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GASTROCRONICAS

El vapor que cura: Santa Eulalia cocinó esperanza en cada cucharada de garbanzos del cocido solidario

Bajo el sol invernal de las fiestas de San Blas, más de trescientas raciones de cocido tejieron una tarde donde el aroma a caldo se mezcló con el calor de la solidaridad en favor de los enfermos de ELA


 

El vapor se alzaba como incienso callejero desde las dos grandes ollas instaladas en el restaurante Cucü, mientras el murmullo de decenas de voces se entrelazaba con el tintineo de cucharas contra platos. Desde las once de la mañana del domingo 1 de febrero, el corazón del barrio de Santa Eulalia de Murcia latió al ritmo ancestral del cocido: un ritual colectivo donde más de veinte kilos de garbanzos, kilos de carne y huesos de jamón se transformaron en trescientas raciones de consuelo servidas con las manos —y el alma— de quienes creen que la gastronomía puede sanar más allá del estómago.

LasGastrocronicas.com asistió al cocido solidario para realizar esta galería fotográfica:

Bajo el patrocinio de las fiestas de San Blas y la Candelaria, la iniciativa —organizada por la Asociación de Comerciantes del barrio junto a Murcia 1.200 y Madina Mürsiya— convirtió la acera frente a Cucü en un improvisado comedor al aire libre. Antonio Reyes y Javier Cadario, anfitriones del local, lideraron la faena culinaria con la ayuda desinteresada de Ester Cánovas —chef de Salabores— y otros hosteleros del entramado vecinal, mientras miembros de la asociación de vecinos servían, limpiaban y sonreían tras cada «gracias» pronunciado con la boca aún humeante. «No es solo un plato —explicaba Reyes mientras removía la olla con una cuchara de madera—; es un abrazo que se come».

El aroma a comino, a puchero lento y a pan recién cortado atrajo a familias enteras, ancianos del barrio, jóvenes con camisetas solidarias y rostros conocidos de la política local. Los concejales Jesús Pacheco (Turismo) y Pilar Torres (Bienestar Social, Familia y Salud) se sumaron a la fila como cualquier vecino, degustaron su ración sentados en mesas compartidas y dialogaron con quienes, desde el anonimato, habían donado horas o productos para hacer posible la jornada. «Eventos como este —declaró Torres entre sorbo y sorbo— demuestran que la verdadera riqueza de Murcia está en sus barrios, en esa capacidad de tejer redes cuando alguien lo necesita».





Mientras el caldo corría generoso, la Asociación de Comerciantes interrumpió brevemente el bullicio para entregar un reconocimiento especial a Paco Grau, vecino ilustre cuya trayectoria de décadas ha dejado huella en el tejido social y comercial de Santa Eulalia. El aplauso espontáneo que recibió se fundió con el zumbido de las ollas, recordando que detrás de cada iniciativa solidaria laten historias personales de compromiso silencioso.

Al filo de las cuatro de la tarde, cuando el último plato se lavaba y el sol comenzaba a declinar sobre las fachadas blancas del barrio, el balance era contundente: más de 2.000 euros recaudados para la Asociación ELA Región de Murcia, una cifra que, aunque inferior a las 500 raciones del año anterior, conservaba intacta su esencia: no se trataba de batir récords, sino de mantener viva una llama. Porque en Santa Eulalia, donde las calles aún guardan el eco de hornos tradicionales y corrales compartidos, el cocido nunca fue solo comida; fue siempre pretexto para encontrarse, para recordar que nadie sobra y que, frente a enfermedades como la ELA, la comunidad entera puede convertirse en un músculo capaz de sostener a quien ya no puede sostenerse solo.

Mientras los voluntarios recogían mesas y envases usados, ya se anunciaba la próxima cita: el domingo 8 de febrero, la Asociación de Jefes de Cocina JECOMUR trasladará esta llama solidaria a la Plaza de Romea con un nuevo cocido, esta vez en beneficio de la ONG Azul en Acción.

Pero en Santa Eulalia, aquel domingo de garbanzos y generosidad dejó una certeza: mientras haya quien esté dispuesto a remover la olla, habrá quien encuentre fuerzas para seguir caminando. Y en cada cucharada servida, un poco de dignidad se devolvió a quien la necesita. Porque algunos caldos, aunque no curen, al menos acompañan. Y a veces, eso basta para seguir adelante.









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