos mil raciones de cocido murciano, fieles a la receta tradicional y elaboradas con productos de proximidad, se sirvieron a cinco euros cada una, convirtiendo cada transacción en gesto de esperanza. Mientras algunos comensales degustaban el plato al aire libre, compartiendo conversaciones con desconocidos convertidos en compañeros de mesa, otros optaron por llevarse el recipiente humeante para disfrutarlo en la intimidad del hogar.
La recaudación íntegra del evento se destinará a Azul en Acción, ONG nacida en el seno de la Policía Local murciana en el año 2000 y hoy referente en cuatro frentes fundamentales: atención sanitaria a personas con enfermedades raras y crónicas; programas educativos de refuerzo y becas para quienes no pueden acceder a recursos básicos; empoderamiento femenino mediante formación y redes de apoyo psicosocial; e intervención directa con infancia vulnerable a través de desayunos garantizados, material escolar y campamentos terapéuticos que devuelven la infancia a quienes la perdieron demasiado pronto.
Más allá de las cifras, la jornada reveló la esencia del proyecto: en una plaza donde el frío invitaba a buscar refugio, cientos de murcianos eligieron permanecer al aire libre, no por obligación, sino por convicción.

Familias enteras, ancianos solitarios, jóvenes estudiantes y turistas sorprendidos por la espontaneidad del evento compartieron no solo un plato, sino la certeza de que la solidaridad no es un concepto abstracto, sino algo que cabe en una cuchara y se sirve con las manos. Como rezaba el lema elegido para la ocasión —«El caldo que une»—, cada sorbo trascendió lo meramente alimenticio para convertirse en símbolo de comunidad activa.
Con esta edición, Jecomur suma más de nueve mil raciones repartidas en ocho años de trayectoria ininterrumpida, consolidando el Cocido Solidario como uno de los actos benéficos gastronómicos más significativos del sureste español. Porque en Murcia, como demostró aquella mañana de febrero, el mejor ingrediente nunca ha sido el chorizo ni la morcilla: ha sido, es y será siempre el cariño con que se remueve la olla, sabiendo que cada cucharada servida construye un mundo ligeramente más justo. Y ese sabor, por fortuna, no tiene fecha de caducidad.


























