La hostelería española ha vivido durante el verano de 2026 una de las polémicas más sonadas de los últimos años cuando un guachinche de La Laguna (un tipo de casa de comidas tradicional de Canarias), en Tenerife, decidió colgar en su puerta un cartel que prohibía la entrada a los influencers. La iniciativa del establecimiento Casa Aguere, que rápidamente se viralizó en las redes sociales, abrió un debate profundo sobre la profesionalización de los creadores de contenido gastronómico, las prácticas abusivas de algunos de ellos y los límites legales del derecho de admisión en los locales públicos. El eco de aquella medida traspasó fronteras insulares y obligó al sector murciano, uno de los más activos en el ámbito de los ‘foodies’ digitales, a posicionarse ante una cuestión que llevaba meses gestándose en silencio.
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