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GASTROCRONICAS

El Churra se toma un respiro para brillar con más fuerza

El histórico restaurante murciano cierra temporalmente para una profunda remodelación


Tras casi 24 años en su sede actual y más de siete décadas de historia familiar, el establecimiento fundado por Mariano Nicolás traslada su servicio al hotel mientras renueva sus instalaciones “para todo lo que está por venir”


 

No es un adiós, sino una pausa necesaria. El Churra, uno de los emblemas más queridos de la gastronomía murciana y símbolo de una saga familiar que arrancó en 1955 con un humilde merendero en plena huerta, ha anunciado el cierre temporal de su restaurante ubicado en la calle Obispo Sancho Dávila para emprender una profunda renovación arquitectónica y funcional.

La decisión, comunicada con emotividad en sus redes sociales, responde al compromiso de la familia Nicolás con la excelencia y la evolución constante: “Hoy nos toca parar para cuidarlo, renovarlo y prepararlo para todo lo que está por venir”, reza el mensaje firmado por quienes, durante generaciones, han convertido cada servicio en una experiencia cercana, cálida y profundamente arraigada en la identidad local.





Durante los próximos meses —sin fecha exacta de reapertura anunciada aún, aproximadamente unos dos meses—, el servicio de restauración no se interrumpirá: se trasladará íntegramente a las instalaciones del Hotel El Churra, situado en la misma avenida Marqués de los Vélez, a escasos metros de distancia.

Allí, el equipo liderado por el jefe de cocina Juan Antonio García, el sumiller Antonio Ávila y el director de sala Juan Antonio Ibañez seguirá ofreciendo la misma propuesta culinaria que ha merecido el reconocimiento de 1 Sol Guía Repsol: una cocina tradicional murciana con toques de autor, elaborada con productos de proximidad y respeto por las recetas de siempre.

Desde su fundación por Mariano Nicolás —hijo del apodado “El tío Churra”, de quien heredó el nombre—, el establecimiento ha sido mucho más que un lugar para comer. Ha sido un rincón de encuentro, memoria y pertenencia, donde tres generaciones de murcianos han celebrado bodas, cumpleaños, reuniones de trabajo o simples sobremesas regadas con vino de Jumilla y recetas como los michirones o las patas de cabrito que marcaron época.

Esta nueva remodelación —la más ambiciosa desde su traslado a su sede actual en 2002— busca no solo actualizar instalaciones, sino reafirmar su filosofía: “Cuidamos a cada comensal como parte de nuestra familia”, afirman. Un enfoque que combina profesionalismo con el calor del hogar, y que ha permitido a la empresa expandirse también al Hotel Azahar y al servicio de catering Casa1955, sin perder nunca su esencia.

Tres generaciones en El Churra.

Mientras las obras dan forma al futuro, el mensaje es claro: “Lo mejor de El Churra está aún por escribirse”. Y en Murcia, muchos ya esperan con impaciencia ese próximo capítulo, sabiendo que, cuando las puertas se vuelvan a abrir, el aroma a tradición renovada será más intenso que nunca.










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