InicioGastroAgendaCuando Cupido cena con Monastrell: San Valentín se sirve en mesa murciana
GASTROCRONICAS

Cuando Cupido cena con Monastrell: San Valentín se sirve en mesa murciana

El mapa del amor se dibuja con cubiertos: LasGastrocronicas. com te ofrece seis rutas para enamorarse con los sentidos


Desde la rumba en La Bodeguita de Javi con el Callejón del Sastre hasta el espectáculo teatral en Zarandona, los restaurantes de la Región tejen una velada donde cada bocado es declaración y cada sorbo, complicidad


La noche más romántica del calendario encuentra en la Región de Murcia un abanico de propuestas donde el amor se sirve en plato y se bebe en copa. Desde los 45 euros de Eszencia en Cartagena —con su timbal de tomate raff, gyozas de Chato murciano y lagarto ibérico sobre parmentier, además de un tardeo con DJ en terraza portuaria— hasta los 140 euros de La Casa de la Luz en Zarandona, donde la cena se fusiona con espectáculo teatral, humor y danza en una experiencia multisensorial diseñada para «encender la chispa».

En el corazón de Murcia, Salabores (55 €) apuesta por la elegancia mediterránea con su tiraito de lubina en crema de curry rojo y leche de coco, mientras La MariMorena, en Molina de Segura (60 €) transporta a los comensales a una atmósfera vintage con Bill Develand interpretando clásicos al estilo Sinatra y Bublé, acompañado de un nido de vieira con velo de panceta y presa ibérica con foie y reducción de mistela.

Junto al mar, en la Playa de la Llana de San Pedro del Pinatar, Mar de Sal (50 €) agota entradas para su cita con Andrés Ballester en directo, ofreciendo solomillo ibérico con salsa de boletus y corazón de chocolate blanco bajo las estrellas.

Mientras, en Murcia, La Bodeguita de Javi Gracia (60 €) convierte el Callejón del Sastre en rincón de complicidad con champagne francés, huevo poché con habitas y trufa negra, y tataki de Angus con guarnición huertana, todo ello al ritmo de rumba para «enamorados y bailones».

Seis restaurantes, seis filosofías, un mismo propósito: demostrar que el amor no se declara solo con palabras, sino con el cuidado de quien elige el vino, corta el pan y comparte el último bocado sin dudarlo. Porque en San Valentín, como en la vida, lo que perdura no es el regalo, sino el momento en que dos miradas se encuentran sobre una mesa bien puesta.

Y es que la noche del 14 de febrero, las mesas se visten de complicidad mientras el mundo rinde tributo a San Valentín, sacerdote romano martirizado en el siglo III por desafiar al emperador Claudio II al bendecir en secreto uniones amorosas prohibidas. Su legado, cristalizado en la Edad Media como símbolo del amor cortés, hoy se celebra con gestos que fusionan historia y sensualidad: la gastronomía, ese lenguaje universal donde el cuidado se convierte en sazón.

En Murcia, la cena de enamorados encuentra su esencia en platos que dialogan con los vinos de la tierra. Unas chuletas de cordero lechal, sabrosas, tiernas y compartidas, marida con la potencia sedosa de un Monastrell de Jumilla. El caldero del Mar Menor, con su caldo dorado y pescado de roca, encuentra en un Yecla crianza su contrapunto perfecto: tan intenso como el afecto que se profesa. Para cerrar, los paparajotes —hojaldre frito relleno de crema— se funden con la elegancia de un Bullas, dulce sin empalagar, como el amor maduro.





Porque en San Valentín no se celebra solo el romance, sino el arte de detenerse: mirarse entre bocado y sorbo, recordando que el verdadero lujo no está en lo exótico, sino en compartir lo auténtico. Y en Murcia, lo auténtico siempre huele a huerta, a mar y a vino que cuenta historias con cada trago.

1. La Bodeguita de Javi Gracia:

Donde el amor se baila al ritmo de la rumba y el tataki

El Callejón del Sastre se convertirá este sábado 14 de febrero en el rincón más cálido de Murcia cuando La Bodeguita de Javi Gracia despliegue su propuesta para San Valentín: una cena de 60 euros por persona donde cada plato narra una etapa del enamoramiento y la rumba en directo invita a cerrar la velada con los pies ligeros y el corazón contento.

La experiencia arranca con el ritual del cortejo: una copa de champán francés por comensal acompaña una ensalada templada con tempura de langostinos y vinagreta thai que despierta los sentidos. Los entrantes profundizan en la seducción: rollitos vietnamitas de carne y pak choi para quien busca lo exótico; pulpo sobre parmentier de boniato con crujiente de Chato murciano para los amantes de lo clásico; y el punto álgido de sensualidad lo marca el huevo poché con habitas y trufa negra de temporada, delicado y generoso como el afecto verdadero.

