Bajo la luz de Zarandona, alumnos, maestros y empresas tejieron un banquete de gratitud que honró el legado formativo de La Flota

El salón «La Casa de la Luz», en la avenida de Zarandona número 42, se convirtió este martes 17 de febrero en un templo efímero de la gastronomía murciana, donde 189 comensales —entre antiguos y nuevos alumnos, proveedores, profesores, empresas patrocinadoras y autoridades— celebraron con emoción contenida los treinta años de trayectoria de la Escuela de Hostelería y Turismo La Flota.
LasGastrocronicas.com fue invitada al evento para realizar esta amplia galería fotográfica:
Desde la terraza, donde el cóctel inaugural despertó los sentidos con jamón al corte, quesos DOP de Murcia y el crujiente de arroz con mejillón en escabeche, hasta las mesas donde se desplegó un menú degustación de autoría estudiantil, cada detalle fue concebido, elaborado y servido por los propios alumnos del centro, demostrando que la excelencia formativa no reside en los discursos, sino en el tacto de unas manos jóvenes que dominan el cuchillo, la sartén y la copa con la serenidad de quienes saben que el futuro del sector ya les pertenece.
El acto, presidido por el consejero de Educación y Formación Profesional, Víctor Marín, trascendió lo protocolario para convertirse en un homenaje coral a tres décadas de compromiso con el talento regional.

Marín destacó cifras elocuentes: las 1.200 plazas anuales que oferta la Comunidad para FP en hostelería y turismo, la empleabilidad del 80 % de los egresados y el descenso del 11 % en el paro interanual de este colectivo.

Pero fueron los gestos los que escribieron la crónica más auténtica: la entrega de distinciones a empresas colaboradoras como Estrella de Levante, José Díaz, Makro, Rational y Sercotel Amistad; el reconocimiento emocionado a la profesora Cristina Gómez Esplá, treinta años forjando panaderos, pasteleros y cocineros con la misma pasión del primer día; y el momento culminante en que cuatro alumnos —Diego Martínez, Mohamed Ghaghi, Daniel Pérez y Nahuel Carmona— recibieron sus chaquetillas blancas antes de partir a Madrid para representar a la Región en las olimpiadas SpainSkills’26.

El menú, concebido como un viaje sensorial por la identidad murciana reinterpretada, desplegó su narrativa en cinco actos: el tataki de atún con fideos de calabacín y kimchee, maridado con un espumoso Mediterráneo De Nariz 2021; la brandada de bacalao con asadillo de pimientos y naranja, acompañada del blanco fermentado en barrica de Bodegas Alceño; la suprema de corvina al azafrán con turrón salino; la crepineta de cordero y chapinas bañada en glacé de romero junto al tinto 3000 años de Bodegas del Rosario; y el postre «Aromas», donde el chocolate dialogó con la «Flor de Cuquillo» al ritmo del dulce Bellum de Barahonda. Entre copa y copa, los vinos de las tres DO murcianas —Bullas, Jumilla y Yecla— tejieron un mapa líquido de la tierra que nutre el proyecto.
En las mesas, rostros de distintas generaciones compartieron recuerdos: antiguos directores del instituto, la primera promoción de alumnos de la escuela —hoy chefs consolidados—, periodistas especializados y representantes de asociaciones gastronómicas observaban con orgullo cómo aquellos fogones que en 1996 encendieron una apuesta educativa hoy alumbran un ecosistema profesional en plena madurez.

Mientras los estudiantes de Fabricación Mecánica del IES Sanje (Alcantarilla) entregaban las piezas conmemorativas que ellos mismos habían forjado, quedó patente que La Flota nunca fue un mero centro formativo: fue —y sigue siendo— un puente entre el aula y la realidad, entre la teoría y el fogón, entre el sueño juvenil y la chaquetilla blanca que hoy visten cuatro jóvenes rumbo a Madrid. Treinta años después, el legado se mide no en diplomas, sino en manos que saben cortar, sazonar y servir con la certeza de que el mejor ingrediente siempre ha sido —y será— el compromiso.


























