Venecia se viste de Carnaval y espera recibir a un millón de visitantes
Después de las máscaras, una oportunidad de visitar la belleza de las ciudades italianas sin grandes aglomeraciones
Por Helena Molero
Durante el mes de febrero hay en Italia turismo para todos los gustos. Coincidiendo con los Carnavales, Venecia se despereza del invierno, hace un paréntesis y la ciudad pone en marcha su gran metamorfosis para sus espléndidas fiestas de Carnaval, cuyas fechas clave son del 7 al 17 de febrero. La ciudad de los Canales espera alcanzar el millón de visitantes.
Las dos últimas semanas de febrero vuelve la tranquilidad a Venecia y Florencia. Lejos del turismo masivo, el invierno permite visitar otra Italia más íntima. Las ciudades dejan que el viajero observe, camine y se pierda por sus calles, admirando la belleza de sus monumentos. Tampoco hay urgencia ni prisa para saborear la rica cocina local en trattorias y osterías: establecimientos tradicionales que ofrecen la mejor pasta acompañada por vinos de Montepulciano o Chianti, típicos de La Toscana, o el rosado Chiaretto di Bardolino, (Véneto).

Durante el Carnaval Veneciano, la ciudad se transformará en un mágico escenario lleno de color, música y tradición. En esta edición la temática es “El asombroso viaje de Marco Polo”, rindiéndose homenaje a unos de sus más grandes viajeros. En los eventos más populares del Carnaval se incluye el desfile de apertura, la Festa Veneziana sull’acua y el espectáculo nocturno en Arsenale. Máscaras, trajes de época caracterizados por su elegancia y mucho misterio en la ciudad de Los Canales.

Durante la Edad Media, las máscaras venecianas se usaban durante el Carnaval pero pronto se convirtieron en parte de la vida cotidiana, ofreciendo anonimato y libertad en una sociedad sujeta a estrictas estructuras de clases. Máscaras como bautas, morettas, “Il dottore della peste”, y de la commedia dell’Arte convivieron durante siglos como símbolos de libertad y transgresión.

Las máscaras venecianas tradicionales están hechas de papel maché, cuero, porcelana, yeso y pan de oro. Y pintadas a mano por artesanos (maschereri), un oficio altamente cualificado. Desde el siglo XIII, estos artesanos tenían sus propios gremios y eran fundamentales para el anonimato durante el famoso Carnaval de la ciudad.

Napoleón Bonaparte, a partir de 1797, abolió el Carnaval. Los avatares históricos de Venecia hicieron olvidar su esplendor. En 1979 el carnaval fue restablecido oficialmente por la autoridad local y el Gobierno Italiano, y se recuperaron los desfiles de máscaras, concursos de disfraces y representaciones teatrales.
Los peligros de Venecia
Durante los Carnavales de este año, Venecia espera superar un millón de turistas hasta mediados de febrero. A finales de la década de los 70, los informativos anunciaban que se hundía Venecia por el efecto de la erosión de las aguas en sus cimientos después de tantos siglos. Esa noticia encogió el corazón de todos. Fuertes inversiones nacionales y mundiales consiguieron soluciones técnicas para lograr parar lo que habría sido un desastre para el patrimonio italiano y para el mundo. Ya no se hunde, al parecer. Al menos no a la vertiginosa velocidad que se esperaba. Ahora se dice que el turismo es el mayor peligro en una ciudad anclada en otros siglos, mientras viajeros de todo el mundo duplican la población del casco histórico durante la temporada alta.

Venecia: triunfo del hombre sobre el agua
“Venecia surge del agua gracias a hombres intrépidos que, huyendo de los bárbaros invasores, se trasladan desde la tierra firme hasta la superficie de tierra que se asoma desde la Laguna, asegura Distefano en su libro “Cómo nace Venecia”, (editorial Supernova). “La superpoblación imprevista de la Laguna ocasiona una escasez de espacio y la necesidad, no solo de defender del mar las islas habitadas, sino también de conseguir nueva tierra”. “Un esfuerzo enorme de defensa de la tierra robada al mar; un inmenso trabajo hidráulico”.
Una ciudad entre oriente y occidente
“La ciudad empieza a prosperar gracias a la sal para una emergente Venecia, como también lo serán las especias, una mercancía de intercambio para obtener vino, trigo y otros productos agrícolas. Venecia se desarrolla quedando posicionada entre Oriente y Occidente, hasta que se impone como potencia internacional fundando el Stato da Mar, que se extiende a lo largo del Adriático y del Jónico, hasta el mediterráneo y el Egeo, y hasta Constantinopla”, explica Distefano.

El Palacio Ducal, situado en la plaza de San Marcos, es uno de los símbolos del poder de Venecia y obra principal del gótico veneciano. Muestra la historia de los Dux o Dogos, máxima figura de poder en la ciudad. El Palacio Ducal reúne obras de Tiziano, Tintoretto, Tiépolo, El Bosco, Veronese o Carpaccio.

El teatro La Fenice, que renació de sus cenizas tras varios incendios, el último en 1996, por estos días rinde homenaje a María Callas, la soprano que vivió gran parte de sus éxitos operísticos en este teatro.

