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GASTROCRONICAS

Ruge by Rubén Iborra: el nuevo referente de arroces y brasa en el centro de Madrid

Descubre Ruge La Barra en la Plaza de la Lealtad: la propuesta del chef murciano que fusiona tradición mediterránea, arroces de autor y producto de máxima calidad en el corazón de la capital


 

El paisaje gastronómico de la capital española incorpora un nuevo y sólido eslabón con la apertura de Ruge La Barra, el proyecto más reciente del reconocido chef murciano Rubén Iborra. Ubicado en un enclave privilegiado de la Plaza de la Lealtad, a escasos metros del paseo del Prado y el parque del Retiro, este espacio materializa la visión culinaria de un cocinero que, tras dos décadas de trayectoria internacional y reconocimientos como la Guía Michelin, decide rendir homenaje a sus raíces levantinas sin renunciar a la innovación técnica.

Un espacio diseñado para la convivencia y el disfrute

El establecimiento se articula en torno a una distribución que prioriza la versatilidad y el confort. En el exterior, los comensales pueden disfrutar de una amplia terraza con capacidad para una veintena de personas, complementada por un rincón chill-out más íntimo, ideal para el tapeo o el afterwork. El interior, por su parte, ofrece una veintena de localidades adicionales repartidas entre la barra principal, la contrabarra y un reservado exclusivo para ocho invitados, creando una atmósfera cálida y cercana que invita a prolongar la sobremesa.

Ruge consolida la esencia del Mediterráneo en el corazón de Madrid de la mano de Rubén Iborra

Esta apertura en el centro de la ciudad se erige como el complemento urbano del concepto global RUGE, que ya había demostrado su éxito integrando gastronomía y naturaleza en su sede de La Jarosa, en la Sierra de Guadarrama. Ambos espacios comparten una misma filosofía: poner el producto en el centro de la experiencia.

La memoria familiar como brújula culinaria

A sus 49 años, Iborra, quien posee además una sólida formación en Tecnología Alimentaria, confiesa que la gran mayoría de su propuesta emana directamente de las tradiciones domésticas de su entorno familiar. Esta premisa se hace evidente desde el primer bocado. Un ejemplo paradigmático es su reinterpretación de la marinera murciana, elaborada con la característica rosquilla alargada, una ensaladilla rusa de textura compacta (que incorpora patata, zanahoria, pepinillo y troncos de bonito para garantizar su consistencia) y coronada con una anchoa 00 del Cantábrico de Casa Santoña.







El apartado de frío y tapeo se enriquece con una destacada selección de salazones y ahumados procedentes de proveedores de San Javier (Murcia), entre los que sobresalen la hueva de mújol semicocida a baja temperatura y envuelta en alga nori, la mojama o el bonito. Asimismo, la sección de montados, bautizada coloquialmente como “panecicos con cosicas”, sorprende con creaciones como un bikini de masa hojaldrada relleno de sobrasada murciana, queso de cabra y miel, o croquetas de alta costura elaboradas con una infusión de huesos de jamón Joselito, algunas de ellas rematadas con papada ibérica, cecina de wagyu y huevo frito.

El dominio del fuego y la maduración

En lo que respecta a las técnicas de cocción, la cocina de Ruge prescinde de los fuegos convencionales para ceder el protagonismo absoluto a los paelleros y a un horno de carbón de encina de la marca Pira. A través de esta brasa, desfilan piezas de marisco de primera línea, como gambas rojas y carabineros de Santa Pola, navajas y rodaballos sometidos a un riguroso proceso de reposo previo.

Paralelamente, el restaurante gestiona su propia maduración de carnes, seleccionadas a través de la proveedora Discarlux. Los lomos de vacuno descansan un mínimo de 45 días, aunque la carta ofrece excepciones de 60 e incluso 90 días, garantizando una terneza y una concentración de sabores excepcionales.

El arroz: una obsesión técnica y sentimental

Si hay un pilar que define la identidad de Iborra, es su maestría en los arroces. La carta de Ruge desgrana una docena de versiones, tanto secas como melosas, que realizan un recorrido por el litoral mediterráneo: desde el arroz murciano de costillejas y el alicantino del senyoret, hasta propuestas más atrevidas como el arroz con chuleta de vaca madura o el caldero de Tabarca, este último elaborado exclusivamente bajo pedido.

Lejos de conformarse con replicar recetas, el chef ha aplicado sus conocimientos en tecnología alimentaria para resolver el histórico desafío de cocinar arroz en Madrid. Mediante la mineralización controlada del agua y la selección de la variedad Albufera, Iborra ha logrado replicar las condiciones de presión, humedad y altitud del Mediterráneo, logrando un punto de cocción que sorprende a los paladares más exigentes.

Un proyecto familiar con aliados de primer nivel

Detrás de la excelencia de Ruge late un fuerte componente familiar. Jennifer Ini asume la dirección ejecutiva y la estrategia empresarial, mientras que Silke Iborra coordina las áreas de eventos y comunicación, consolidando el concepto Mountain Club que ya triunfa en Guadarrama.

Esta visión se ve respaldada por una red de proveedores de élite, que incluye a Joselito para embutidos, Serpeska y El Barquero para el género marino, Frutas Eloy para el producto vegetal, y la bodega Juan Gil, con la que se ha desarrollado una línea de vinos de la casa elaborada en exclusiva.

Con Ruge La Barra, Rubén Iborra no solo abre un nuevo restaurante; consolida un universo gastronómico donde la memoria, la técnica y el respeto por el territorio se dan la mano en una de las plazas más emblemáticas de Madrid, reafirmando su posición como uno de los cocineros más inquietos y respetados del panorama actual.








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