“El vestido es comunicación y poder”
“Mi padre se opuso a que fuera sastre: ni quiero maricones ni eres Oscar de la Renta”
“Si visto de gris o azul no vendo nada”
“Si quieres comunicar estatus, lleva buenos zapatos y buen reloj. Si eres mujer, unos stilettos”
“Vestir es un lenguaje que da información de quién eres y confunde al enemigo”
Por María José Cavadas
-Omar Enrique lleva el vestir hasta sus últimas consecuencias. Donde no llega la palabra llega el vestido. Incluso antes de que abras la boca, ya te has presentado.
Quedo con Omar en su sastrería, pero la entrevista comienza mucho antes. En mi cuarto. Probándome ropa, en plan esto sí, esto no, hasta que el armario entero forma una pila de prendas sobre la cama. Sé que la vestimenta es un lenguaje. Y Omar conoce bien ese abecedario.
Desde que le vi una noche a la salida del teatro no he podido quitármelo de la cabeza. ¿Eso es comunicación?
-Vestir es un lenguaje que da información de quién eres y confunde al enemigo.
-Omar Enrique Matos, dominicano, piensa en la moda desde los siete años.
-Mi madre trabajaba en ingenio, una fábrica de caña de azúcar para la exportación. De allí me traía la revista “Vanidades” donde aparecía Carolina de Mónaco. En aquel pueblito no había mujeres tan hermosas. Carolina era un sueño.

-La última página la ocupaba Corín Tellado.
-Aquellos artículos modificaron mi relación sentimental. Corín Tellado era como las 50 Sombras de Grey, pero trataba los temas de forma filosófica.
-Su abuela, “modista frustrada” le enseñó a manejar la Singer de pedales y le hacía patrones que luego aplicaba a las camisas.
Hasta ahí llegó su escarceo con la sastrería. Su padre le llevó a Nueva York donde le dejó bien claro el camino.

-Yo quería estudiar moda, pero él se opuso. “En mi casa no hay maricones y tú no eres Oscar de la Renta”.
-Como la tentación está en todas partes, Omar aprovechó que su escuela estaba situada enfrente de Ninos Fashion, en Dyckman Street con Broadway para embobarse en los escaparates de moda.
Vestido y poder
-Entendí que vestir bien es poder y que, desafortunadamente la gente te respeta por lo que ve, no por lo que eres. Te abren o te cierran puertas por la apariencia, especialmente si eres mujer.
-Aprendió las lecciones con las que se iba encontrando, incluidas las que le dejó su padre a pesar de la pésima relación: el esfuerzo, la lealtad ,” que no fidelidad porque era un infiel irredento” y el gusto por la ropa.
-Era un hombre muy bruto, pero conservaba rituales donde la vestimenta era fundamental.Los domingos había que vestirse perfectamente, cuidando los zapatos y la americana.

-Y mantuvo hasta el final de sus días el gusto por una apariencia pulida.
Pidió que le enterraran con su mejor reloj y unos zapatos de Santoni. Me jodió que se llevara esos zapatos tan caros a la tumba.
Zapatos carísimos y las lágrimas de esposas y amantes para el adiós.
-El féretro estaba flanqueado por cuatro mujeres, ninguna de ellas era mi madre. Estaba la que era su mujer entonces, Milagros, una bajita regordeta y otra rubia de pelo corto. Así que me acerqué a su oído y le dije: “No te puedes quejar, te vas como un pachá”.
-Le comento que yo hubiera dado no sé qué por asistir a un entierro como ese. Todos los funerales que me han tocado son una sosería, ni peleas ni navajas.
La sastrería, un pequeño local, decorado con sofás de estilo francés y cuadros de gran formato, es un catálogo de sus outfits, como se denomina ahora al conjunto de prendas con las que se quiere expresar algo. Tejidos brillantes, colores que ni se te pasarían por la cabeza, combinaciones de camisas, corbatas, chalecos, tan llamativas que podrías localizarlo en medio de una grada abarrotada del Bernabéu en día de Champions.
-Vestir es mi forma de expresarme. Quiero ser diferente. Si visto de gris o de azul no vendo nada. Además, tengo que nadar en las redes.

