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GASTROCRONICAS

Ecos de 1919: Murcia revive la ingeniosidad del Entierro de la Sardina en un viaje al pasado

Un cortejo de más de 300 participantes y cuatro carrozas reconstruidas conmemora el 175 aniversario de la tradición y la resiliencia frente a la crisis de la Gran Guerra


 

Las calles de la capital murciana se preparan para convertirse en un escenario temporal que transportará a los ciudadanos a principios del siglo XX. El próximo sábado 7 de marzo, la ciudad será testigo de una rememoración histórica sin precedentes: una recreación fiel del Entierro de la Sardina tal y como se celebró en 1919.

Esta iniciativa, que moviliza a una comitiva de más de 300 personas, no solo busca festejar el 175 aniversario del nacimiento de esta costumbre en el barrio de San Antolín (1856), sino que rinde tributo a la capacidad de superación de los murcianos tras la Primera Guerra Mundial.

La organización ha basado la escenografía y el guion del evento en los archivos del antiguo diario El Liberal, los cuales documentaron minuciosamente la edición del 23 de abril de 1919. Aquel año marcó el retorno de la festividad a la vía pública después de un paréntesis forzoso entre 1915 y 1918, provocado por la penuria económica y el desabastecimiento que trajo consigo el conflicto bélico internacional.

Lejos de cancelar la fiesta, la carencia de materiales impulsó la inventiva de los comerciantes locales, quienes adaptaron vagones de mercancías del ferrocarril para convertirlos en carrozas y emplearon cartón piedra para las alegorías, devolviendo la ilusión a una sociedad castigada por la crisis.







Cuatro carrozas y terminología de época

El núcleo del cortejo lo constituyen cuatro vehículos históricos tirados por caballos, bautizados con los nombres que aparecían en las crónicas de antaño: El Infierno, Dragones, Apolo y Sirenas y Sardinas. La reconstrucción de estas estructuras, llevada a cabo por Carrozas Muñoz, ha requerido la colaboración de múltiples entidades, desde el Rincón Huertano, que ha prestado los carros, hasta empresas responsables de la caballería.

Un detalle que subraya el rigor histórico es la denominación de los participantes. Quienes ocupen las carrozas no serán llamados «sardineros«, término actual, sino «tripulantes«, respetando la nomenclatura utilizada hace más de un siglo. Destaca especialmente la recuperación de una de las carrozas, la cual albergará a seis damas, tal como indicaban los testimonios gráficos de la época, diferenciándose de las otras tres que podrán ser ocupadas por sardineros contemporáneos o personalidades destacadas del ámbito cultural e institucional.

Música y ritual en el recorrido

La banda sonora de la jornada será otro pilar fundamental para la inmersión temporal. Diversas formaciones musicales, incluyendo a los Modernistas de Cartagena y agrupaciones de gigantes y cabezudos de Cehegín y Murcia, amenizarán el trayecto interpretando pasodobles y piezas características de aquel periodo. El itinerario comenzará en San Antolín, cuna de la tradición, y avanzará por ejes emblemáticos como la Gran Vía y la Glorieta, para finalizar en la plaza de Santo Domingo.

El protocolo ceremonial también se apegará a la tradición documentada desde finales del XIX. Al pasar frente al Real Casino, se entregará el Testamento de la Sardina al primer caballista. Este documento será leído públicamente en el punto final del recorrido, donde se erigirá un catafalco especial para la quema simbólica del pescado, cerrando así el ciclo ritual.

Fiesta ciudadana y logística

La celebración no se limitará al paso del cortejo. Desde primeras horas de la mañana, el barrio de San Antolín acogerá una jornada festiva con actuaciones musicales y sesiones de disc jockey a partir del mediodía. Los comercios de la zona se han sumado a la iniciativa ofreciendo tapas de sardina y instalando barras, consolidando el vínculo gastronómico con la festividad.

Para los espectadores que deseen seguir el desfile con comodidad, se habilitarán filas de sillas a lo largo del recorrido, especialmente en la Gran Vía. La venta se realizará exclusivamente el día del evento, al precio de cinco euros, sin posibilidad de reserva digital previa. Con esta meticulosa puesta en escena, los impulsores del proyecto buscan no solo entretener, sino educar sobre la identidad murciana, destacando cómo la adversidad histórica se transformó en un legado de creatividad y fiesta.









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