Plaza de San Marcos; al fondo el Museo Correr, que no debe perderse el viajero. Obras de Bellini, Antonello da Messina o Carpaccio. También obras del siglo XIX y XX. En este espacio, conmovedora imagen de un hombre casi ciego, acercándose a los cuadros para intentar apreciar levemente la belleza. Al final de la tarde, el ciego baja las escaleras casi apresuradamente con su bastón, con el deber doblemente cumplido de haber alcanzado la belleza que todos admiran y que a él tanto le cuesta apreciar.

Mercados, plazas y cementerios
El escritor Antonio Gala recomendaba que para conocer bien una ciudad había que visitar sus mercados, plazas y cementerios. La Plaza de San Marcos es el epicentro de una Venecia que empieza a mostrar el incremento de visitantes porque ya está aquí el Carnaval. El mercado presenta las frutas, a modo de bodegones multicolores, y el bullicio de los tenderos que vociferan las virtudes de sus productos, con el fondo inconfundible de los Canales.

Si tomamos el vaporetto camino de Murano, para visitar el Museo Nacional del Vidrio, dejamos atrás la isla de San Michele, llamada “La isla de los muertos”, donde están enterrados Stravinsky y Ezra Pound, entre otros artistas. Es el cementerio histórico de Venecia donde se encuentra también la iglesia San Michele in Isola (1469), la primera iglesia renacentista veneciana.

El esplendor del invierno
Viajar antes o después de Carnaval tiene su premio. Contemplar una ciudad que se balancea, tranquila. Vaporettos que comunican Venecia sin prisa. Gondoleros con gorros de invierno bajo su típico sombrero. Decadencia, ésa es la atmósfera que envuelve a la ciudad. Será La laguna, sus canales, o el esplendor de otros tiempos que se refleja para siempre en el agua a través de sus principales monumentos.

Venecia en pleno invierno: de pronto, la niebla; de pronto, el sol. La ciudad puede visitarse sin apreturas, tranquilamente, desafiando el clima, pero confiando en que nos ofrece su verdadero misterio. Ruta de la sal, ruta de la seda, Marco Polo, la deslumbrante basílica de San Marcos, el hipnótico color azul verdoso de sus aguas.
Emociones y obsesiones del viajero
El turista suele tener curiosidad sin límites, cierto ensimismamiento (de ahí los robos habituales) y una vulnerabilidad a flor de piel. Está a lo que está, a fotografiar como un poseso, a leer las guías; se olvida de sí mismo. De ahí lo terapéutico que resulta un viaje para la mente, que se enreda en el descubrimiento de la nueva ciudad y no existe nada más.
El mal de Stendhal quizá sólo ataca al regreso, cuando tanta belleza acumulada irrumpe ante el contraste de la vida cotidiana. Se dice que el célebre novelista francés empezó a sentirse mal en la basílica de la Santa Croce, en Florencia, quizá por la sobrecarga sensorial de tanta belleza artística que contempló durante su viaje por Italia. La Santa Croce es la iglesia franciscana más grande del mundo. Guarda en su interior las tumbas de Miguel Ángel, Galileo Galiei, Maquiavelo y Dante (aunque no reposan los restos de poeta). Al parecer, Dante estuvo exiliado, falleció en Rávena, y nunca más volvió a Florencia. Con el paso de los siglos, la ciudad quiso rendirle su particular homenaje con esta tumba vacía o cenotafio.

Florencia: El arte y las intrigas de Los Médici
El Palacio Vecchio fue símbolo del poder civil de los Médici, convirtiéndose en el escenario central de las intrigas, arte y secretos de la familia. Es también sede del Ayuntamiento de Florencia. La llamada Sala del Cinquecento es la más grande de Florencia.
En el Palacio Vecchio se pueden ver los aposentos y las obras renacentistas preferidas de Leonor Álvarez de Toledo (1522-1562), noble española, esposa de Cosme I de Médici. Fue duquesa de Florencia, conocida por su gestión financiera y mecenazgo. Aumentó enormemente la colección de pintura de los Médicis. Su padre, Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga, perteneció a la Casa de Alba.

La Venus de Botticelli, la más fotografiada
Florencia concentra el Renacimiento como pocas ciudades en el mundo. A pesar de la temporada baja, numerosos turistas esperan en torno al Duomo, las galería de Los Uffici y de La Academia.
La galería de los Uffici presenta el esplendor del arte renacentista. El Nacimiento de Venus, de Botticelli es el lienzo más fotografiado de la galería. También hay obras de Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, Tiziano, Fray Filipo Lippi, Fra Angélico, Piero della Francesca…
El Palazzo Pitti es el museo más grande de Florencia. Fue también la residencia de la familia Médici a partir del siglo XVI. Reúne varios estilos y épocas (Botticelli, Rafael, Tiziano, Rubens, Velázquez, El Greco, El Españoleto…). Y sus jardines (de Boboli) desde donde se aprecian preciosas vistas de Florencia, merece la pena visitar.
El Puente Vecchio
El Puente Vecchio es escenario inmortal de la historia de amor platónico entre Dante Alighieri y Beatriz Portinari. También es considerado el puente de piedra más antiguo de Europa (1345). Es también punto icónico para turistas y milla de oro de la joyería. A lo largo del puente se ubican numerosos establecimientos que muestran en sus escaparates cuidados diseños de oro y plata, aunque la verdadera joya para el viajero-turista está en el fondo de la tienda, desde donde se aprecia el Arno y otros puentes de la ciudad.

Helena Molero es periodista
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