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GASTROCRONICAS

La suerte, el turrón y las dentaduras

Por Miguel López-Guzmán


 

Hay quien nace calzando zapatos de tafilete y quienes lo hacen descalzo; existen quienes llegan a vivir un siglo y otros se van de este mundo en plena juventud, todo es cuestión de suerte.

La suerte se tiene o no se tiene, sin necesidad de llegar a ser un gafe. El “fatum” nos acompaña a lo largo de nuestra existencia; es el destino de cada uno el que, en días como mañana, cuando se celebra el tradicional sorteo de Navidad de la Lotería Nacional, hace que algunos se vean agraciados por la diosa Fortuna.

En otros días, los premios que cantan tradicionalmente los niños del Colegio de San Ildefonso (cancioncilla que, para mi gusto, sonaba mejor en pesetas que en euros), y en concreto, su premio “Gordo”, daba para mucho, algo que ha venido a menos debido al alto coste de la vida y la larga mano de Hacienda. Como mucho, poseer un décimo y que nos toque el primer premio dará para la adquisición de un piso de medio pelo, algo muy distinto a otros tiempos en los que daba para mucho más, incluido el ansiado automóvil “haiga”.




El sorteo de Navidad nos acerca a la ensoñación; un décimo en la mano nos hace ver los cambios, grandes o pequeños, que supondría en nuestras vidas: tapar remiendos y, aunque sea por un tiempo limitado, gozar de unos caprichos y cubrir necesidades casi siempre vetados por los desnutridos bolsillos.

Con el sorteo del 22 de diciembre se inauguran las fiestas navideñas. Día entrañable en el que las concurridas calles se ven alborozadas por el canto de números y premios a cargo de los niños de San Ildefonso. Día importante para supersticiosos y gafes que aguardan con expectación la salida del bombo del número premiado. Así ha sido desde los tiempos del rey Carlos III, en siglo XVIII, cuando instauró la Lotería Real en 1763, inspirada en modelos europeos para recaudar fondos para el Estado sin aumentar los impuestos. Fueron las Cortes de Cádiz quienes instauraron en 1811 la Lotería Nacional, también conocida como “Lotería Moderna”, para financiar la resistencia contra los invasores franceses, celebrándose el primer sorteo de Navidad con la actual denominación en 1892.




Las vacaciones navideñas se inician, en la práctica con la Lotería; días entrañables, nos toque la Lotería o no, que reúnen a las familias en torno a la mesa de la Nochebuena, en la que siempre reina un halo de melancolía ante la ausencia de quienes abandonaron este mundo. Tiempo propicio para la añoranza, con recuerdos acumulados de otras navidades a lo largo de la vida. Tiempo feliz para los más pequeños de la casa, que saben disfrutar de la alegría callejera ante la visión ilusionada de pajes y Reyes Magos que comparten aceras con un Papá Noel llegado de la lejana Laponia por influencias importadas. La chiquillada hace patente su ilusión con una frenética actividad epistolar adaptada a los nuevos tiempos en la que no faltan los modernos dispositivos electrónicos que dieron al traste con las tradicionales cartas a Melchor, Gaspar y Baltasar, en una sociedad de consumo que ha visto ampliada la demanda infantil con los regalos que aportará el señor vestido de rojo y largas barbas en la Nochebuena.

Días prometedores para estomatólogos, odontólogos y protésicos, que ven atestadas sus consultas gracias a las caídas de empastes, puentes dentales y otras filigranas venidas a menos por la ingesta de patas de cigala y bocas de cangrejo. Lejos quedan aquellos días de duros turrones, en los que padres y abuelos, se las veían y deseaban para partir el dulce producto de Jijona, armados de cuchillo y martillo; dulce bocado que siempre hizo sufrir a las bocas desdentadas, a pérdidas de dentaduras cuando chupaban y chupaban el dulce manjar alicantino. Hoy, todo se ha suavizado: los turrones se fabrican al gusto de una sociedad igualmente suave y delicada, con turrones de almendra ligera que no afectan a los caros implantes dentales, los que nos hacen lucir una deslumbrante y blanca sonrisa.

Con un modesto turrón duro como ayer o blando como hoy, esperando que Dios reparta todo tipo de suertes, les deseo una feliz Navidad, queridos y sufridos lectores.

 

Miguel López-Guzmán

Periodista y escritor








 


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