InicioGastroEntrevistasMalú Ortega: "Murcia no vende cenas, vende noches que se recuerdan toda...
GASTROCRONICAS

Malú Ortega: «Murcia no vende cenas, vende noches que se recuerdan toda la vida»

La productora mexicana que está vistiendo la huerta murciana de lujo sostenible y llevando el caldero, la marinera y el Monastrell a las embajadas de Palm Beach, Dubái y Mónaco


 

Llegó de México con la misión de demostrar que el verdadero lujo no se fabrica en laboratorios de mármol, sino que nace de la tierra cuando alguien tiene el valor de contarla sin filtros. Malú Ortega lleva más de dos años tejiendo puentes sensoriales entre Murcia y el mundo, convencida de que un paparajote puede emocionar tanto como un vestido de alta costura y que el vino de Jumilla merece brillar en las mismas mesas que los grandes Burdeos.

En esta entrevista exclusiva para LasGastrocronicas.com, la productora de Chef & Golf Madrid 2025 y de los almuerzos benéficos en The Breakers Palm Beach desvela su fórmula para convertir la huerta europea en destino de lujo internacional: «Deja de vender platos, vende territorio«.

Con la misma pasión con la que defiende que la marinera es un icono mundial sin descubrir, Malú nos invita a un viaje donde la gastronomía murciana se viste de gala sin perder el alma, donde el caldero del Mar Menor dialoga con la alta costura y donde cada limón cuenta una historia que el mundo está esperando escuchar.

Su veredicto es claro: «Murcia no necesita copiar. Necesita subir a la pasarela con su huerta, su mar y su verdad«.

DEDICATORIA

_A http://LasGastrocronicas.com, por dar voz a quienes cocinamos historias.

A Murcia, por enseñarme que el lujo más grande es la verdad de la tierra.

A cada agricultor, pescador, chef y artesano que me presta su alma para llevarla al mundo.

Y a la marinera, por recordarme que en lo pequeño cabe un país entero._

Gracias por dejarme contar Murcia sin filtros.

Malú Ortega

BLOQUE I: Lujo, identidad y territorio

-Malú, usted ha participado en eventos de alta gastronomía como Chef & Golf Madrid 2025. ¿Qué elementos diferencian a la gastronomía de lujo española en el panorama internacional y qué papel puede jugar Murcia en ese escenario?

-La gastronomía de lujo española se diferencia por tres pilares que no se pueden replicar: producto, territorio y emoción.

Primero, el producto. Tenemos una despensa privilegiada: aceite de oliva virgen extra de autor, atún rojo de almadraba, jamón ibérico de bellota, azafrán, quesos con D.O. y vinos que ya compiten de tú a tú con cualquier región del mundo. No es lujo por el precio, es lujo por la verdad del origen.

Segundo, el territorio. En España el chef no solo cocina, cuenta una historia. La alta cocina aquí está ligada al paisaje, a la huerta, al mar, a la memoria. Eso da un relato que el cliente internacional valora muchísimo porque busca experiencias, no solo platos.

Y tercero, la emoción. Eventos como Chef & Golf Madrid 2025 me demostraron que el lujo hoy es cercano. El comensal quiere ver al chef, entender el proceso, compartir la mesa. España ha sabido humanizar el lujo sin perder excelencia técnica.

¿Y Murcia? Murcia tiene todo para ser protagonista. Somos la huerta de Europa, pero con alma mediterránea. Nuestro limón, la flor de sal, el pimentón, las frutas de hueso, los salazones, el arroz de Calasparra y nuestros vinos de Jumilla, Yecla y Bullas son joyas que el mundo de la alta gastronomía está empezando a descubrir.

Murcia puede jugar un papel clave como laboratorio de lujo sostenible: producto de kilómetro cero, temporada real y chefs que trabajan con agricultores. Si logramos proyectar esa autenticidad con estrategia, Murcia no solo acompaña al lujo gastronómico español, lo lidera desde su esencia.

-Desde su experiencia en más de 20 países, ¿qué similitudes o conexiones ha detectado entre la cultura gastronómica murciana y otras tradiciones culinarias de Oriente, Latinoamérica o Europa con las que ha trabajado?

