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GASTROCRONICAS

Sabores sombríos: el mar en el bodegón de Solana

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Por Elisabet Pegueroles


 

El Bodegón con marina de José Gutiérrez Solana (Madrid, 1886-1945) se incorporó a la Colección del Museo de Arte de Santander (MAS) en el año 2016 gracias a una donación. Ahora podemos disfrutarlo en Murcia, en la exposición temporal Carpe y los maestros Solana y Vázquez Díaz, instalada en la Sala Glorieta 1 hasta el 14 de diciembre.

La pintura —firmada J. Solana en la esquina inferior derecha— combina lo popular y lo inquietante: productos del mar, pescadores y muelle conviven con una paleta enfermiza y formas que rozan la distorsión. Son rasgos propios de la personalidad artística del pintor y de la vertiente más sombría del costumbrismo español de inicios del siglo XX.

La escena está construida en tres planos. En primer término, una mesa baja repleta de pescados y crustáceos que actúan como auténticos protagonistas. Detrás, un tonel funciona como eje compositivo y refuerza el ambiente de mercado. Y al fondo, el muelle, los pescadores y una embarcación, bajo un cielo crepuscular que añade una nota de amenaza contenida.

La pincelada es viva, pastosa y cargada de materia. El empaste se aprecia sobre todo en los cuerpos brillantes de peces y crustáceos, creando una textura casi táctil. La paleta se mueve entre tonos oscuros y terrosos —verdes, ocres, rojos, negros—, con destellos amarillentos y blancos sucios que acentúan la humedad y la aspereza de la escena. La luz es direccional y funcional, buscando enfatizar texturas y formas mediante un claroscuro de evidente dramatismo.

El lienzo admite varias lecturas. Como ocurre en otras obras de este género, la presencia de animales muertos recuerda la fragilidad y lo efímero de la vida, pero aquí Solana evita cualquier tono moralizante típico del Barroco: su memento mori es directo, rudo y popular.

En segundo lugar, los pescadores, la barrica y los productos dispuestos de forma poco pulcra sugieren la economía de subsistencia, la necesidad y la precariedad. La obra funciona también como documento y testimonio social, retrato de un mundo laboral sometido a la naturaleza y a la miseria, un tema habitual en la trayectoria de Solana.

Por otro lado, la ligera deformación de los rostros de los peces y la exageración de ojos y bocas remiten a la fascinación del artista por lo feo, lo grotesco y lo marginal, aquello que él llamaba “lo castizo”, pero desde su vertiente más amarga. Y, por último, el horizonte bajo y la franja de mar y cielo en penumbra añaden un contrapunto melancólico: detrás de lo comestible y comercial se adivina un paisaje mayor, impasible y potencialmente hostil.

En esta obra podemos intuir afinidades con Goya en la fascinación por lo trágico-popular, en la mirada crítica a la sociedad y en la capacidad de transformar lo cotidiano en alegato. Asimismo, se perciben similitudes con el expresionismo europeo en la deformación subjetiva y en la intensidad cromática, que comunica un estado de ánimo antes que verosimilitud.

A partir de esa “despensa pictórica” de Solana nace la receta que propongo a continuación: un plato que interpreta los sabores del cuadro, manteniendo su carácter intenso, marinero y profundamente mediterráneo.




 

Receta: Caldereta casera de pescados y mariscos

Ingredientes (4 personas)

  • 1 jurela (o 2 filetes)
  • 1 besugo pequeño
  • 1 pescadilla mediana
  • 1 langosta o media langosta
  • 1 bogavante
  • 1 buey de mar cocido
  • 1 centollo cocido
  • 1 cebolla grande
  • 2 tomates maduros
  • 1 pimiento rojo
  • 3 dientes de ajo
  • 1 hoja de laurel
  • 1 vasito de vino blanco
  • Aceite de oliva virgen
  • Sal
  • Perejil
  • Pimentón dulce
  • Caldo de pescado

Preparación paso a paso

  1. Limpia la jurela, el besugo y la pescadilla. Córtalos en trozos grandes para que no se deshagan y sazónalos ligeramente.
  2. Abre el buey de mar y el centollo. Extrae toda la carne y desmenúzala en un plato. Reserva también los corales (darán sabor a la salsa).
  3. Corta la langosta y el bogavante en rodajas gruesas (si están cocidos, mejor) y reserva.
  4. Para hacer la base de la caldereta, pon aceite en una olla amplia y añade la cebolla, el pimiento rojo y el ajo picados, y los tomates rallados. Sofríe 15 minutos a fuego medio hasta que quede meloso y, después, agrega una cucharadita de pimentón, los corales del buey y del centollo y la hoja de laurel. Remuévelo todo un minuto.
  5. Vierte el vino blanco y déjalo evaporar. A continuación, añade el caldo hasta cubrir 3-4 dedos y cocínalo 10 minutos a fuego lento.
  6. Incorpora la langosta y el bogavante a la olla y cocínalos 5-6 minutos.
  7. Añade la pescadilla, jurela y besugo, y cocínalos 10 minutos sin remover, moviendo la olla con vaivenes. Al final, agrega la carne del buey y del centollo, ajusta la sal y apaga el fuego.

Presentación

Sirve en platos hondos con un buen cucharón de caldo y un poco de perejil picado por encima. Acompaña con pan tostado para disfrutar el jugo.

 

Elisabet Pegueroles es historiadora del Arte y apasionada de la gastronomía

 

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