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GASTROCRONICAS

«Lo que no se mide en flashes, pero sostiene la Región»: los Premios Los Importantes honran a doce pilares anónimos

Desde Gaza hasta el aula de Infantil, en una gala que fue himno a la utilidad social


En una velada con traducción simultánea en lengua de signos, 900 personas celebraron en el Víctor Villegas a quienes construyen Murcia desde la medicina, la cultura, la educación y la resistencia —y donde el Bohemian Rhapsody de la banda local de Cabezo de Torres selló un pacto tácito: el talento que sirve, perdura


 

Bajo la cálida iluminación del Auditorio Víctor Villegas, y con un aforo completo de 900 personas —entre autoridades, premiados y ciudadanos—, La Opinión de Murcia entregó este jueves la VII edición de los Premios Los Importantes: no un ránking de fama efímera, sino un retrato colectivo de quienes, en silencio y en acción, sostienen el tejido social, cultural y humano de la Región.

Galería fotográfica de la gala:

Conducida por Fran Sáez y Azucena Marín, y con una intérprete de lengua de signos en escena para garantizar la accesibilidad total, la gala se erigió como un acto de reconocimiento ético, donde lo relevante no fue lo espectacular, sino lo necesario. Como recordó el presidente Fernando López Miras, “importante no es quien más ruido hace, sino quien más sentido aporta”.

Y ese sentido estuvo presente en cada discurso.

Comenzó con el Hospital Clínico Virgen de la Arrixaca —Premio Enero—, que este año celebra medio siglo al servicio de la vida. Su director, Amancio Marín, no habló de cifras, sino de vínculo: “6.500 profesionales, sí, pero sobre todo, una promesa diaria con los murcianos”.

Siguió Eva Libertad y Miriam Garlo —Febrero—, cuya película Sorda nació del afecto fraternal y se convirtió en un puente hacia la diversidad sensorial. “No queríamos hacer cine sobre la sordera —dijo Libertad—, sino cine desde ella”.




El eje de la noche fue la utilidad concreta:

Juan Antonio Pedreño (Marzo) mostró cómo la economía social ha convertido a Murcia en capital europea de un modelo basado en la cooperación, no en la competencia;
José Manuel Garrido (Abril) recordó que los teatros, bibliotecas y festivales no son gastos, sino infraestructuras de alma colectiva; Noelia Salas (Mayo), maestra de Infantil y Mejor Docente de España, reveló que “educar emociones no es un extra: es la base de toda convivencia” —y lo hizo con la voz temblorosa de quien ha visto a un niño, por primera vez, nombrar su tristeza.

Hubo también gestos de orgullo territorial: la Patrulla Águila (Junio), en mensaje grabado, agradeció el “cariño murciano” cada vez que aterriza en el aeropuerto de San Javier; la Agrupación Musical del Cabezo de Torres (Agosto) —que después cerraría la noche con una vibrante Bohemian Rhapsody— contó cómo 300 alumnos, muchos de ellos hijos de inmigrantes, encuentran en el pentagrama un lenguaje común.

Pero fueron los testimonios más crudos los que conmovieron profundamente. Javier Soria (Septiembre), enfermero murciano que estuvo siete meses en Gaza, describió con serenidad el horror y la esperanza: “Allí, el miedo se respiraba… pero también las sonrisas de los niños, que no sabían que estaban en guerra, sí sabían dar las gracias”. Su discurso, seguido en silencio absoluto, fue interrumpido por un aplauso espontáneo que duró más de un minuto.

Cerraron el ciclo anual:

Araceli López-Guillén (Julio), defendiendo que la salud laboral debe ser “tan prioritaria como la atención primaria”; Pedro Luis Ripoll (Octubre), traumatólogo que lleva la medicina de pueblo al quirófano de élite; Máximo Quiles (Noviembre), piloto de 17 años que sueña con ser campeón del mundo “con la bandera de Murcia en el mono”; y el Ayuntamiento de Murcia (Diciembre), homenajeado por los 1.200 años de una ciudad cuya fuerza, como dijo el alcalde José Ballesta, no está en sus monumentos, sino en “la capacidad de sus gentes para resistir, reconstruir y reinventarse”.

Al final, cuando los metales de la Agrupación del Cabezo de Torres elevaron el clásico de Queen, el auditorio entero se puso en pie. No fue solo un homenaje a la música: fue un acto colectivo de fe. Porque Los Importantes no son héroes solitarios. Son, como dijo Aitor Moll, consejero delegado de Prensa Ibérica, “un recordatorio de que la honradez, el esfuerzo y la justicia siguen siendo las únicas monedas de curso legal en una tierra que, año tras año, vuelve a creer en sí misma”.

Tras el telón, un cóctel con pastas de almendra, mistela artesanal y pan de Calatrava prolongó la conversación. Porque aquí, donde se premia lo que construye, hasta el postre es parte de la ceremonia.

📌 Nota: Los Premios Los Importantes reconocen mensualmente a una figura o institución relevante; la gala anual las reúne en un acto que combina solemnidad, emoción y compromiso ciudadano.

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