-Viajar me enseñó que Murcia es más universal de lo que parece. La primera conexión es con Oriente: nuestra forma de usar el limón, la almendra, el arroz y las especias me recuerda muchísimo a Líbano y Marruecos. El zarangollo tiene alma de shakshuka. El paparajote es primo hermano de los dulces fritos con miel y cítricos que encuentras en Estambul. Compartimos esa herencia árabe de cocina perfumada, de contraste dulce-salado y de hospitalidad en la mesa.

Con Latinoamérica el vínculo es emocional. En Perú, México y Colombia encontré la misma devoción por la huerta y el producto de cercanía que tenemos en Murcia. El ají peruano y nuestro pimentón juegan el mismo rol: dar identidad. El ceviche y nuestros salazones hablan de cómo el mar cura y transforma. Y algo clave: allá y aquí la comida es familia. Se cocina para compartir, no para impresionar.

Con Europa la conexión es técnica y de respeto al origen. Italia y Francia entienden como nosotros que un tomate tiene que saber a tomate. La cocina de la Provenza, con su aceite, su ajo y sus hierbas, podría ser de la Vega del Segura. Con España del norte compartimos el culto al producto, pero Murcia aporta luz. Somos el Mediterráneo sin complejos: color, acidez, alegría.

Al final, Murcia es un puente. Tiene raíz árabe, corazón latino y disciplina europea. Por eso cuando llevo nuestros chefs fuera, la gente no lo siente ajeno. Lo siente honesto.

-Como estratega de marketing con base en Murcia, ¿qué claves recomienda a los profesionales de la hostelería local para posicionar sus propuestas en mercados de lujo como Dubái, París o Miami?

Tres claves, y ninguna es tener más dinero:

1. Deja de vender platos, vende territorio. En Dubái no compran una ensalada, compran el sol de Murcia. En París no quieren otra estrella Michelin, quieren la historia del agricultor que te trae los tomates. Documenta tu origen: fotos de la huerta, del pescador, del secadero de pimentón. El lujo hoy es trazabilidad con alma.

2. Alianzas antes que publicidad. Un solo evento bien hecho en Miami con un chef local reconocido te abre más puertas que 6 meses de anuncios. Busca a los “embajadores”: diseñadores, hoteleros, prensa y fundaciones. Yo metí a Murcia en Palm Beach gracias a RDK Melanoma, no a una feria. El propósito vende más que el precio.

3. Calidad sin complejos, pero con código internacional. Mantén tu esencia, pero adapta el formato. Si vas a París, tu carta en francés perfecto y servicio impecable. Si vas a Dubái, entiende el halal y el calendario. Si vas a Miami, piensa en brunch y en lo visual para Instagram. Murcia no tiene que disfrazarse, tiene que traducirse.

Y una extra: creételo. El cliente de lujo huele la inseguridad. Si tú no presumes de tu limón, tu caldero y tu vino de Jumilla, no lo hará nadie por ti.







BLOQUE II: Experiencia, fusión y emoción

-Su trayectoria vincula moda, turismo y gastronomía. ¿Cómo imagina una experiencia sensorial que fusione la alta cocina murciana con el diseño textil o las pasarelas internacionales?

-Yo lo llamo “Coser y Cocinar”: una experiencia donde la pasarela se come y el plato se viste.

Lo imagino así: un desfile en una finca de limoneros de Murcia al atardecer. Cada salida de la colección está maridada con un pase gastronómico. Si el vestido es de seda cruda en tonos tierra de Calasparra, el chef sirve un arroz con denominación de origen en vajilla artesana de Totana. Si la pieza lleva bordados inspirados en la flor del azahar, en mesa llega un postre de paparajote deconstruido con helado de azahar y piel de limón confitada.

La fusión es total:

1. Vista: La gama cromática del plato replica la paleta del diseñador. El mantel, la vajilla y hasta la luz son parte de la dirección de arte.

2. Olfato: Perfumamos el espacio con romero, tomillo y limón murciano, las mismas notas que el chef usa en su cocina. El perfume de la sala es comestible.

