Ubicado en la calle Carlos III, el local invita a los comensales a cocinar su propia carne en un entorno que fusiona tecnología, tradición asiática y precios competitivos
Mientras ciertas inauguraciones simplemente engrosan la oferta local, otras logran modificar el paisaje gastronómico de la urbe. La instalación de BBQ Korean en el número 73 de la vía Carlos III, según publica el portal Dondecomemosct.es, se encuadra claramente en este segundo grupo. Lejos de ser un establecimiento de restauración al uso, el negocio presenta un modelo basado en la interacción y la herencia cultural de Asia, donde el cliente deja de ser un espectador pasivo para involucrarse directamente en la elaboración de su menú.
La esencia de este formato, denominado Korean BBQ, trasciende la mera preparación de alimentos para convertirse en una ceremonia social. En su país de origen, reunirse alrededor del calor de la parrilla equivale a festejar la convivencia. Esta filosofía se ha importado a la capital cartagenera con rigor: cada unidad de comedor cuenta con un sistema de cocción incrustado en el centro. De este modo, se elimina la barrera de la cocina tradicional, permitiendo que sea el comensal quien regule la intensidad del fuego y el grado de cocción de los ingredientes frescos.

La dinámica culinaria resulta envolvente. Cortes delicados de proteína —principalmente vacuno, ave o cerdo, previamente macerados— se disponen sobre la superficie ardiente, dorándose mientras desprenden fragancias intensas. Simultáneamente, las hortalizas se tuestan hasta alcanzar su punto óptimo. La identidad del plato se define gracias a los complementos: un espolvoreado de cacahuete triturado que otorga crujiente, junto a una variedad de salsas que equilibran lo dulce, lo salado y el picante suave. La costumbre dicta utilizar hojas de lechuga como envoltorio para consumir los ingredientes en bocados completos, logrando una armonía de texturas.
La propuesta de BBQ Korean excede la barbacoa. El establecimiento dispone de un catálogo tipo buffet que explora diversas regiones de Asia. La oferta incluye desde arroces y fideos hasta sopas, pasando por sushi de elaboración reciente, rollitos vietnamitas o tailandeses, y opciones vegetales como el edamame o la ensalada de algas. Esto posibilita combinar la cocción propia con platos listos para consumir. Además, la operativa se moderniza mediante una plataforma digital compatible con teléfonos inteligentes, desde la cual los usuarios realizan sus solicitudes con rapidez, manteniendo la gestión del servicio en sus manos.
En términos económicos, la tarifa se ajusta para resultar atractiva dado el tipo de servicio. De lunes a viernes, durante el servicio de mediodía, el coste por adulto es de 19,95 euros, mientras que los menores pagan 12,95 euros. Si la visita ocurre en fines de semana o días festivos, los valores suben a 26,95 y 14,95 euros respectivamente, un ajuste justificado por la mayor afluencia en esas fechas.

Con esta apertura, Cartagena incorpora una tendencia consolidada en metrópolis internacionales, aterrizándola en la calle Carlos III. Aunque resta observar la acogida definitiva por parte de los habitantes, las expectativas son favorables para que la novedad inicial se convierta en fidelidad. Al fin y al cabo, el valor diferencial de esta barbacoa no reside únicamente en el sabor, sino en su capacidad para convertir el acto de comer en un recuerdo colectivo.






























