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GASTROCRONICAS

Adiós a José Fuertes: El hombre que convirtió el cuchillo de su padre en bandera de Murcia

Artífice de un imperio nacido en una charcutería alhameña, dejó el fogón a los 89 años tras tejer empleo, identidad y orgullo murciano durante siete décadas


 

La madrugada del miércoles 18 de febrero se apagó en Alhama de Murcia una de las llamas más constantes del tejido productivo regional. José Fuertes Fernández, alma mater del Grupo Fuertes y arquitecto silencioso de uno de los mayores éxitos empresariales nacidos en suelo murciano, falleció a los 89 años tras una vida entregada al trabajo con la misma humildad con la que su padre, Antonio Fuertes, abrió en 1935 una modesta charcutería en la Plaza del Pozo Concejil. Aquel mostrador de madera, donde se cortaba jamón para el vecindario, se transformaría bajo las manos de José y sus hermanos Tomás y Juana en un referente agroalimentario de proyección europea, sin que jamás perdiera el aroma a tierra de su Alhama natal.

Nacido en el seno de una familia de comerciantes, José asumió las riendas del negocio familiar en 1954 con una visión clara: modernizar sin renunciar a la esencia. Mientras España despertaba de la posguerra, él apostó por la industrialización responsable del sector porcino, convirtiendo a ElPozo Alimentación en estandarte de innovación y calidad. Paralelamente, impulsó el crecimiento de Cefusa, consolidando un modelo empresarial integrado que generaría empleo estable para miles de familias en una región históricamente marcada por la emigración. Su impronta trascendió los fogones: vicepresidencia en Ibermutuamur, presencia en consejos financieros, gestión inmobiliaria y dirección estratégica de un holding que hoy abarca múltiples sectores, siempre con la mirada puesta en el territorio que le vio nacer.

Pero quienes le conocieron destacan que su mayor logro no fue construir un imperio, sino hacerlo sin perder la sencillez del charcutero de barrio. Vestía chaqueta sport en lugar de traje, prefería el trato directo al protocolo y mantenía, hasta el último día, el hábito de pasear por las calles de Alhama saludando a vecinos como si el tiempo no hubiera transcurrido desde que jugaba en aquella plaza donde su padre instaló el primer mostrador. Casado, padre de cinco hijos y abuelo de nueve nietos, supo tejer una vida donde la familia y el trabajo caminaban de la mano, sin jerarquías artificiales. Amigo fiel, curioso incansable y devoto de las fiestas patronales de su pueblo, llevaba el nombre de Alhama cosido al alma: cuando viajaba por Europa para cerrar acuerdos comerciales, siempre añadía tras su firma «de Alhama de Murcia».







En 2015, el Ayuntamiento de su localidad le otorgó junto a sus hermanos la distinción de Hijo Predilecto, un reconocimiento unánime que celebraba no solo su dimensión empresarial, sino su compromiso con el bienestar colectivo. «Siempre llevó el nombre de Alhama allí donde fue», recordaría días después la alcaldesa Rosa Sánchez, mientras el presidente regional Fernando López Miras definía su figura como «bandera de nuestra tierra en el mundo». El deporte murciano también le rindió tributo: esa misma tarde, el Palacio de los Deportes de Murcia guardó un minuto de silencio antes del partido de ElPozo Murcia FS contra el Barça, homenaje a quien fuera principal valedor del club y del humilde Alhama CF ElPozo.

La capilla ardiente, instalada en el tanatorio municipal de Alhama, recibe a cientos de personas: trabajadores con lágrimas en los ojos, políticos que reconocen su legado, vecinos que recuerdan sus gestos cotidianos de generosidad. La misa funeral, se celebrará el jueves 19 en la Iglesia de San Lázaro, será un acto de gratitud colectiva hacia quien demostró que el éxito no está en acumular, sino en multiplicar: empleo, oportunidades, orgullo de pertenencia.

José Fuertes no inventó nada extraordinario; simplemente supo que las cosas bien hechas, con constancia y arraigo, terminan por cambiar el destino de una tierra. Y en eso, hasta el último suspiro, fue maestro indiscutible.









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