3. Oído: Mientras desfila la modelo, un productor cuenta en audio cómo curó ese atún de salazón o cómo se seca el pimentón. La banda sonora es la historia del producto.

4. Tacto: Los invitados tocan los textiles antes de probar el plato. Lino de Lorca que evoca la textura de una lubina a la sal. Seda que recuerda a un caldo sedoso de caldero.

5. Gusto: Cada bocado es un look. Cierras los ojos y sabes qué diseñador estás “probando”.

Ya lo probamos en pequeño en The Breakers Palm Beach: el lujo no fue el mantel, fue sentir que Murcia se podía vestir y comer al mismo tiempo. Mi sueño es llevar este formato a Mónaco, Dubái y New York Fashion Week. Que el mundo entienda que una marinera murciana puede ser tan icónica como un Little Black Dress, y que un vino de Jumilla marida con alta costura sin pedir permiso.

Murcia no necesita copiar. Necesita subir a la pasarela con su huerta, su mar y su verdad. Eso es lujo sensorial del siglo XXI.

-Ha trabajado con chefs, diseñadores y marcas de salud en un mismo evento. ¿Cuál es la clave para que mundos tan distintos dialoguen en la mesa sin perder identidad?

-La clave es el propósito. Cuando todos reman hacia una causa, como la prevención del melanoma con RDK Melanoma, los egos se bajan y las identidades se suman.

Mi trabajo es ser traductora: le explico al diseñador que el emplatado también es textura y color, al chef que la pasarela es ritmo y tiempos, y a la marca de salud como ISDIN o Tampa General que su mensaje no es un logo en el photocall, es parte del guión.

No fuerzo fusiones. Busco puntos naturales: un protector solar en el welcome kit si el almuerzo es al aire libre, un menú antiinflamatorio si el evento es de bienestar, un vestido inspirado en la flor del limonero. Cuando cada uno aporta desde su verdad, nadie pierde identidad. Al contrario, todos brillan más.

-Usted afirma que «no vendemos cenas, vendemos noches». Aplicado a la restauración murciana: ¿qué ingredientes —más allá del plato— son imprescindibles para transformar una comida en una experiencia memorable para el visitante internacional?

-El plato es solo el 30%. El 70% restante son ingredientes emocionales. Para Murcia, yo exijo 5 imprescindibles:

1. El recibimiento: Que no te reciba un QR. Que te reciba alguien que te mira a los ojos y te dice “bienvenido a mi tierra”. El lujo internacional está harto de tablets. Quiere humanidad. En Murcia sabemos darla.

2. El sonido ambiente: Elimina el reguetón de fondo. Pon el sonido de la huerta: cigarras, agua, viento entre limoneros. O una guitarra española en directo, bajita. Que el oído viaje antes que el paladar.

3. El tiempo murciano: No metas prisa. El visitante de París o Nueva York viene estresado. Aquí el lujo es la sobremesa. Alarga la experiencia. Sirve un té de hierbas de la zona al final. Regala tiempo. Eso no se olvida.

4. El tacto: Mantelería de lino de Lorca, vajilla de barro de Totana, cubertería que pese. Que las manos recuerden Murcia. El turista de Dubái ha tocado oro. Sorpréndele con la rugosidad de nuestra tierra.

5. La despedida con historia: No des la cuenta y ya. Regala un detalle: una ramita de romero, una mini botella de AOVE, una tarjeta con la receta del plato firmada por el chef. Y cuenta una historia en 20 segundos: “Este romero lo cortó mi abuelo esta mañana”. Eso convierte una cena en una noche. Y una noche en un motivo para volver.

En Murcia no competimos por estrellas. Competimos por recuerdos. Y eso, cuando lo entiendes, no tiene competencia.

BLOQUE III: Proyección internacional y futuro

-Usted trabaja con embajadas y alianzas empresariales. ¿Existen oportunidades reales para que productos de la Región de Murcia —como el vino, el aceite o los ingredientes de la huerta— formen parte de eventos gastronómicos internacionales bajo su coordinación?