La ceremonia culmina con el plato principal: un tataki de Angus de corte impecable, servido con guarnición de raíz huertana que ancla la propuesta en el terruño. El postre, bautizado como «Final Feliz», sella la noche con un guiño dulce a la complicidad compartida. Todo ello maridado con vinos de la Bodega Fernández de Pierola —integrante del Grupo Pierola—, cerveza y refrescos, en un ambiente donde la música en directo transformará el postre en pretexto para levantarse de la mesa y dejarse llevar por el ritmo de la rumba.

Porque en La Bodeguita, como bien sabe Javi Gracia, el amor no solo se declara con palabras: se cocina con mimo, se sirve con generosidad y, cuando la cena termina, se baila sin vergüenza entre las paredes estrechas del Callejón del Sastre. Una cita donde lo romántico y lo festivo se dan la mano, recordando que enamorarse —como disfrutar de un buen tataki— requiere tiempo, atención… y saber cuándo es momento de soltarse a bailar.

2. La MariMorena:

Bajo las notas de Sinatra, el amor se sirve en siete pases

La MariMorena —The New Tavern— de Molina de Segura transformará sus noches del 13 y 14 de febrero en un viaje al romanticismo de los años dorados del jazz. Por 60 euros por persona, el restaurante molinense ofrecerá un menú especial de San Valentín donde cada plato dialoga con las notas suaves de Bill Develand, quien interpretará en directo clásicos al estilo Frank Sinatra y Michael Bublé, convirtiendo el comedor en un club íntimo donde el amor se vive con elegancia y complicidad.

La experiencia arranca con un vermut artesano 11mil 130 acompañado de una gilda reinventada: sardina, tomate seco y queso curado. Sigue un nido de vieira envuelto en velo de panceta ibérica y carbonara de setas; un audaz tartar de fuet con anguila ahumada; pan nube con atún rojo, guacamole y mahonesa de sriracha; y un roll de berenjena relleno de confit de pato con salsa hoisin y avellanas. El clímax llega con la presa ibérica coronada por foie, reducción de mistela y dátiles, antes de cerrar con una panna cotta de chocolate negro, mango y fruta de la pasión que equilibra intensidad y frescura.

Con siete pases disponibles cada noche a partir de las 21:30 horas y aforo limitado, la propuesta fusiona la sofisticación culinaria con la calidez del lounge vocal. Las reservas, gestionadas al 968 611 289 o a través de su web, agotaron plazas en ediciones anteriores, confirmando que en Molina de Segura el amor no se celebra con clichés, sino con atún rojo, foie derretido y la voz que susurra Fly Me to the Moon mientras las copas se alzan en brindis silencioso. Porque aquí, como en los mejores boleros, el final feliz no se cuenta: se degusta.

3. Mar de Sal:

Bajo las estrellas de La Llana, el mar sirve de testigo al amor con solomillo y boletus

A escasos metros del rumor de las olas, Mar de Sal, en San Pedro del Pinatar, convertirá las noches del viernes 13 y sábado 14 de febrero en un altar gastronómico donde el Mediterráneo será cómplice silencioso de las declaraciones de amor. Con su menú «Love is in the Air» a 50 euros por persona —ya agotado para el sábado 14—, el restaurante de Playa de la Llana demuestra que el romanticismo sabe a crema de calabacín con jamón ibérico, a solomillo de ibérico bañado en salsa de boletus y a corazón de chocolate blanco que late al ritmo de las olas.

La propuesta arranca con un preludio de sabores mediterráneos: un vasito de crema de calabacín coronado con láminas de jamón ibérico, gyozas de ternera y verduras que fusionan Oriente y Occidente, un milhoja de berenjena y queso de cabra con nueces que equilibra lo terroso y lo cremoso, y una ensalada de burrata con tomate ecológico, tomate seco y pesto fresco. El clímax llega con el plato principal: solomillo de ibérico de corte generoso, envuelto en la profundidad umami de los boletus y acompañado de un gratén de patata y mozzarella que funde tradición y confort. El postre, un corazón de chocolate blanco, cierra la velada con la dulzura precisa para quien entiende que el amor se celebra con los sentidos despiertos.

Las bebidas —vinos blanco y tinto seleccionados, café o infusión— están incluidas en el precio, mientras que el sábado 14, el cantautor Andrés Ballester elevará la experiencia con su repertorio «más romántico» en directo, convirtiendo cada acorde en banda sonora de miradas cruzadas y manos entrelazadas. Aunque las reservas para el sábado ya están completas, aún quedan plazas para el viernes, accesibles al 650 16 45 92.

Porque en Mar de Sal, como bien sabe su equipo, San Valentín no se celebra con clichés, sino con la certeza de que el mejor escenario para enamorarse es aquel donde el mar susurra, el vino fluye y el solomillo se corta con la misma delicadeza con que se pronuncian las palabras que verdaderamente importan.

4. Salabores:

Donde el amor se cuece a fuego lento: Salabores invita a enamorarse sin prisas en el corazón de Murcia

En la acogedora Plaza Sardoy de Murcia, el restaurante Salabores transformará la noche de San Valentín en un ritual de complicidad donde el tiempo se detiene y cada bocado se comparte con calma. Por 55 euros por persona, su menú especial —concebido bajo el lema «se saborea mejor juntos»— propone un viaje sensorial que fusiona el mar y la huerta en platos pensados para degustar sin reloj.