-Graduado por la Universidad, empezó a trabajar para la firma Kenneth Cole en el departamento de donaciones. Luego como agente de modelos para la firma Vision Model Management. En el ambiente profesional pululaba Eric Trump, hermano del actual presiente de los Estados Unidos y Paolo Sampolli, representante diplomático vinculado a Dominica ante la ONU. A través de su empresa ID Models se contrataban niñas para los casting. “Y ya se rumoreaba cosas raras”.
Sedas y botonaduras
A través de la agencia Elite Management dio el salto a Barcelona, pero la crisis del 2010 le dejó varado en una ciudad desconocida, sin papeles, sin nada. “Ser inmigrante no es nada divertido”, pero las lecciones de su padre le vinieron al pelo. Trabajó como profesor de inglés, en Carrefour y vendiendo pollos en el Popeyes de Cuatro Caminos.
Un abrigo de segunda mano original de Yves Saint Laurent, “tuneado”, con un gran broche de la misma firma en la solapa y unas gafas de con forma de huevo frito atrajo la mirada de una editora de Miami. Y otra vez la resurrección.
Su clientela se nutre de empresarios y abogados, gente que nunca te la imaginarias en tecnicolor. Hace falta mucho valor para presentarse en el consejo de administración vestido de rosa.
-Pues los hay. Yo escucho al cliente, lo que quiere, pero no sabe expresarlo. Tienen que verlo a través de mis ojos. Tener la certeza de lo que se espera.

-Eso es fe.
La fe de Omar está hecha de forros de seda, botonaduras, pespuntes en amarillo, hasta conseguir que el empresario anónimo que entró en su sastrería, al que nadie miraría en el metro, se eleve y adquiera relieve.
-Hablo con ellos y llego a lo emocional. No los transformo, creo la mejor versión de ellos mismos.
-Eso me suena. Quienes nos dedicamos a la comunicación sabemos que la transformación es alcanzar la mejor versión. Omar sabe que la apariencia es una forma de comunicación, la prueba es él mismo. “Quiero ser Diana ( de Gales) en un mundo de kardashians.
Parecer de “a millón”
-De acuerdo, empecemos por las primeras letras del abecedario. Cómo hago si quiero dejar claro que soy el jefe sin decir una palabra?
-Con prendas que respeten el cuerpo, con los hombros bien “aplomados”. Da igual que sean de la firma Chanel o Shein. Si eres hombre, importantísimo invertir en unos buenos zapatos. Y un buen reloj.

-Y si soy mujer?
-Stilettos (tacón de aguja), vestido negro corto y pelo que “valga un millón”. Los hombres pertenecemos al reino animal y nos guiamos por el perfume y el movimiento.
Pongamos que quiero mostrar que soy una persona influyente.
Aquí manda el principio minimalista de “menos es más”. Tejidos de calidad. Vestir correctamente es una responsabilidad personal. Vestir bien es una forma de buenos modales.

-Y si quiero despistar, que se queden pensando, éste de qué va?
-Sigue tu intuición. Se fiel a quién eres. Si eres calvo, pisa con seguridad. La ropa es una forma de expresión personal. En lo que vistes hay pistas sobre quién eres.
El estilo es un comportamiento aprendido y tarda en manifestarse. “Es como el bambú, lo siembras y durante seis años no ves nada, pero un día sale de la oscuridad.
-Usted ha debido plantar mucho bambú o gastar mucho dinero, para hacer esas combinaciones que a mí no se me pasarían por la cabeza.
-He comprado trajes de dos euros con los que parezco de “millón” y tengo “príncipes de gales” de hace más de cuarenta años. Entro en los portales de segunda mano y miro y miro las cosas hasta que encuentro algo que se parece a mí.

-Pues llevo dos horas y creo no haber aprendido nada. He visto desfilar camisas de sedas brillantes, chaquetas de cuadros con guantes negros, estampados mareantes con una flor blanca en la solapa, combinar todo eso con gafas violetas y me da vueltas la cabeza.
-Para que todo eso funcione las prendas tienen que conversar.
Omar Enrique Matos. Tik Tok-Instagram @sastreriaeliezer

María José Cavadas es periodista
Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.
Formadora en Habilidades de Comunicación y Liderazgo.
Miembro de la Federación de Asociaciones de Periodistas de Turismo (Fijet)

