-Existen y ya las estamos creando. Las embajadas y cámaras de comercio buscan exactamente lo que Murcia tiene: producto con identidad, historia y precio competitivo frente a Italia o Francia.

Te doy casos concretos que estoy coordinando para 2026-2027:

1. Vino de Jumilla, Yecla y Bullas: Hay interés real en catas maridadas en Washington y Mónaco. El mundo del lujo está cansado de los mismos Burdeos. Buscan nuevas regiones con relato. Nuestros monastrell son la respuesta.

2. AOVE murciano: Las semanas gastronómicas de embajadas en Dubái y Singapur piden aceite de autor para showcookings. No quieren volumen, quieren ediciones limitadas con storytelling de almazara familiar.

3. Ingredientes de la huerta: Pimentón de La Vera ya lo conocen. El de Murcia, ahumado con leña de encina, es el siguiente. Lo estamos metiendo en menús de galas benéficas en Palm Beach y Londres. Igual con la flor de sal del Mar Menor y el limón: chefs con estrella los piden para dar “acidez mediterránea real”.

La clave es que no voy con un catálogo. Voy con una experiencia. Meto el producto dentro de un desfile, un almuerzo benéfico o una cena en embajada. Así el comprador internacional no ve una botella, ve Murcia servida en copa.

Así que sí: hay oportunidades, pero hay que salir a buscarlas con estrategia, no esperar en la feria. Yo pongo la pasarela. Murcia tiene que poner el producto y creerse que merece estar ahí.

-La innovación textil que investiga en la UNMSM tiene paralelismos con la innovación culinaria. ¿Cree que la gastronomía murciana está aprovechando suficientemente la investigación y la academia para evolucionar sin perder esencia?

-No, todavía no. Y ahí está nuestra gran oportunidad.

En la UNMSM veo cómo la ingeniería textil usa nanotecnología para crear tejidos que respiran, que protegen del sol, que no pierden color. No traicionan la alpaca ni el algodón: los hacen eternos. En gastronomía debería pasar igual.

Murcia tiene a la UCAM, el IMIDA, el CEBAS-CSIC y una generación de chefs brutal. Pero muchas veces academia y cocina van por caminos separados. El chef innova por intuición, el investigador publica en papers que nadie lee en sala.

¿Qué falta? Traductores. Falta que el investigador se siente en la cocina de El Celler de Can Roca murciano, y que el chef entre al laboratorio a entender qué pasa con un limón liofilizado o con la oxidación del pimentón.

La esencia no se pierde por investigar. Se pierde por copiar. Si usamos la ciencia para entender mejor por qué el caldero del Mar Menor emulsiona así, o cómo conservar la flor de sal sin que se apelmace, estamos protegiendo la tradición. Innovar es respetar.

Murcia debe crear su propio “Ferran Adrià + Alicia” pero con caldero y paparajote. Laboratorio y huerta, juntos. Eso sí es evolución sin traición.

-En eventos como FITUR o Global Fashion Gallery, la gastronomía suele ser un embajador cultural clave. ¿Qué relato gastronómico de Murcia le gustaría contar al mundo si tuviera la oportunidad de diseñar una experiencia «marca país»?

-Si me dan FITUR, yo no pongo un stand. Pongo “Murcia: La Huerta Que Viste y Alimenta al Mundo”.

Mi relato tiene 3 actos, como un desfile:

Acto 1: El Origen. El visitante entra a un invernadero inmersivo. Huele a tierra mojada, a limonero, a romero. Pantallas con agricultores reales, no modelos. Suena el agua de una acequia. En el centro: una mesa de 20 metros hecha con madera de limonero. Aquí cuento que somos la huerta de Europa desde hace siglos. Sin complejos.

Acto 2: El Mar y La Sal. Pasamos a una sala blanca, sonido de olas. Una pasarela de sal del Mar Menor. Mientras desfilan piezas de diseñadores murcianos inspiradas en las encañizadas, se sirve un viaje de salazones: hueva, mojama, bonito. Maridados con vinos de Jumilla servidos por los propios bodegueros. Aquí cuento que los fenicios ya comerciaban con esto. Somos Mediterráneo antes que marca.

