Empresario, hostelero y vecino ejemplar, su legado perdurará en cada rincón del bar-restaurante que convirtió en referente social y gastronómico de la pedanía
Con profunda tristeza, el pueblo de Mahoya y toda la comarca se han unido en duelo por el fallecimiento de Nicolás Ramírez, hostelero local conocido cariñosamente como Nico, uno de los propietarios y alma mater del Bar-Restaurante El Peque, establecimiento emblemático de esta pedanía abanillera.

Durante décadas, Nicolás fue sinónimo de entrega, cercanía y trabajo incansable. Desde que tenía uso de razón, según recuerdan quienes le conocieron desde niño, estuvo ligado al negocio familiar, al que dedicó su vida entera con una sonrisa constante, un trato amable y una presencia inconfundible tras la barra. Trabajaba, literalmente, “de sol a sol”, convirtiendo “El Peque” no solo en un lugar para comer o tomar un café, sino en un auténtico centro de encuentro vecinal.

A las tres de la tarde de cualquier domingo, era habitual ver a decenas de hombres de Mahoya reunidos en torno a las mesas del local, jugando al dominó o a las cartas, compartiendo historias o simplemente disfrutando de un licor casero. Ese ambiente cálido y familiar era posible gracias a la personalidad acogedora de Nicolás, que supo tejer vínculos más allá del servicio: era amigo, consejero, anfitrión y, sobre todo, un abanillero comprometido con su tierra.
“El Peque” no es solo un bar: es restaurante, carnicería, administración de lotería y apuestas del Estado, y salón de celebraciones para bautizos, comuniones y bodas íntimas. En su cocina, sencilla pero generosa, destacaban los arroces a la leña, las carnes a la brasa y los embutidos de la zona, siempre acompañados de habas tiernas recién traídas de la huerta. Un lugar sin pretensiones, pero con alma, donde el pan era casero y el trato, sincero.

Su fallecimiento ha dejado un vacío difícil de llenar. Vecinos, amigos, instituciones y colectivos como el Club Barinas Hondón o la empresa Espectáculos Sonido Fussion SL han expresado su pesar y han querido rendir homenaje a un hombre “bueno, trabajador, atento y agradable siempre”, en palabras de Mariano Caballero. José Antonio Blasco lo definió como “un abanillero ejemplar que apostó por emprender, vivir y dar trabajo aquí”, mientras que el exconsejero Pedro Rivera Barrachina recordó: “Siempre tenía una sonrisa y un comentario amable”.
Nicolás Ramírez no solo construyó un negocio; construyó comunidad. Su legado permanecerá en cada rincón de “El Peque”, en cada partida de dominó que se juegue allí, en cada arroz que se sirva a la leña y en el corazón de quienes tuvieron la fortuna de conocerle.
Descanse en paz. 🖤🕊️
























