El restaurante molinense agotó sus dos plantas en una noche donde el wok de gambón y los calamarcitos en tinta sirvieron de preludio a un coro espontáneo de «Pájaros de barro» y «El baile de los que sobran»

Las mesas del restaurante La MariMorena —The New Tavern— temblaron suavemente al unísono cuando, entre bocado de brocheta de presa ibérica y sorbo de vino, más de un centenar de comensales entonaron el estribillo de «Como un burro amarrao» con la garganta llena de emociones y el paladar aún impregnado del sabor del chimichurri.

La noche del sábado 24 de enero se escribió en el calendario cultural de Molina de Segura como una de esas veladas donde la frontera entre público y escenario se desdibuja, y donde la gastronomía no acompaña a la música, sino que dialoga con ella en perfecta armonía.
LasGastrocronicas.com asistió a la cena musica para realizar esta amplia galería fotográfica:
Con sus dos plantas completamente abarrotadas —hasta el último rincón conquistado por familias, grupos de amigos y rostros conocidos como el del popular peluquero y presentador radiofónico Pepe Conesa—, el local situado en la avenida del Chorrico volvió a demostrar por qué se ha consolidado como templo de las cenas musicales en la Región de Murcia.

Bajo la dirección artística de su gerente, Ruppert García-Arias, y con la chef Juana Mari Ruiz al frente de los fogones, la propuesta «Tributo a Manolo García y El Último de la Fila» trascendió lo meramente gastronómico para convertirse en un acto de comunión generacional.
El menú, concebido como una partitura culinaria a 40 euros por comensal, desplegó su narrativa con precisión poética. El brioche de anchoas y mantequilla de trufa abrió el telón con elegancia marina; la ensalada de jamón de pato, queso brie, manzana verde, membrillo y nueces tejió un equilibrio entre lo dulce y lo salado que anticipaba las dualidades líricas del repertorio; el roll de sobrasada, miel y almendras aterrizó como guiño a la tierra; mientras que el wok de verduras del huerto con gambón y chili dulce y los calamarcitos al pesto de perejil sobre fideos en su tinta llevaron el Mediterráneo al plato con técnica depurada.

El clímax llegó con la brocheta de presa ibérica, chimichurri y chips de boniato —carne jugosa que evocaba los fogones de barrio—, antes de que el cremoso de amaretto y pera al chocolate negre cerrara la experiencia con una dulzura melancólica, casi garciana.
Mientras los platos se sucedían con ritmo pausado, sobre un escenario integrado en la sala, los músicos desgranaron un repertorio que viajó desde los primeros acordes de Ramiro hasta los versos desgarradores de Insurrección, pasando por Pájaros de barro, La canción de los oficios o El baile de los que sobran. No hubo silencios incómodos ni respetos protocolarios: desde el primer acorde, la sala se transformó en coro colectivo. Manos alzadas, palmas sincopadas y voces quebradas al entonar «no somos nada, no somos nadie» evidenciaron que, décadas después, las letras de Manolo García y El Último de la Fila siguen siendo bálsamo para heridas compartidas.

«No vendemos cenas, vendemos noches», suele repetir García-Arias. Y esta lo fue en estado puro: una velada donde treintañeros y cuarentones revivieron sus primeras decepciones amorosas y políticas, mientras jóvenes descubrían por qué aquellas canciones trascienden modas. Entre mesas, se compartieron historias susurradas al oído durante los interludios musicales; se brindó con vino tinto al grito de «¡qué grande es el amor!»; y en algún momento, incluso el servicio de sala —encabezado por la propia chef Juana Ruiz— se sumó al coro, demostrando que en La MariMorena la hospitalidad no es protocolo, sino complicidad.

Con esta propuesta, el restaurante molinense —que en noviembre ya vibró al ritmo de Estopa y que ha acogido desde flamenco hasta la visita íntima de la soprano Ainhoa Arteta— reafirma su apuesta por un modelo cultural único en el sureste español: donde la cocina de autor no se exhibe como fin, sino como puente hacia la emoción colectiva. Porque, como bien cantaba Manolo García, «hay quien vive para cantar y quien canta para vivir». Y en La MariMorena, esa noche, todos vivieron —y cantaron— como si no hubiera un mañana.
- 📍 La MariMorena – The New Tavern
- Avenida del Chorrico, 110 · Molina de Segura (Murcia)
- 📞 968 611 289 | 🌐 www.lamarimorenarestaurant.com
























