Donde la tierra mediterránea se sirve en plato: Kaïa -El Origen- renace como oasis gastronómico en el corazón del polígono del Cash Europa del Cabezo de Torres
Bajo paredes negras y sombrillas blancas, Ginés Campos López teje en Cabezo de Torres un refugio donde el arroz humea al amanecer y cada bocado recuerda que el origen sabe a aceite de oliva y pan recién horneado
El eco de los carritos de supermercado aún resonaba en el aire cuando las primeras gotas de emulsión de pesto cayeron sobre los caballitos. No era un guiño casual: aquellos diminutos vehículos de metal, transformados en soporte para mariscos, evocaban con ironía cariñosa el gigante comercial (Cash Europa) que alberga a Kaïa —el Origen—, el restaurante que desde el pasado 19 de diciembre de 2025 ha redefinido el concepto de «comer en polígono».

Porque aquí, entre naves industriales y camiones en tránsito, Ginés Campos López ha tejido un oasis donde la tierra —Gaia, en su versión griega más ancestral— late en cada plato con la fuerza de quien entiende que el Mediterráneo no es solo geografía, sino forma de estar en el mundo.
LasGastrocronicas.com visitó Kaïa para realizar esta amplia galería fotográfica:
La visita de LasGastrocronicas.com reveló un espacio de 250 metros cuadrados donde la modernidad dialoga con la calidez: paredes negras, suelos de cerámica imitando la madera, que enmarcan el ritual culinario, un reservado con sillones de terciopelo gris para veinticinco comensales, y una elegante y amplísima terraza abierta al cielo con sombrillas blancas que invitan a detenerse cuando el asfalto arde.

Pero el verdadero alma del lugar no reside en la decoración, sino en los fogones donde tres manos trabajan desde el alba. Ginés, artífice de esta propuesta y veterano de El Pasaje de Zabalburu, Pasaje de Belluga y El Pasaje Sobre Ruedas en San Pedro del Pinatar (este último, cerrado desde 2021), recoge personalmente el pan a las seis de la mañana; hornea tortillas de sobrasada con cebolla que se agotan antes del mediodía; y vigila cómo el arroz —de verduras, de costillejas, a banda— se convierte en rito diario que agota existencias sin excepción.

Aquella jornada, la barra se transformó en altar de pequeños milagros: marineras que evocaban el mar más cercano; croquetas de chuleta vieja coronadas con palomitas de torrezno que crujían como promesa de felicidad; y otras, de gamba roja, bañadas en emulsión verde que despertaba los sentidos.

El puerro a la brasa, tiznado con delicadeza y acompañado de salsa romesco y sal negra, precedió al calamar nacional cuya piel crujiente escondía una ternura casi imposible. Ese día probamos embutidos de Orihuela —salchicha y longaniza con personalidad propia—, aunque los embutidos habituales del local son ibéricos, dieron paso a las lentejas del día, humeantes y generosas, antes de que el postre cerrara el viaje: pan de Calatrava con nata casera y licor de coñac, tarta de queso elaborada en casa y la certeza de que, en Kaïa, hasta el café se sirve con la intención de quien sabe que el tiempo compartido es el ingrediente más escaso.
«No somos un restaurante de polígono al uso», afirmó Ginés entre servicio y servicio, mientras dos camareros atendían con precisión la sala. «Somos mucho más». Y lo demuestra en los números: menú del día con plato principal, ensalada, bebida y café por 10,50 euros; vinos con etiqueta propia —un tinto de Aranda de Duero y un blanco de Pontevedra— que dialogan con la cocina; y un horno de brasas donde pulpo y calamares adquieren una dimensión casi mística.

Pero sobre todo, lo demuestra en la filosofía: «Me gusta dar lo que yo quisiera que me dieran a mí», confesó el hostelero, cuya experiencia le ha enseñado que la hostelería industrial no está condenada a la mediocridad, sino a la falta de ambición.
Con horario de 06:45 a 19:00 de lunes a viernes —y hasta las 17:00 los sábados—, Kaïa se ha convertido en refugio para quienes madrugan con el sol y para quienes buscan, entre engranajes y logística, un rincón donde el tiempo se detiene frente a un plato de arroz humeante. Porque en este rincón del Cabezo de Torres, el nombre no es casualidad: Kaïa, con su diéresis que separa sílabas como quien separa el trigo de la paja, recuerda que todo lo bueno vuelve al origen.