La experiencia arranca con una marinera de autor y un cremoso de marisco con vieira que evoca las costas cercanas. Continúa con el tiraito de lubina bañado en cremoso de curry rojo y leche de coco —guiño audaz a la fusión mediterránea— y un corazón de alcachofa acompañado de remolacha asada y escabeche de pomelo que equilibra lo terroso y lo cítrico. Como plato principal, la elección entre dos almas murcianas: el canelón de marisco para quien busca el abrazo del Mediterráneo, o el taten de Chato murciano con ciruela asada para quien prefiere las raíces de la huerta. El broche lo pone un mousse de chocolate con peta zetas —nostalgia infantil convertida en elegancia— y una copa de cava que brinda al futuro compartido.

Sin música invasiva ni protocolos rígidos, Salabores apuesta por lo esencial: mesa bien puesta, vino que fluye y la certeza de que el amor verdadero no se apresura. Las reservas, disponibles al 868 164 396, prometen agotarse pronto, recordando que en el centro de Murcia hay quien aún cree que la mejor declaración no se escribe en papel, sino en el silencio cómplice entre dos copas y un plato que se termina a medias.

5. La Casa de la Luz:

Cuando el amor se convierte en espectáculo: Zarandona alza el telón para la velada más arriesgada de San Valentín

Lejos del bullicio urbano y bajo las estrellas de la huerta murciana, La Casa de la Luz en Zarandona propone este 14 de febrero una ruptura con lo convencional: no una cena romántica, sino un espectáculo total donde la gastronomía se funde con el humor, la danza y la música en vivo para crear «un recuerdo para toda la vida». Por 140 euros, la velada —organizada por amankto— transforma el tradicional ritual de San Valentín en una experiencia multisensorial diseñada para «encender la chispa» más allá de los tópicos.

El menú degustación, elaborado con productos de proximidad y maridado con vinos seleccionados que dialogan con cada plato, sirve de banda sonora comestible a un elenco artístico que desafía lo esperable en una cita romántica. Las notas del saxofón de Alex Sánchez envuelven los primeros bocados; el humor ácido y entrañable de Vivo por Ella desarma las tensiones con risas compartidas; la sensualidad de Lolita Versache eleva la temperatura del comedor; y la danza contemporánea teje metáforas corporales sobre el deseo y la complicidad. Una zona VIP ofrece intimidad para quienes prefieren vivir el espectáculo desde la cercanía sin renunciar a la privacidad.

Más que una cena, la propuesta es un manifiesto contra la monotonía amorosa: aquí no hay velas genéricas ni playlist predecible, sino la certeza de que el amor verdadero también se alimenta de sorpresa, de atreverse a reír a carcajadas entre postre y café, de descubrir que la pareja que tienes enfrente puede brillar con luz propia bajo los focos de un escenario improvisado. Las reservas, limitadas y gestionadas al 639 19 87 12 o 677 34 78 70, anticipan una noche donde Murcia demuestra que enamorarse no es repetir fórmulas, sino escribir juntos una historia que merezca ser contada. Porque a veces, el gesto más romántico no es susurrar «te quiero», sino arrastrar a tu pareja a un caserón de Zarandona para bailar entre mesas mientras un saxofonista toca My Funny Valentine y el postre aún espera en la cocina.

6. Eszencia:

Bajo el puerto de Cartagena, el amor se sirve en gyoza de manzana y lagarto ibérico

Con el Mediterráneo como testigo y las velas de los yates meciéndose al atardecer, Eszencia propone este San Valentín una doble cita con el romanticismo: a las 14:00 horas, un tardeo vibrante en su terraza con DJ y vistas panorámicas al puerto; o a las 21:00 horas, una cena íntima bajo luces tenues para quienes prefieren el susurro a la fiesta. Por solo 45 euros con IVA incluido, el restaurante cartagenero demuestra que enamorarse no requiere presupuestos desorbitados, sino aciertos precisos.

El menú, concebido como un viaje entre lo local y lo exótico, abre con aperitivos que despiertan el paladar: timbal de tomate raff coronado con ventresca ahumada casera y yema curada; gyozas de Chato murciano con toques thai; croquetas de ternera madurada y crujiente de arroz con láminas de atún marinadas. Los platos principales honran el mar y la tierra: hueva de maruca en semisalazón con algas wakame, corvina sobre emulsión de coliflor morada y lagarto ibérico en adobo antiguo sobre parmentier de patata. El broche, un gyoza dulce relleno de manzana y crema de vainilla, cierra la velada con elegancia sin artificios.

Maridado con un blanco Castelo Verdejo (D.O. Rueda) y un tinto Equilibrio Selección (D.O. Jumilla), el menú se reserva en el Auditorio El Batel, recordando que en Cartagena el amor también se saborea con salitre en el aire y la certeza de que lo mejor de la vida —como un buen lagarto ibérico— merece tiempo, paciencia y la compañía adecuada para disfrutarlo.









Lo más leido