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GASTROCRONICAS

Sabores de la Huerta: Cuando la tradición murciana se sienta a la mesa

Barracas centenarias y cocina de autor se dan la mano en las Fiestas de Primavera para reivindicar el legado gastronómico del Bando de la Huerta


 

La primavera ha vestido de verde y sabor la capital del Segura. Con motivo del tradicional Bando de la Huerta, celebrado esta semana en el marco de las Fiestas de Primavera, Murcia ha convertido sus plazas, jardines y restaurantes en escenarios vivos de una gastronomía que resiste al paso del tiempo sin renunciar a la innovación.

Dos espacios, aparentemente distintos pero unidos por el mismo espíritu huertano —las Barracas Huertanas y el restaurante Cucü Food Experience— han demostrado que la cocina murciana sabe dialogar con todas las generaciones.

Una cita previa con la tradición en Peña El Mortero

El lunes 6 de abril, un día antes del gran desfile del Bando, el Jardín Chino —frente al Hospital de la Cruz Roja— se llenó de aromas a leña, pimentón y tierra mojada.

Allí, en la peña El Mortero, el equipo del restaurante Cucü Food Experience, liderado por Javier Cadario y Antonio Reyes junto a Miguel, Fran y Brahian Matías, ofreció una experiencia gastronómica que funcionó como anticipo festivo.








La jornada rindió homenaje a los platos que han alimentado generaciones de huertanos: zarangollo recién hecho, ensalada murciana con tomate de la tierra, michirones con su toque picante, salchicha y longaniza a la brasa, morcillas artesanales y patatas asadas con ajo.

Cada bocado contaba una historia; cada plato, una forma de entender la vida en la huerta.

El día grande: menú huertano con sello contemporáneo

Cuando llegó el Día Grande de las Fiestas de Primavera, el restaurante Cucü, ubicado en la calle Marengo (barrio de Santa Eulalia, junto a la Plaza José María Falgas), abrió sus puertas a un público que abarrotó el local. El menú especial del Bando de la Huerta fue un ejercicio de equilibrio entre memoria y creatividad:

Para comenzar, una tabla de embutidos murcianos, marineras y morcilla de olla dio la bienvenida. En el centro de la mesa, el tomate partío con aceitunas, el zarangollo y el pan con pimentón compartieron protagonismo. Como plato principal, dos arroces emblemáticos: arroz con costillejas y arroz con verduras, cocinados con la paciencia que exige la buena cocina. Y para el final, el broche de oro: paparajotes crujientes acompañados de café de puchero, ese que huele a infancia y a domingo en familia.

Las barracas: el corazón popular de la fiesta

Mientras los restaurantes ofrecían sus propuestas, las 39 barracas huertanas —una más que el año pasado— tomaban el pulso a la ciudad. Distribuidas entre sedes de peñas, plazas y jardines, estos establecimientos de chamizo no solo recrean una imagen de antaño, sino que activan los sentidos con aromas que viajan en el tiempo.

Este año, los comensales han notado una ligera rebaja en la cuenta final, gracias a la supresión del recargo del 10% por servicio en mesa, lo que compensa parcialmente la subida general de precios en torno al 8%. El resultado: una bajada neta aproximada del 1% en el ticket medio, un gesto que refuerza el carácter accesible y popular de esta cita gastronómica.

Detrás de cada barraca hay semanas de preparación: montaje, compras a proveedores locales, coordinación de equipos y, sobre todo, transmisión de saber. En las cocinas, las mujeres más veteranas de las peñas elaboran las recetas «a ojo», sin manuales, catando y ajustando al fuego lento. A su lado, nuevas generaciones aprenden el oficio: pelando patatas, troceando carne, untando sobrasada o preparando los postres. Así se escribe, día a día, la continuidad de una tradición.

Un puente entre lo rural y lo urbano

La coincidencia este año de propuestas como las de Cucü Food Experience con el ecosistema de las barracas ha permitido tender puentes entre la cocina de autor y la gastronomía popular. No se trata de competir, sino de complementarse: mientras las barracas preservan el ritual colectivo de comer en comunidad bajo el chamizo, restaurantes como Cucü reinterpretan esos mismos ingredientes con técnicas contemporáneas, sin traicionar su esencia.

Ambas apuestas tienen un denominador común: poner en valor los productos de la huerta murciana —tomates, pimientos, judías, arroz, cítricos— y las recetas que los han hecho inmortales. En un momento en que la gastronomía busca raíces y autenticidad, Murcia responde con una oferta que no solo alimenta el cuerpo, sino que nutre la identidad.

Las Fiestas de Primavera cierran este capítulo, pero el sabor perdura. Porque cuando la huerta se sienta a la mesa, no solo se come: se recuerda, se comparte y se celebra la vida. Y eso, en Murcia, es siempre motivo de fiesta.









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