Y el origen, aquí, huele a aceite de oliva virgen, a pan recién cortado y a la certeza de que, incluso entre naves industriales, la tierra sigue dando sus frutos a quien sabe escucharla. Basta con cruzar el umbral del edificio Cash Europa, salida 563, y dejarse mecer por el Mediterráneo que Ginés ha traído hasta la mesa. Sin artificios. Sin prisas. Con el alma bien puesta.

Kaïa teje su carta con pan recién horneado y brasas que hablan de tierra
En un rincón del polígono industrial donde el asfalto domina el paisaje, Kaïa —el Origen— despliega una carta que desafía los estereotipos de la hostelería de paso. Sin pretensiones de vanguardia ni precios que asusten al bolsillo, el restaurante de Ginés Campos López apuesta por lo esencial: producto de calidad, combinaciones reconocibles y una cocina hecha con el cariño de quien entiende que lo bueno no necesita artificios.

La jornada arranca con desayunos que honran la tradición mediterránea: media tostada de aceite y café por 2,50 €, o versiones más generosas como la tostada completa de jamón y tomate (3,70 €) o la de queso fresco (3,80 €). Los croissants, ensaimadas y bizcochos —todos a 2,50 €— comparten protagonismo con zumos naturales de naranja (2,20 €) y una batería de cafés que van desde el solo (1,20 €) hasta el carajillo o Belmonte (1,70 €), demostrando que el ritual matutino merece respeto incluso entre naves industriales.

Al mediodía, el Almuerzo Kaïa por 7 € se erige en propuesta inteligente: bocadillo a elegir —desde jamón y tomate hasta sobrasada con queso o serranito con lomo, jamón y pimiento— acompañado de aceitunas y bebida. Pero es en la barra donde late el corazón del local: las croquetas de chuletón y de gamba roja (2,50 € cada una), las marineras (2,30 €) y los caballitos (2,50 €) se agotan antes del mediodía, mientras las tablas de embutidos (16 €) y quesos (16 €) invitan a compartir entre risas y cañas de barril (2,40 €).

Donde el Mediterráneo se sirve sin complejos
Los platos principales revelan la vocación del horno de brasas: pulpo (26 €) y calamar nacional (24 €) tiznados con maestría; carnes que van desde la pluma ibérica (19 €) hasta el chuletón para dos (59 €); y pescados como la ventresca de atún rojo a la sal (38 €) o el bacalao con salsa de piquillo (22 €). Para quien busca contención, el plato del día con bebida cuesta 8,50 €; con ensalada y café, 10,50 €.

La bodega, con vinos de etiqueta propia —el tinto Pradomarina de Aranda de Duero (2,80 €/copa) y blancos como el Godello Merallo (16 €/botella)—, dialoga con cavas como el Roxanne (22 €) y una selección de Ribera del Duero y Rioja que ronda los 15-26 €. Y para cerrar, los postres caseros —tarta de queso (5 €), pan de Calatrava (4,50 €) o coulant de chocolate con helado (6,50 €)— recuerdan que en Kaïa nada viene de lata: hasta las natillas y el arroz con leche se elaboran cada mañana entre esas cuatro paredes negras que, lejos de intimidar, acogen como un abrazo.

Porque en este rincón del Cabezo de Torres, la carta no es un menú: es una declaración de principios. La de quien cree que un buen desayuno no debe costar más que un capricho, que el arroz debe humear al mediodía y que, incluso en un polígono, el Mediterráneo puede servirse con dignidad. Sin ruido. Sin prisas. Con el sabor del origen bien puesto en cada plato.
Restaurante Kaïa el Origen
- 📍 Dirección: Edificio Cash Europa, Autovía A-7 (salida 563), Cabezo de Torres 30110 Murcia
- 📞 Teléfonos: 622 304 017 / 687 479 957
- 🌐 Web e Instagram: kaiaelorigen.com @kaia_el_origen
- ⏰ Horario: Lunes a viernes: 06:45 – 19:00 h. Sábados: 07:45 – 17:00 h. Domingos y festivos: cerrado
💶 Precios destacados
• Menú del día (plato principal + ensalada + bebida + café): 10,50 €
• Menú económico (plato del día + bebida): 8,50 €
• Arroces diarios en barra (desde 6 €)
• Tapas desde 3,50 € (magra con tomate, croquetas, etc.)
• Vinos de etiqueta propia: tinto Aranda de Duero y blanco Pontevedra
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