Bajo el sol de febrero, 25 productoras de toda España transformarán La Finca de Murcia en un jardín de copas donde el speed dating vitivinícola invita a beber con la cabeza despejada y el corazón en la tierra
Mientras el calendario convencional señala el 14 de febrero como día de corazones de chocolate y cenas protocolarias, un rincón de la huerta murciana propone una rebelión dulce y fermentada. La tercera edición de La Feria de Vinos Naturales, organizada por La Gracia —proyecto liderado por la sumiller Esperanza Pérez Andreo, galardonada como mejor sumiller de Murcia en 2025—, convertirá el sábado 14 el espacio La Finca (Carril Manga del Fraile y Poza, 42) en refugio para quienes prefieren desatar nudos que atarlos.
De mediodía a última hora de la tarde, entre las 12:00 y las 18:00 horas, veinticinco microproyectos vitivinícolas —todos dirigidos por mujeres elaboradoras— desplegarán más de cien referencias en un formato que rompe con la solemnidad de las catas tradicionales. Sin mesas rígidas ni protocolos intimidantes, el visitante recibirá una copa al entrar y podrá deambular libremente entre barricas y toldos, conversando directamente con quienes están detrás de cada botella. «Es como un speed dating con el viñedo», explican desde la organización: copa en mano, ritmo personal y la libertad de probar sin límites, porque aquí «no hay que elegir solo uno; puedes enamorarte de todos».
El concepto, consolidado en dos ediciones anteriores como referente del enoturismo alternativo en el sureste, apuesta por una triple alianza: el respeto a la tierra (vinos sin aditivos, agricultura regenerativa y filosofía zero waste), la cultura mediterránea (uvas autóctonas, técnicas ancestrales revisitadas) y las historias humanas que laten en cada caldo. «La vida ya viene bastante liada —reflexionan los organizadores en su comunicado—. ¿Para qué hacerla más nudo con San Valentín? Mejor vente pa la huerta, tómate un vino y deja que todo se afloje un poco».
Mientras los asistentes degustan desde naranjosos extremeños hasta tintos de garnacha aragonesa elaborados sin sulfitos, el aroma a arroz caldoso y quesos artesanos de la Región se filtrará entre las hileras de barriles. La comida huertana —con opciones vegetarianas incluidas— se ofrecerá como complemento gastronómico aparte del precio de entrada, que incluye acceso ilimitado a todas las degustaciones y una copa de obsequio.

Detrás de esta propuesta se encuentra la mirada experta de Esperanza Pérez, quien desde su tienda La Gracia Bar de Vinos y su proyecto Encanto Líquido ha tejido una red de complicidades con pequeñas bodegas que priorizan la autenticidad sobre el volumen. «Estos vinos tienen memoria y carácter —explica—. No buscan complacer a todos, sino contar una verdad: la de una parcela, una cosecha, una mujer que decidió hacer las cosas de otro modo».
Las entradas, ya a la venta a través de la web lagraciabardevinos.com, el perfil de Instagram @lagraciaencantoliquido y la plataforma Eventbrite, se agotaron en ediciones previas en menos de 48 horas. Un éxito que responde, según los organizadores, a la creciente demanda de experiencias donde el consumo consciente se funde con el placer colectivo: «Ven con quien te apetezca. O vente solo o sola, que también vale como cita».
Porque en esta feria, el 14 de febrero no se celebra el amor romántico, sino otro tipo de afectos: el que une a la viña con el suelo, a la elaboradora con su proyecto, y al bebedor con la certeza de que algunos placeres —como un buen vino natural— no dejan resaca, sino ganas de repetir. Y de desatar, por fin, ese nudo que arrastramos desde enero.
























