Por Marcos Muelas y Mireia García

El pasado domingo 21 regresó el verano a nuestras vidas, al menos oficialmente. Porque las altas temperaturas veraniegas ya se hicieron presentes días antes trayéndonos aquellos sofocantes días que bien conocemos en Murcia. Y con el verano comienza un nuevo ciclo mientras otro se cierra. Los amigos de Dulcinea, del blog literario «lasmemoriasdedulcinea.blogspot.com» cierran por vacaciones. Pero no teman, en cuanto las temperaturas sean más propicias volverán con toda su fuerza e ilusión para traerles nuevas historias cargadas de poesía, música, viajes y cómo no, erotismo.
Pero, este grupo de autores y escritores no podían irse de vacaciones sin más.
El pasado miércoles 25 de junio se convocó una comida donde los «dulcineos» compartieron buenos momentos, risas y por supuesto, gastronomía.

Como experimento decidieron degustar los sabores del lejano Oriente en el restaurante METOO SUSHI ubicado en la Avenida Miguel de Cervantes de la ciudad de Murcia.
El sol derretía el asfalto mientras uno a uno, los valientes componentes del blog, se acomodaban en aquella interminable mesa alargada. A su cabeza se sentó nuestro buen José Antonio Molina, maestro de ceremonias y culpable de la creación de este variopinto (y entrañable) grupo.
Conforme llegábamos nos iban ofreciendo refrescantes bebidas para recuperarnos del bochorno. Pronto las conversaciones se movían en pequeños grupos ampliándose a los que iban incorporándose. Como vi que los protocolos se alargaban, me adelanté a pedir algo para acompañar las bebidas.

A modo de picoteo nos llegaron las primeras piezas de sushi. Pero no se trataba del típico pescado crudo sobre arroz. Ante nosotros se presentó una fusión de sabores y delicias de mar, algunos marinados con salsas picantes y otros con un ligero golpe de plancha que daba un toque tostado.

En Japón aprendí que el auténtico sushi tenía una temperatura alrededor de los 36 grados, fruto del contacto entre las manos del maestro cocinero y el producto. Eso es lo que encuentro siempre en este local para mi deleite. De entre toda la variedad destacaré el salmón sellado al calor con toque de cebollino, langostinos con salsa dulce y picante e incluso anguila.
Algunos de los presentes se estrenaban en el uso de los palillos y supieron estar a la altura.

Con todo el grupo reunido pasamos a palabras mayores: Fideos udón a la plancha con ricas verduras y gambas cubiertos con el típico huevo que veía en los puestos situados en el Parque Maruyama de Kioto para celebrar Hanami en Sakura. Este plato fue incluido en la carta del restaurante por petición nuestra. Recientemente descubrí que esta modalidad es conocida como plato a la Bismarck, ya que el antiguo canciller alemán tenía la debilidad de coronar sus platos preferidos con un huevo a la plancha. Delicioso, se queda corto.

Otro plato imprescindible japonés que persuadí a introducir fue pollo katsu (rebozado) con arroz y verduras al curri. Mi plato preferido en el mundo y ahora bautizado como “el plato de Marcos” en este restaurante.
En un fluido crescendo llegaron las gyozas y los langostinos cubiertos de una fina y perfecta tempura cuyos sabores me devolvieron a aquellas bulliciosas calles de Osaka.
Llego el turno de deliciosas carnes presentadas sobre bandejas crepitantes, rebozados agridulces y pato a la naranja. Todo ello aderezado con el eterno cariño de Yan y su equipo.

Los comensales quedaron saciados y apenas conocieron una pequeña parte de la extensa carta del local. Tendremos que esperar a la próxima reunión para probar el sushi de ternera y las muchas variedades de sushi frito, un invento relativamente nuevo inventado en la prefectura de Asakusa para atraer a los gaijin.
Finalmente llegaron los postres donde nos obsequiamos con una ronda de helados, crepes y cafés. Y para terminar esta deliciosa experiencia culinaria al más puro estilo oriental, pedimos sake frío.

Y así volvemos a rememorar nuestros días en el país nipón, en el lugar al que cada semana volvemos para hacer que nuestra vuelta a Japón no se haga tan dura.
Tras muchas risas, buenos momentos, platos deliciosos y una inmejorable compañía, los comensales se despidieron con el estomago lleno, y espero, el corazón también. Una grata experiencia por menos de 30 euros por persona.

Ahora esperaremos con muchas ganas la vuelta. Por las letras, los compañeros y las futuras experiencias. Feliz verano a todos los dulcineos, que aunque cierren por vacaciones, tengo total seguridad que no dejaran de escribir.

Marcos Muelas y Mireia García

























