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GASTROCRONICAS

La sombra de Murcia se alarga hasta los Alpes: 40 muertos en un bar de Suiza en una Nochevieja convertida en pesadilla

Al igual que ocurrió en octubre de 2023 en las discotecas Teatre y Fonda Milagros de Murcia, una combinación letal de pirotecnia no reglamentaria, materiales inflamables y salidas insuficientes desencadenó una deflagración masiva en un bar alpino. El escenario: una botella de champán adornada con una bengala. El resultado: un flashover que devoró vidas en menos de diez segundos.


 

Las campanadas del Año Nuevo aún resonaban en los valles nevados de Crans-Montana cuando el júbilo se convirtió en horror. A la 1:30 de la madrugada, el bar Le Constellation —un local de apariencia desenfadada, con terraza cubierta, sótano cavernoso y música en directo— se transformó en una trampa mortal. Lo que empezó como una celebración espontánea derivó en una de las mayores tragedias de la historia reciente de Suiza: 40 personas fallecidas, más de 120 heridas, y un eco estremecedor del incendio de Teatre y Fonda Milagros en Murcia de 2023.

Vídeo publicado por El Español.

Según múltiples testimonios recogidos por medios franceses y suizos, el origen del desastre fue tan sorprendente como evitable: una botella de champán coronada con una bengala, manipulada por un camarero que la portaba sobre los hombros mientras festejaba con los asistentes. En cuestión de segundos, la llama alcanzó el techo de madera del sótano —sin protección ignífuga—, y los gases acumulados bajo la cubierta se incendiaron de forma simultánea: un flashover, o deflagración generalizada, que envolvió el espacio en una bola de fuego.

“Todo el mundo gritaba… vi a una persona caer con los ojos carbonizados, las venas negras. Parecía una película de terror”, relató Victoria, una menor superviviente, a la cadena RTL. Otros testigos describieron escenas de estampida en una estructura con una única puerta de salida funcional, ventanas rotas a puñetazos y cuerpos amontonados en el vano del acceso, impidiéndose mutuamente la huida.





Los vídeos promocionales del bar —ya borrados tras la tragedia— muestran con crudeza una práctica habitual: empleados alzando botellas con bengalas encendidas como parte del show. Aunque las autoridades aún no han emitido un informe definitivo, todas las líneas de investigación apuntan a que esa costumbre, prohibida expresamente en interiores y especialmente en zonas de alto riesgo de incendio como Crans-Montana (donde, por sequía extrema, se había vetado cualquier uso de pirotecnia no autorizada), fue el detonante.

El establecimiento, propiedad de Jacques y Jessica Moretti —empresarios corsos radicados en los Alpes desde los años 2000—, carecía de medidas antiincendios básicas: sin detectores de humo, sin puertas cortafuegos entre plantas, sin señalización clara de emergencia y con salidas bloqueadas o inoperativas. El sótano, donde muchos perdieron la vida, estaba diseñado como una “cueva” de piedra y madera antigua: un entorno altamente combustible.

En una cruel ironía del destino, la tragedia suiza reabre heridas aún abiertas en España. Apenas dos años y tres meses después del incendio de Teatre y Fonda Milagros —donde 13 personas murieron en Murcia bajo circunstancias sorprendentemente parecidas—, los mismos patrones se repiten:

  • Uso de efectos pirotécnicos no homologados (en Murcia, una máquina de “fuegos fríos” comprada en AliExpress);
  • Exceso de aforo y compartimentación deficiente.
  • Salidas de emergencia obstruidas o inexistentes.
  • Tolerancia administrativa ante irregularidades flagrantes.

De hecho, mientras en Crans-Montana se contabilizaban los cuerpos, en Murcia la jueza instructora acababa de ampliar su investigación hasta el 1 de abril de 2026, abriendo la puerta a imputaciones por prevaricación administrativa contra responsables municipales que —según la acusación de las familias— conocían la ilegalidad del funcionamiento de las discotecas y no intervinieron.

“Esto no es azar, es sistema”, declaró José Manuel Muñoz, abogado de varias víctimas murcianas, al conocer la noticia desde España. “Cuando ignoras las advertencias, cuando normalizas lo que la ley prohíbe, el fuego siempre encuentra su camino. Y siempre cobra en vidas humanas”.

En Suiza, las autoridades han desplegado un dispositivo sin precedentes: helicópteros medicalizados, hospitales en cuatro cantones en alerta máxima y una investigación forense liderada por expertos en dinámica de incendios. Aún no se ha confirmado la nacionalidad de todas las víctimas, aunque la mayoría serían jóvenes franceses, belgas y británicos —turistas que acudieron a la estación para esquiar y acabaron atrapados en una trampa de fuego y humo.

El silencio ahora reina en la calle Centrale 35. Las luces de Le Constellation están apagadas para siempre. Y mientras los bomberos continúan excavando entre los escombros en busca de restos, una pregunta se impone con urgencia global:

¿Hasta cuándo seguiremos celebrando la vida… en locales construidos para la muerte?








 


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