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GASTROCRONICAS

El pulpo vuelve a latir en el corazón de Cartagena

Tasca Gallega desembarca en la Plaza de San Francisco con madera, pimentón y nostalgia celta


El local, gestionado por el equipo de A’Muñeira, recupera el tapeo gallego en el casco histórico tras años de ausencia, ofreciendo desde el caldo ancestral hasta el pulpo sobre tablón de roble


 

Según informa el portal Dondecomemosct.es, las calles de la Plaza de San Francisco de Cartagena acogen un regreso esperado: la apertura de Tasca Gallega, establecimiento que devuelve al casco antiguo de la Trimilenaria el auténtico sabor de la cocina atlántica tras años de vacío gastronómico. Ubicado en el bajo que dejara libre la desaparecida tapería Timber —junto al restaurante ATRIUM y frente a la Oficina Central de Correos—, el nuevo local se erige como homenaje vivo a la tradición culinaria gallega, con el pulpo á feira como estandarte indiscutible.

Tras barajarse inicialmente el nombre O’Rey del Pulpo, los responsables optaron por una denominación más cercana y versátil: Tasca Gallega, guiño a la esencia popular de estos espacios donde el tapeo se convierte en ritual compartido. Detrás del proyecto se encuentra el mismo equipo que gestiona A’Muñeira, referente indiscutible de la gastronomía gallega en la ciudad, cuyo traslado al polígono de Los Camachos dejó un hueco en el centro que ahora se rellena con sabiduría y mimo. «Este no es un restaurante nuevo —explican fuentes cercanas al proyecto—, es el regreso a las raíces de cuando A’Muñeira conquistó el Barrio Peral y El Algar con su propuesta de tapeo auténtico».







La carta recupera clásicos que evocan la ría y el monte: el pulpo, servido sobre tablón de madera con o sin cachelos, se presenta generoso y humeante, espolvoreado con pimentón de La Vera y aceite de oliva virgen; el caldo gallego, espeso y reconfortante, se convierte en abrazo líquido para los días húmedos del litoral; mientras que las alubias en salsa marinera, el arroz de marisco, las almejas con salsa gallega y la icónica tarta de Santiago completan un mapa de sabores que viaja desde el noroeste peninsular hasta el Mediterráneo. Todo ello maridado con albariños de primera línea y la frescura inconfundible de la Estrella Galicia, cerveza que, como reza el dicho, «no es cerveza si no es gallega».

El local, de decoración cuidada que evoca los pazos costeros sin renunciar a la calidez del tapeo urbano, dispone de terraza exterior bajo sombrillas blancas —ideal para disfrutar del sol invernal cartagenero— y un amplio salón interior donde el roble y la piedra dialogan con el bullicio de las conversaciones. De lunes a viernes, el menú del día por 15 euros se presenta como opción inteligente para quienes buscan calidad sin renunciar a la accesibilidad, mientras que los fines de semana el local se transforma en templo del tapeo, recuperando aquel espíritu que A Taberna Gallega dejara huérfano tras su cierre postpandemia.

Porque en esta esquina de la Plaza de San Francisco, donde el eco de los pasos sobre adoquín se mezcla con el aroma a pimentón tostado, no solo se abre un restaurante: se cierra una herida. La ausencia de propuestas gallegas en el centro histórico, sensible desde 2020, encuentra hoy su cura en cada rodaja de pulpo, en cada cucharada de caldo y en la certeza de que, aunque el Atlántico quede lejos, su alma puede servirse en una tablilla de madera, con un chorro de aceite y la compañía de quien sabe que el mejor viaje no siempre requiere billete: basta con cruzar la puerta de Tasca Gallega y dejarse mecer por el mar que, aunque no se vea, se sabe presente en cada bocado.









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