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El campo murciano en vilo: el pacto UE-Mercosur abre la mayor zona de libre comercio del mundo, pero pone en jaque a la huerta más exportadora de España

Aunque Bruselas celebra un hito geopolítico, agricultores y el Gobierno regional alertan de que la entrada de productos sudamericanos con estándares menos exigentes amenaza la viabilidad de sectores clave como cítricos, hortalizas, uva de mesa y carne de vacuno


 

La Unión Europea ha dado luz verde al histórico acuerdo comercial con el Mercosur, una decisión que, según Bruselas, consolida la mayor zona de libre comercio del planeta —con más de 740 millones de consumidores—, pero que en tierras murcianas ha sido recibida con profunda inquietud. Para la Región de Murcia, una de las zonas agrícolas más dinámicas y exportadoras de Europa, el pacto representa menos una oportunidad que una amenaza estructural para miles de explotaciones familiares y medianas que operan bajo normas medioambientales, fitosanitarias y laborales rigurosas.

El acuerdo, negociado durante más de 25 años y respaldado por una mayoría cualificada de Estados miembros —aunque con el rechazo de Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría—, eliminará aranceles al 90 % del comercio bilateral. Mientras la UE exportará vehículos, maquinaria y productos químicos, importará en mayor medida materias primas agrícolas y minerales de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. En este escenario, la huerta murciana, que exporta más del 60 % de su producción hortofrutícola a mercados europeos, teme verse inundada por competencia desleal.

Las organizaciones agrarias locales no han dudado en alzar la voz. Alfonso Gálvez, secretario general de ASAJA Murcia, lo resume con crudeza: “Se ha impuesto la lógica geopolítica sobre la defensa del modelo agrario europeo. Este acuerdo pone en riesgo directo la rentabilidad de nuestros agricultores”. José Miguel Marín, presidente de COAG Región de Murcia, va más lejos: “El dinero de la PAC no sirve para tapar una competencia desleal que expulsará a los productores del mercado”. Por su parte, UPA reconoce los avances presupuestarios, pero insiste en que “son insuficientes sin una PAC fuerte y salvaguardias ágiles”.





El temor no es abstracto. Sectores estratégicos para la economía regional —cítricos, hortalizas de invernadero, uva de mesa, frutas de hueso, carne de vacuno y azúcar— han sido incluidos en la lista de “productos sensibles”, lo que les otorga cierta protección temporal. Sin embargo, los agricultores dudan de que las cláusulas de salvaguardia —que permiten investigar caídas de precios superiores al 8 % o picos de importación— sean suficientes o eficaces a tiempo. “¿Cómo competimos con quien no respeta las mismas normas en fitosanitarios, medio ambiente o bienestar animal?”, se pregunta un productor de limones en el Guadalentín.

La consejera regional de Agricultura, Sara Rubira, ha reiterado que “la agricultura no puede ser moneda de cambio en tratados comerciales”. Para ella, el acuerdo solo será aceptable si se garantiza la reciprocidad real en estándares, no solo en aranceles. “Adelantar fondos de una PAC ya insuficiente no protege a quienes producen con trazabilidad, sostenibilidad y calidad diferenciada”, ha subrayado.

Mientras Bruselas celebra un triunfo diplomático y apunta a ahorros de 4.000 millones de euros anuales para las empresas europeas, en los campos de la Vega Baja, el Noroeste y el Altiplano murciano crece la sensación de que, en nombre de la globalización, se está sacrificando a quienes han hecho de la huerta murciana un referente de excelencia, innovación y exportación.

El pacto, que entrará en vigor de forma provisional tras la firma prevista de Ursula von der Leyen en Asunción el 17 de enero, abre una nueva era comercial. Pero para el campo murciano, esa era se presenta con más dudas que certezas, y con la urgencia de demostrar que proteger a los productores locales no es proteccionismo, sino justicia competitiva.

Aceite, vino, jamón y queso: los grandes triunfadores del pacto UE-Mercosur

Aunque el sector agropecuario europeo se moviliza con temor ante la entrada de productos sudamericanos, el acuerdo comercial con el Mercosur también abre una ventana dorada para varios sectores estratégicos de la agroindustria española y europea. Aceite de oliva, vino, porcino y quesos serán los grandes beneficiados, al ver eliminados progresivamente aranceles que hasta ahora los penalizaban en mercados clave: en Brasil, el aceite dejará atrás un gravamen del 10 %; en toda la región, los vinos y espirituosos podrán competir sin los actuales recargos del 35 %; y el porcino, afectado por las tensiones comerciales con China, encontrará nuevas vías de exportación en Sudamérica en un plazo de 8 a 15 años. Estos sectores, altamente competitivos y con marcas reconocidas, podrían así contrarrestar los aranceles impuestos por la administración Trump y consolidarse en un escenario global cada vez más fragmentado.










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