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GASTROCRONICAS

La Ronería celebra 30 años de botellas, historias y copas que saben a leyenda

Desde su inauguración en Navidad de 1995, este templo murciano del ron y la ginebra ha convertido el arte de la copa en patrimonio cultural —con 3.500 licores, techos de cañizo y un sótano que navega entre aromas a jazmín, angostura y tradición sardinera


 

Bajo un techo de cañizo tejido como sombra protectora, entre más de 500 botellas que forman una muralla cromática tras la barra de mármol blanco, y con el eco de risas amortiguadas por estanterías repletas de etiquetas exóticas, La Ronería y La Gintonería celebra este fin de año su 30 aniversario —una efeméride que no pasa desapercibida en la historia de la hostelería murciana.

LasGastrocronicas.com visitó el histórico local la víspera de su 30 aniversario para realizar esta amplia galería fotográfica:

Fundado por Francisco Driéguez Ricosardinero del Grupo Apolo, creador de ginebras con alma de entierro y alma de taberna—, el establecimiento abrió sus puertas el 27 de diciembre de 1995 en pleno corazón del barrio de Santa Eulalia, en la calle Cánovas del Castillo.

Lo que empezó como Tasca Gao se transformó, con el paso del tiempo y el crecimiento obsesivo de su colección, primero en La Ronería (2006), y luego, con una ampliación estratégica y un guiño a la tendencia global, en La Ronería y La Gintonería (2008), nombre hoy registrado y reconocido internacionalmente.

Con 200 metros cuadrados distribuidos en dos plantas, el local respira desde sus mimbres la atmósfera de una taberna habanera de los años 60: fotos en blanco y negro de La Habana Vieja, sillones de mimbre, luces cálidas y, sobre todo, botellas. Miles. Más de 3.500 referencias de licores de todo el mundo —una cifra que supera con holgura los 1.044 rones que ya le valieron en 2020 la invitación para entrar en el Libro Guinness de los Récords como el bar con más variedades de ron del planeta, desbancando a un local neoyorquino. En definitiva, La Ronería está considerado como el pub más completo del mundo.

El whisky más caro cuesta 9.000 euros la botella y 790 euros la copa; el ron más caro cuesta 4.500 euros la botella y la ginebra más cara, 900 euros la botella. También es el local de Murcia con mayor número de tequilas, con más de 300 referencias.




Carta de rones:

Pero no son solo números. Detrás de cada etiqueta hay una historia. Desde el Havana Máximo —300 euros la copa, 4.500 la botella— hasta el ron nepalés embotellado en forma de cráneo, o el Mocambo, cuya botella es una réplica funcional de una pistola; desde el whisky Macallan de 30 años (790 €/copa) hasta las ginebras de autor: El Gran Pez, Doña Sardina y Hachonero, tres destilados firmados por Paco Driéguez que rinden homenaje al Entierro de la Sardina, fiesta que él mismo sigue defendiendo como parte viva de su identidad.

El local se estructura en dos zonas con alma propia: al entrar, el templo del ron; abajo, tras unos escalones, la Gintonería, con más de 800 ginebras y una colección de vodkas y whiskys que ya supera los 250 y 500 referencias, respectivamente; también en el sótano —el Club La Ronería—, un espacio íntimo de apenas 35 plazas, con barra en forma de proa de barco, ideado para eventos privados, cumpleaños y conversaciones que se alargan hasta el amanecer.

Allí, entre tragos y anécdotas, trabaja un equipo pequeño pero emblemático: Daniel Lorente, ex Mister España 2022, que lleva un año tras la barra aprendiendo los secretos de la coctelería artesanal; e Isabel Hernández, de Javalí, cuya sonrisa y precisión han convertido las copas de ron añejo con un toque de lima y canela en una experiencia casi ritual.

«El secreto no está solo en la botella —explica Driéguez—, sino en el respeto por el tiempo, por la barrica, por el origen. Un buen ron no se fabrica: se espera». Y es esa paciencia, esa curiosidad sin fronteras —desde Barbados a Madagascar, desde Japón a Belice— la que ha hecho de este bar no solo un lugar para beber, sino un museo vivo, una embajada del sabor.

Hoy, en su trigésimo aniversario, La Ronería y La Gintonería no celebra solamente tres décadas de copas servidas. Celebra 30 años de fidelidad al detalle, de resistencia frente a modas efímeras, de conversaciones generadas por una recomendación: «Pruebe este de Anguilla, tiene notas de coco tostado y humo de caña quemada».

Porque, como dice el propio Paco mientras acaricia una botella de Diplomático Ambassador —su favorito, aunque confiese ser más de ginebra—:
«Aquí no vendemos alcohol. Vendemos viajes. Y en cada copa, dejamos que el mundo entre por la puerta de La Ronería».

Feliz cumpleaños, Ronería.
Que los próximos 30 años sigan oliendo a cañizo, a jazmín en el cóctel y a Murcia con acento caribeño.








 


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