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El pulso del mercado: Tomás Fuertes descubre Vistabella entre ostras, charcutería y el abrazo de los tenderos

El presidente de Grupo Fuertes recorrió en exclusiva con LasGastrocronicas.com la plaza de abastos que no conocía, degustó mariscos en el puesto de las hermanas Navarro y selló un encuentro donde el lujo se midió en cercanía, no en etiquetas


 

El rugido del motor se apagó frente a la fachada blanca repleta de círculos de diferentes tamaños de la plaza de abastos de Vistabella mientras Tomás Fuertes descendía de su vehículo sin protocolo ni comitiva.

Acompañado únicamente por los médicos José Antonio Bolarín padre e hijo —este último, presidente de ElPozo Murcia Turística—, el empresario murciano inició el sábado una visita íntima y espontánea a un territorio que, pese a décadas liderando el sector agroalimentario español, le resultaba desconocido: el mercado de Vistabella.

Una experiencia organizada en exclusiva por LasGastrocronicas.com, cabecera gastronómica del Grupo Nuevo Digital Murcia y su director, el periodista Paco Hernández, que se transformó en un viaje de ida y vuelta a la esencia del comercio de proximidad.

LasGastrocrónicas acompaño a Tomás Fuertes y a los Bolarín en su recorrido por el mercado de Vistabella para realizar esta amplia galería fotográfica:

Con las manos libres y la curiosidad de quien redescubre lo cotidiano, Fuertes —presidente de Grupo Fuertes, entre los 100 mejores CEOs de España según Forbes— caminó entre puestos con la misma atención que dedica a las líneas de producción de sus factorías. En la carnicería y charcutería Antonio Ros, palpó la textura del jamón ibérico; en Carnicería Alfonso, conversó sobre el corte de la presa; en El Pavo Real y La María, escuchó historias de familias que llevan décadas tras el mostrador.

Pero fue en la pescadería de María Dolores Navarro y hermanas —negocio familiar desde 1967— donde la visita alcanzó su clímax: sentados frente a la espectacular estación de ostras, degustaron variedades gallegas, bretonas y la exclusiva Special Bealiue, acompañadas de cigalas, gamba roja de primerísima calidad y un Albariño que refrescó la conversación como solo el mar sabe hacerlo.

«Esto es lo auténtico, nunca deben perderse las plazas de abastos», confesó Fuertes entre bocado y bocado, mientras las hermanas Navarro explicaban con orgullo el ritual de apertura de cada ostra.

Lejos de los consejos de administración y las macrooperaciones que mueven los 2.500 millones de euros de facturación de su grupo, el empresario de 85 años —nacido en Alhama de Murcia en 1940— se permitió el lujo de ser simplemente un cliente: compró queso parmesano en la quesería, seleccionó productos de ElPozo en las vitrinas expositoras y, en más de una ocasión, se detuvo a posar para selfies con tenderos y vecinos que reconocieron al hombre cuyo apellido late en millones de neveras españolas.

«No conocía este mercado y me ha sorprendido su vitalidad», admitió Fuertes al concluir el recorrido, que incluyó paradas en la Panadería Olmos y en el puesto de especias y herboristería. «Aquí late el corazón de lo que hacemos: producto fresco, trato humano y confianza. Esto no se puede industrializar; hay que protegerlo».

Sus acompañantes, especialmente el joven Bolarín —fisioterapeuta y apasionado del deporte que asumió la presidencia del club ElPozo Murcia—, absorbieron cada gesto, cada diálogo, como lección práctica de que la grandeza empresarial no reside solo en las cifras, sino en saber escuchar al tendero que madruga para ofrecer el pescado más fresco.







Al despedirse, Fuertes prometió repetir la experiencia «en breve». Y mientras su coche se alejaba por las calles de Vistabella, los tenderos regresaban a sus puestos con una certeza renovada: que, incluso en la era de los gigantes globales, hay quien sigue creyendo que el mejor negocio no se mide en márgenes, sino en el brillo de una ostra recién abierta y la sonrisa de quien la comparte contigo.

