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Entre espuma y tierra: Murcia bebe su origen

Una noche de maridaje en el Kiosco Abenarabí unió la maestría cervecera de Alhambra con el talento gastronómico murciano bajo la dirección del beer sumiller Vicente Álvarez


 

Bajo la luz dorada del atardecer murciano, la terraza del Kiosco Abenarabí se convirtió el pasado martes en un escenario donde el tiempo parecía detenerse. Un grupo de veinticinco comensales, expectantes y dispuestos a dejarse llevar, tomó asiento entre los jardines de los Condes de Barcelona para vivir una experiencia que iba más allá de la degustación: un viaje sensorial bautizado como Murcia Origen, impulsado por Cervezas Alhambra y la plataforma gastronómica de la Región.

LasGastrocronicas.com asistió a la cena maridaje para realizar esta amplia galería fotográfica:

La velada, dirigida con precisión y pasión por el beer sumiller Vicente Álvarez, no buscaba únicamente presentar cervezas, sino revelar historias. Cada botella, cada matiz, cada burbuja tenía un propósito: dialogar con el producto local, con la memoria del territorio y con el arte de quien cocina con raíces.

Álvarez, con la calma de quien conoce el valor del silencio entre sorbo y sorbo, guió a los asistentes por un recorrido donde el olfato, el gusto y hasta el oído —con el leve crujir de las nueces o el susurro de la brisa— se convirtieron en cómplices de la degustación.







El menú, diseñado por Antonio Salazar y su esposa Consuelo Cánovas, fue una declaración de intenciones culinarias. Arrancó con Lámina de Ventresca de Atún sobre Ensaladilla Gourmet, una ensaladilla rusa reinventada, con ventresca de atún, un clásico de la cocina murciana que encontró en la Alhambra Especial su contrapunto perfecto: la frescura lupulada de la cerveza limpió el paladar y realzó la cremosidad del plato, creando un equilibrio que arrancó los primeros murmullos de aprobación entre los asistentes.

El segundo acto llegó con Carpaccio de Tomate con Lascas de Parmesano, Alcaparras y Chalota Encurtida, Un carpaccio de tomate, queso manchego y nueces, maridado con la Alhambra 1925. Aquí, la complejidad maltosa y los toques tostados de la cerveza —elaborada con el mismo espíritu artesanal que en sus orígenes granadinos— entablaron una conversación elegante con la acidez del tomate y la untuosidad del queso.

Vicente Álvarez invitó a los comensales a cerrar los ojos y dejar que los aromas a caramelo y fruta madura de la cerveza se fundieran con la tierra húmeda y el fruto seco. Fue, para muchos, el momento de mayor conexión emocional de la noche.

El broche final llegó con un plato que es pura esencia ibérica: Lingote de Secreto Ibérico Glaseado en Mostaza y Miel. El secreto, jugoso y sabroso, maridado con la Alhambra Roja. El color ámbar profundo de la cerveza, sus notas a malta tostada y un ligero toque a frutos rojos, abrazaron la intensidad de la carne, potenciando sus matices ahumados y su grasa noble. No fue solo un maridaje; fue una reconciliación entre la tradición cervecera andaluza y la excelencia porcina de la dehesa, con Murcia como puente.

Entre plato y plato, las palabras de Álvarez resonaron como una invitación a la pausa: «No se trata de beber rápido, sino de escuchar lo que la cerveza tiene que contar. Cada variedad es un paisaje, un tiempo, una mano que ha trabajado con cuidado». Esa filosofía, compartida por Murcia Origen y Cervezas Alhambra, impregnó cada rincón de la velada: la defensa del producto local, la reivindicación del proceso frente a la prisa y la certeza de que la gastronomía, cuando se hace con alma, es también cultura.

El Kiosco Abenarabí, con su historia ligada al místico Ibn Al-Arabí —nacido en Murcia en 1165 y símbolo de un legado que trasciende fronteras—, fue el marco ideal para esta fusión entre pasado y presente. Sus paredes, testigos de siglos, acogieron una propuesta contemporánea que no renuncia a las raíces: tres tapas, tres cervezas, una única intención, celebrar el talento de una región que cocina con memoria y bebe con consciencia.

Al finalizar, los comensales abandonaron la terraza con la sensación de haber participado en algo más que una cata: en un acto de reafirmación identitaria. Porque Murcia, entre espuma y sabor, recordó que su origen no es solo un punto en el mapa, sino una forma de entender la vida: con calma, con calidad y con el orgullo de quien sabe que lo bueno, cuando se comparte, sabe mejor.








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