El parrillero de Los Alcázares hace historia al revalidar el título nacional con una chuleta de maduración contenida, proyectando el talento y la memoria gastronómica murciana en el epicentro de la alta cocina española
Entre el repique de la tamborrada y el eco de medio siglo de Nueva Cocina Vasca, un aroma distinto se abrió paso en los pasillos del Kursaal: el perfume inconfundible de la leña de encina y la grasa fundiéndose sobre el hierro.

Mientras el norte celebraba a sus gigantes, el foco de la excelencia cárnica migró hacia el sureste peninsular. Mohamed El Hamdy, maestro de las brasas en el restaurante murciano La Tropical, ha pasado a la historia como el primer cocinero en conquistar en dos ocasiones el Campeonato Nacional de Parrilla, revalidando en esta vigesimoctava edición de San Sebastián Gastronomika un título que ya anticipó en 2023.

Con 37 años y una trayectoria forjada en la resiliencia, El Hamdy llegó a España en patera hace dos décadas. Desde hace diez, es el guardián del fuego en la terraza de Los Alcázares, un espacio donde el tiempo parece haberse detenido para perfeccionar el oficio. Su victoria no es un hecho aislado, sino la culminación de una sinergia intergeneracional y cultural. La Tropical, fundado en 1936 por Carlos Méndez Rubio y María Rosa Heredia a partir de la fusión entre un humilde bar y un taller de carpintería, es hoy, bajo la dirección de la segunda generación familiar, un auténtico templo de la gastronomía mediterránea. Este triunfo reivindica la capacidad de los negocios históricos murcianos para dialogar de tú a tú con la vanguardia nacional.
La pieza que desarmó al jurado fue una chuleta de vaca frisona, suministrada por la cárnica asturiana Trasacar. Lejos de dejarse seducir por la moda de las maduraciones extremas, el equipo apostó por la elegancia de la contención: apenas 22 días de guarda. Una decisión técnica y filosófica que busca preservar la esencia láctea y el sabor primigenio del producto, evitando las notas minerales o excesivamente torrefactas que, en opinión de sus defensores, terminan por enmascarar la verdadera identidad de la carne.

Bajo un calor oscilante entre los 250 y los 300 grados, El Hamdy ejecutó un ritual de precisión milimétrica. Ocho minutos decisivos en los que la distracción no tiene cabida. El objetivo era tan claro como desafiante: sellar una costra exterior impecable que actuara como escudo de un interior jugoso, uniformemente templado y de un punto exacto. Al momento del corte, la evidencia fue innegable: una textura brillante, una infiltración grasa equilibrada y una ejecución técnica que rindió a expertos de la talla de José Gordón o Xabi Gorrotxategi, así como a un jurado popular de sesenta aficionados.

El contexto del evento no hizo sino engrandecer la gesta murciana. En un congreso que aglutinó a más de 1.400 profesionales y 400 periodistas de 40 nacionalidades, donde voces como la de Elena Arzak o la emergente Iris Jordan debatían sobre el futuro de la memoria culinaria y la innovación, el mensaje de la Región de Murcia resonó con una fuerza propia. Frente a la hegemonía histórica de las razas centroeuropeas y los asadores del norte, la propuesta del sureste demostró que el talento forjado al calor del Mar Menor posee la solidez y la proyección necesarias para triunfar en el escenario más exigente del país.

Mientras el auditorio entonaba homenajes a figuras como Martín Berasategui o Mauro Colagreco, el equipo de La Tropical emprendía el camino de regreso a Los Alcázares con algo mucho más valioso que un trofeo: la certeza de que la tradición, cuando se interpreta con maestría, respeto por el producto y una profunda conciencia de su legado, se convierte en la vanguardia más auténtica. La brasa murciana, una vez más, ha marcado el ritmo de la parrilla española.

