Porque en ese mercado, como en la vida, lo esencial siempre ha estado al alcance de la mano: fresco, honesto y servido con cariño.

Cuando el mar se sirve sobre hielo: Tomás Fuertes descubre en Vistabella el templo de las ostras de María Dolores Navarro

Sobre una cama de hielo que brillaba bajo la luz del mercado, las conchas se abrieron una a una como pequeños tesoros marinos. Tomás Fuertes, presidente de Grupo Fuertes y ElPozo, se inclinó sobre el mostrador de la pescadería de María Dolores Navarro mientras las manos expertas de las hermanas y la hija de Navarro extraían con precisión quirúrgica la carne nacarada de una ostra Special Bealiue.

«Esto es arte», murmuró el empresario antes de llevarse a la boca la primera pieza, acompañada de un chorro de limón y un sorbo de Albariño que limpió el paladar con elegancia atlántica. «Hay que retirar primero el agua que trae la ostra y luego añadirle el chorro de limón, explicó Paco Hernández a Tomás, que se anotó el gadget de catador de este preciado manjar.

La escena tuvo lugar el pasado sábado en la plaza de abastos de Vistabella, donde el histórico puesto fundado en 1967 por Manuel Navarro —y hoy regentado por su hija María Dolores junto a sus hermanas e hija— desplegó su espectacular estación de ostras para recibir a una visita ilustre organizada por LasGastrocronicas.com. Cada viernes y sábado, este rincón del mercado se transforma en santuario del marisco fino, ofreciendo una carta que viaja desde las rías gallegas hasta las costas bretonas e irlandesas: ostras Geay Verte de semilla japonesa Kumamoto, Guillardeau de renombre universal, Saint Vaast con su toque mineral, Krystale de textura cristalina y la exclusiva Reserva Bealiue que, como joya de la corona, selló la degustación con su equilibrio entre salinidad y dulzor.

Pero el festín no se limitó a las ostras. Sobre la mesa improvisada entre cajas de pescado fresco y redes marineras, aparecieron cigalas de pinza azul intenso y una gamba roja cuya textura sedosa arrancó elogios espontáneos del empresario murciano. «He recorrido mercados de medio mundo —confesó Fuertes entre bocado y bocado—, pero pocos conservan esta frescura, este trato directo con el producto». Las risas de las hermanas Navarro, que explicaban con orgullo el origen de cada variedad, se mezclaron con el tintineo de las copas de vino blanco mientras el tiempo parecía detenerse en aquel rincón donde el lujo no se mide en etiquetas, sino en la honestidad del producto.

María Dolores, que comenzó a trabajar en el puesto con apenas 14 años y asumió su dirección a los 20, ha convertido en los últimos meses su pescadería en referente gourmet gracias al programa Impulso Mujer +50 de la OMEP. Aquel impulso le permitió crear este espacio anexo donde las ostras —a precios que oscilan entre los 3,50 € y los 4,50 € la unidad, o 18 € a 24 € la media docena— se han convertido en embajadoras de un nuevo concepto: el marisco de alta gama al alcance de todos. «Queríamos democratizar el lujo —explica—. Que cualquier vecino de Vistabella pudiera disfrutar de una ostra bretona sin tener que ir a un restaurante de cinco tenedores».

Mientras Fuertes degustaba la última pieza —una Tia Maraa de sabor intenso y final ligeramente metálico—, prometió regresar pronto. «Esto es lo que necesitamos proteger: el comercio de proximidad que apuesta por la calidad sin perder la humildad». Y en ese momento, entre el hielo que se derretía y las conchas vacías que contaban historias de mareas lejanas, quedó claro que el verdadero valor no estaba en el precio de las ostras, sino en el gesto de quien, desde un mercado de barrio, te invita a soñar con el océano Atlántico en cada bocado. Porque en Vistabella, como bien sabe María Dolores, el mar nunca está lejos: basta con cruzar el umbral de su pescadería para sentir su salitre en los labios y su grandeza en el alma.









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