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GASTROCRONICAS

Patiño celebra su 37º Encuentro de Cuadrillas: 60.000 pelotas, folklore y caldo solidario en el corazón de la tradición murciana

Miles de personas se dieron cita en el Bulevar Manuel Cárceles para disfrutar de una jornada que mezcla bailes, trovos, recetas ancestrales —incluyendo una versión vegana— y una fiesta declarada de Interés Turístico Regional que mantiene viva la identidad de las pedanías


 

Bajo un cielo azul y un sol que disipó el frío matutino, la pedanía de Patiño volvió a convertirse, por un día, en la capital del folclore murciano. Este domingo, miles de vecinos y visitantes de toda la Región —y también de Castilla-La Mancha y Andalucía— acudieron al XXXVII Encuentro de Cuadrillas “Memorial Manuel Cárceles El Patiñero”, un evento que, más allá de su fama como “Fiesta de las Pelotas”, se ha consolidado como un pilar fundamental del patrimonio cultural inmaterial de Murcia.

LasGastrocronicas.com asistió un año más al evento para realizar esta amplia galería fotográfica:

El bulevar que lleva el nombre del legendario trovero fallecido en 2008 vibró desde primera hora con el sonido de violines, castañuelas y guitarras. Seis cuadrillas —la local de Patiño, más las de Aledo, El Esparragal (Puerto Lumbreras), Fuente Álamo, Ronda de los Llanos (Albacete) y Pulpí (Almería)— desplegaron un repertorio de jotas, seguidillas, malagueñas y sevillanas que atrajo a un público multigeneracional, desde niños con los ojos abiertos hasta ancianos que tarareaban con la memoria de décadas de fiesta.





La jornada, organizada por la Peña Huertana La Hijuela, comenzó con chocolate caliente y churros, continuó con la emotiva Misa de Aguilando cantada por todas las cuadrillas y culminó, como manda la tradición, con el reparto masivo del caldo con pelotas. Entre 50.000 y 60.000 albóndigas —algunas elaboradas con carne de gallina, magra de cerdo, pavo y morcilla, y otras, en innovadora versión vegana con soja y apio local— fueron servidas en más de 600 ollas dispuestas a lo largo del bulevar, acompañadas de vino, limón y pan.

La inclusión de una opción vegana marcó un hito simbólico: “El año pasado fue una prueba, este ya hemos preparado más de 300 pelotas”, explicaron Salva Liza y sus compañeras, demostrando que la tradición puede reinventarse sin perder su esencia.

Tampoco faltaron los trovos improvisados: hasta el presidente regional Fernando López Miras y el concejal de Cultura Diego Avilés se lanzaron al ruedo poético, enfrentándose en versos a Francisco Lucas, delegado del Gobierno, en un duelo rimado que arrancó aplausos y sonrisas.

La fiesta, que arrancó el viernes con conciertos y talleres de moño de picaporte, y continuó el sábado con una velada internacional de troveros, no solo celebra lo culinario, sino también la transmisión intergeneracional de la identidad huertana. “Ser pelotera no es solo cocinar —subrayan desde la organización—, es mantener viva una memoria colectiva que se huele, se saborea y se celebra”.

Con más de 10.000 asistentes, el evento reafirmó su papel como cierre simbólico de la Navidad murciana. Y, como cada año, el estruendo de los cohetes marcó el inicio del reparto, mientras el ex párroco Ángel Mateos Guillén, nombrado “cohetero de honor”, anunciaba desde el escenario: “¡Que nadie se quede sin su tazón!”.

Patiño, una vez más, no solo repartió caldo: repartió comunidad, memoria y alegría. Porque, como dice el lema de su web oficial —lafiestadelaspelotas.es—, aquí la Navidad no se cierra: se prolonga, se canta… y se sirve en olla.










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