Por Manuel Segura Verdú
Naturalmente que siempre hubo diferencia entre tomarse un gin-tonic allí o en cualquier otro sitio de la ciudad. Aunque la ginebra y la tónica tuvieran la misma etiqueta y marca. O los cubitos, que duraban más que esos dos peces de hielo en un ‘whisky on the rocks‘ que cantaba Sabina. Solo había que comprobar la profesionalidad y la vestimenta de sus camareros.

Cuando la moqueta dejó de llevarse por cuestión de modas, en Parlamento Bar se mantuvo como rasgo diferenciador respecto a otros locales.
Su decoración en madera, sus sillones y sus mesas estaban acorde a su idiosincrasia singular, nacida de la iniciativa de unos jóvenes emprendedores que quisieron traer hasta la capital del Segura algo que se asimilara al más puro espíritu ‘british’.
Hay establecimientos que, al cerrar por última vez su persiana, cierran también un capítulo definitivo en nuestras vidas. Por las veces que en ellos estuvimos, los recuerdos que eso nos trae y por las personas que nos acompañaron en aquellas inolvidables tardes y noches de blanco satén.

Manuel Segura Verdú es padre, periodista y del Athletic
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