Acto 3: El Futuro. Terminamos en una “cocina-laboratorio” abierta. Jóvenes chefs de la UCAM cocinan en directo con investigadores del IMIDA. Un caldero hecho con arroz de Calasparra cultivado con 30% menos agua. Un postre de paparajote con harina de almendra texturizada. Aquí cuento que tradición no es pasado. Es ciencia con alma.

El claim: “Murcia no decora platos. Alimenta al mundo desde el origen”. Eso es marca país. No vendes turismo, vendes verdad.

-Mirando hacia el futuro: ¿Qué proyecto gastronómico, ya sea en Murcia o en colaboración internacional, le ilusiona desarrollar en los próximos años y por qué cree que podría marcar la diferencia?

Me ilusionan dos, y van de la mano. El primero es “Murcia Origen: Embajadas Itinerantes”. Quiero llevar la huerta murciana dentro de las embajadas de España en Miami, Mónaco, Dubái y Singapur. No con ferias, sino con cenas de 20 personas donde el menú lo firman un chef murciano joven y un chef local con estrella. Productor, diseñador y bodeguero murciano sentados a la mesa contando su historia. ¿Por qué marca la diferencia? Porque no exportamos producto: exportamos relaciones. El día que un jeque pruebe un vino de Jumilla contado por el nieto del bodeguero, mientras una modelo lleva un vestido inspirado en la flor del limonero, Murcia deja de ser “una región más” para ser “la región que me emocionó”.

El segundo es “Laboratorio Huerta” en Murcia: un espacio físico donde ciencia, cocina y moda trabajen juntas. Investigadores del IMIDA, chefs de la UCAM y diseñadores textiles creando juntos. ¿Un ejemplo? Textiles hechos con deshecho de hoja de limonero y un menú degustación que usa esas mismas hojas para ahumar. ¿Por qué es diferente? Porque el mundo está lleno de restaurantes. Pero no hay ningún lugar donde te comas la investigación y te vistas con la huerta. Murcia puede ser la primera. Ese es mi sueño: que en 2030 digan “el lujo sostenible nació en una finca murciana”.

BLOQUE IV: En primera persona

-¿Cuál es su opinión sobre la gastronomía murciana, qué platos ha probado y cuáles son sus preferidos?

Mi opinión es clara: la gastronomía murciana es la gran tapada del lujo español. No necesita inventarse nada. Solo necesita contarse mejor. Tiene producto, tiene técnica y, sobre todo, tiene alma. No es pretenciosa. Es real. Y eso hoy vale oro.

He probado mucho, porque cada vez que piso Murcia como hasta que no puedo más. Pero si tengo que quedarme con mis imprescindibles:

1. El caldero del Mar Menor: Es el arroz más honesto que he comido en mi vida. No lleva azafrán para impresionar. Lleva ñora, pescado de roca y el genio de quien sabe el punto exacto del socarrat. Me recuerda que el lujo es saber hacer mucho con poco.

2. La marinera: Ya lo dije, es un icono mundial esperando a que la descubramos nosotros primero. Crujiente, cremosa, salada. Es el bocado perfecto. En Palm Beach la serví con atún rojo y voló.

3. Zarangollo: Me emociona porque es huerta en estado puro. Calabacín, cebolla, huevo. Nada más. Y te transporta a una casa de la Vega del Segura en agosto. Eso no se fabrica.

4. Paparajote: Es el postre más poético que conozco. Te comes la hoja, no la hoja. Es perfume, es juego, es infancia. En Mónaco lo hice deconstruido y la gente lloró.

5. Quesos de cabra y vinos de Monastrell: El maridaje que siempre me llevo a catas internacionales. Porque demuestran que Murcia no es solo huerta: es secano, es montaña, es carácter.

Mi plato favorito cambia con mi estado de ánimo, pero si tengo que elegir uno para explicar Murcia al mundo, elijo la marinera. Porque en tres bocados cuentas nuestra historia: pan de pueblo, ensaladilla de casa y anchoa de mar. Murcia es eso: tierra, casa y mar. Sin filtros.








Lo más leido