Mariano Espinosa, junto a Eloísa Bleda llevan casi seis años recorriendo bares, restaurantes y huertas con una cámara en la mano y un criterio cada vez más afilado. Desde su perfil @acholand_, estos creadores de contenido murciano se han convertido en una voz de referencia para quienes buscan dónde comer bien en la Región, pero también en un testigo directo de la cara menos amable del sector: la de quienes exigen menús gratis a cambio de stories efímeras, inflan métricas con bots y devalúan el trabajo de quienes sí se toman en serio la divulgación gastronómica. El estallido mediático del guachinche Casa Aguere en Tenerife —donde un hostelero denunció públicamente a falsos influencers que pedían comida gratis hasta para sus familiares— ha encendido un debate que en Murcia ya se cocinaba a fuego lento. En esta conversación, Espinosa no se muerde la lengua: señala a los «oportunistas», responsabiliza también a los locales que aceptan al primero que les escribe por ser «más barato», reivindica la marinera y el pastel de carne frente a las cascadas de queso fundido, y adelanta que el canje, tal y como lo conocíamos, tiene los días contados. Una radiografía sin filtros de un oficio que, tras el verano de 2026, empieza por fin a exigir contrato, tarifas y, sobre todo, respeto.
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