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GASTROCRONICAS

Cuando el vino se convierte en plato: la Academia de Gastronomía de Murcia celebra su asamblea entre viñas y sabores

El 21 de febrero, el Jardín Botánico de Cartagena acogerá no solo la reunión institucional de los académicos, sino un ágape único donde el vino dejará de ser bebida para transformarse en ingrediente protagonista de la mano del chef Cayetano Gómez Martínez


 

Entre los senderos del Jardín Botánico de Cartagena y el murmullo de las viñas que rodean sus instalaciones, la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia celebrará el próximo sábado 21 de febrero su Asamblea General Ordinaria en un entorno que ya anuncia el carácter singular del encuentro.

A las 11:30 horas —con segunda convocatoria a las 12:00—, académicos, miembros numerarios y distinguidos invitados se reunirán en el restaurante ubicado en la Carretera Nacional 301 (kilómetro 42G) para abordar los asuntos institucionales que definen el rumbo de esta institución cultural: desde la lectura del acta anterior hasta las propuestas de nuevos miembros y distinciones, pasando por el delicado debate sobre su posible transformación en Entidad de Derecho Público.

Cayetano Gómez Martínez.

Pero será tras el cierre formal de la asamblea cuando la jornada alcanzará su momento culmen: el ágape «OINOPHAGEÍN» —término griego que significa literalmente «comerse el vino»—, una propuesta gastronómica audaz donde el caldo de Baco abandonará la copa para integrarse en cada plato como protagonista indiscutible. Bajo la dirección del presidente de la Academia, Alberto Requena, y la maestría culinaria del chef Cayetano Gómez Martínez, los asistentes descubrirán cómo el vino puede reducirse en salsas, infusionar carnes, caramelizar postres o incluso cristalizarse en delicadas escarchas que transforman el paladar en un mapa sensorial donde cada bocado evoca una uva, una añada y una tierra.







El evento, abierto también a acompañantes a un precio de 65 euros (con opción de traslado en microbús desde la Plaza Circular de Murcia a las 11:00 horas por 15 euros adicionales), se erige como ejemplo de cómo las instituciones gastronómicas pueden trascender lo protocolario para convertirse en laboratorios vivos de innovación culinaria. Mientras los académicos debaten sobre el futuro de su asociación y la creación de una red de «Amigos de la Academia» que amplíe su alcance social, el chef Gómez Martínez ultima los detalles de un menú donde el Monastrell de Jumilla, el Airén de Bullas o el Moscatel de la costa cartagenera dejarán de ser maridajes para convertirse en esencia misma del plato.

«Este ágape no es un simple cierre de asamblea —explica la secretaria Encarna Zamora—, es una declaración de intenciones: queremos que la gastronomía murciana dialogue con sus vinos no como acompañantes, sino como almas gemelas que se fusionan en el fogón».

Y en ese diálogo, entre viñas centenarias y platos que desafían convenciones, la Academia reafirma su compromiso con una cocina que mira al futuro sin olvidar que, en Murcia, hasta el vino más noble sabe mejor cuando se comparte en buena compañía. Porque, como bien rezará el menú de ese sábado, hay brebajes que no se beben: se saborean, se degustan… y, en ocasiones, se comen con los ojos cerrados y el corazón despierto.









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