Tras 52 años de confidencias, puros y acuerdos políticos, el mítico local de los bajos del Real Casino baja definitivamente su persiana por la jubilación de su propietario
Murcia despide una pieza fundamental de su tejido social y cultural. Este martes 30 de diciembre de 2025, el Parlamento Bar —ese rincón legendario ubicado en los bajos del Real Casino de Murcia— cerró sus puertas para siempre, marcando el fin de una era que se extendió durante más de cinco décadas. Su despedida no fue la de un establecimiento cualquiera, sino la de un auténtico salón privado donde la historia regional se tejía entre whiskys, habanos y conversaciones en voz baja.
Según informó Daniel Vidal en La Verdad, el cese definitivo de la actividad responde principalmente a la jubilación de Pedro Sánchez, uno de los dos socios que mantuvieron viva esta institución hostelera desde los años ochenta. “Lo mejor ha sido la clientela”, confesó Sánchez con emoción contenida durante su última jornada al frente del local, en la que atendió comandas con una sonrisa que no lograba ocultar la nostalgia de ver desaparecer un espacio que fue, durante generaciones, refugio de periodistas, empresarios, políticos y amantes de la buena conversación.

Fundado en agosto de 1973 por un grupo de jóvenes murcianos inspirados en los clubes ingleses, El Parlamento pronto se convirtió en un enclave único: inscrito como club privado ante Sanidad, pudo sortear las restricciones antitabaco y mantener viva la tradición del puro. Pero mucho más allá del humo y el aroma del buen coñac, fue en sus mesas donde se gestaron mociones de censura, acuerdos deportivos —como los rescates del Real Murcia— y estrategias electorales, en un ambiente de confianza que solo su célebre moqueta parecía garantizar, según evocó el periodista Chema Serrano.

En su último día, el local reunió a rostros conocidos de la vida pública murciana: Juan María Vázquez, consejero de Medio Ambiente; Rafael Fuster, director del Museo Ramón Gaya; y Yayo Delgado, de Estrella de Levante, entre otros. “Tú eres una persona importante para el Parlamento”, le dijo Pedro Sánchez a Delgado, quien, visiblemente conmovido, apenas pudo responder: “No me hagas llorar, Pedro”.

Aunque hubo intentos de traspaso para preservar el legado del establecimiento, ninguno fructificó. Juan Antonio, el otro socio, no ha podido participar en los últimos meses por motivos de salud, lo que aceleró la decisión de cerrar. Entre sus paredes pasaron figuras de renombre nacional e internacional, incluido el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, en lo que hoy ya se considera uno de los últimos testimonios de la magia de este espacio.
“Vamos, que nos vamos. Que nos vamos a Honolulú”, bromeó Pedro con su equipo en su despedida, aunque aclaró que su verdadero destino será el descanso, la familia y el disfrute de sus dos nietos. Con él se va también un pedazo de la Murcia que supo conversar, conspirar y celebrar, envuelta en el humo tenue de un puro y la solemnidad de una moqueta que guardó secretos de Estado… y de barrio.

Se despide una era de diálogo, gin tonic y personalidad única
Por otra parte, Carlos Valcárcel, también se ha hecho eco de la noticia en el diario La Opinión:
El cierre del Pub El Parlamento, ubicado bajo el Casino de Murcia, marca el fin de una etapa significativa en la vida social y cultural de la ciudad. A diferencia de servicios estandarizados —como la compra de medicamentos, libros o periódicos, donde la identidad del proveedor resulta irrelevante—, este establecimiento se ha distinguido por ofrecer una experiencia profundamente personalizada, moldeada por la presencia inconfundible de su propietario, Pedro Sánchez Valle.

Durante décadas, El Parlamento ha sido mucho más que un bar: ha funcionado como un espacio de encuentro privilegiado donde empresarios, políticos, académicos y figuras del ámbito cultural se reunían en un ambiente inspirado en el estilo inglés tradicional. Su nombre, evocador del diálogo y la deliberación —término de raíz francesa—, ha cobrado un sentido irónico al contrastar con el clima de debate que a menudo se observa en instituciones políticas formales. Aquí, las conversaciones —aunque en ocasiones afectadas por los excesos propios de la sobremesa— han estado marcadas por una notable dosis de respeto, ingenio y cercanía.

Pedro, conocido afectuosamente como “Pedro, el de Parlamento”, ha sido el alma de este lugar desde los años ochenta. Descrito como una persona hospitalaria, empática, discreta y dotada de una voz profunda y radiofónica, ha servido con una elegancia comparable a la de un prelado. Su discreción le ha convertido en testigo silencioso de innumerables historias que, de ser contadas, podrían sacudir a más de uno. A pesar de su vasta experiencia y el legado acumulado, jamás ha revelado la fórmula secreta de lo que muchos consideran el mejor gin tonic del mundo —un misterio que guarda junto a Juan Antonio Castillero, su socio y coartífice en la excelencia del local.

Ahora, con la jubilación inminente de Pedro y su esposa, El Parlamento se prepara para cerrar sus puertas. Su despedida no solo pone fin a un negocio, sino que clausura un capítulo fundamental de la historia reciente de Murcia: el de un “tragaluz” simbólico en el corazón de la ciudad, un refugio de amistad, diálogo y distinción. Con su partida, desaparece un espacio donde se valoraba más la calidad del trato que la mera transacción comercial, recordando que, en ciertos ámbitos, la personalidad del anfitrión es inseparable del encanto del lugar.






















