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GASTROCRONICAS

Adiós a Paco, el alma del Alfonso X

El hostelero deja un legado de tradición y sabor en la gastronomía murciana


 

La hostelería murciana despide a una de sus figuras más emblemáticas. Francisco García Hernández, conocido cariñosamente como Paco del Alfonso, ha fallecido a los 74 años, dejando tras de sí un legado de trabajo, pasión y compromiso con la cocina tradicional, según publica Antonio Botías en La Verdad.

Desde su Valladolises natal, Paco llegó a la capital murciana en los años 60 con la intención de abrirse camino en la hostelería. En 1973, junto a su inseparable socio Ginés Giménez, dio vida al legendario Café Manhattan, un pequeño local de apenas 48 metros cuadrados en la avenida Alfonso X. Lo que comenzó como un modesto establecimiento pronto se transformó en el Restaurante Alfonso X, un referente gastronómico de la ciudad, con 800 metros cuadrados de salones, terrazas y una cocina que rendía homenaje a los sabores murcianos.



El Alfonso X se convirtió en punto de encuentro de personalidades y ciudadanos que disfrutaban de su cocina, donde destacaban especialidades como la carne de vaca vieja, el cocido con pelotas de «la Tía Catalina» y las patas de cordero. En sus salones se celebraron tertulias, programas de radio y reuniones que marcaron la vida social y cultural de Murcia.

Adiós a Paco, el alma del Alfonso X.

A pesar de su éxito empresarial, Paco siempre destacó por su humildad y carácter afable. Amante del Mar Menor y apasionado de las tradiciones, fue también un histórico Cabezudo del Entierro de la Sardina, fiesta que vivió con intensidad a lo largo de los años. Su pérdida deja un profundo pesar entre familiares, amigos y clientes que lo recuerdan con cariño y admiración.

En su despedida, muchos brindaron en su honor con buen vino y jamón, recordando su espíritu generoso y la alegría que siempre compartió. Hoy, la hostelería murciana pierde a un referente, pero su legado seguirá vivo en cada plato servido con pasión y en cada rincón del Alfonso X, donde su esencia permanecerá imborrable.

Paco, guárdanos un roalico, allá donde estés.




 


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