Una naturaleza muerta llena de color que, pocos días antes de su muerte, se convirtió en una inesperada celebración de la vida
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Por Elisabet Pegueroles
Kahlo pintó, en 1954, Naturaleza muerta: Viva la vida, que se conserva en el Museo Frida Kahlo, en la Casa Azul de Coyoacán. En la sandía del primer plano escribió: “Viva la vida-Frida Kahlo-Coyoacán–México”. Proclamar “Viva la vida” ocho días antes de morir es una afirmación de vida hecha desde la cercanía de la muerte. Al escribir junto a su nombre “Coyoacán, México, 1954”, Frida sitúa su mensaje vital en un lugar, un tiempo y una identidad concretos, y hace de la obra una expresión de la dualidad entre la vida y la muerte.

Kahlo pintó esta obra con óleo sobre un panel rígido de fibras de madera prensadas, llamado masonite. El óleo ayuda a que los rojos de la pulpa, los verdes de la corteza sean intensos y permite crear fuertes contrastes entre las sandías. Y el soporte rígido, la masonite, permite que las zonas planas de azul, verde y rojo aparezcan nítidas. Por eso las sandías parecen recortadas contra el fondo.
La composición es sencilla y frontal. Algunas sandías parecen flotar o no apoyarse claramente sobre una superficie porque Kahlo no utiliza una perspectiva ni unas sombras muy definidas. Las frutas aparecen superpuestas en un espacio casi plano, donde lo más importante son sus formas, colores y significado, no su peso o su posición real. Hay diferentes formas: sandías enteras, mitades que muestran la pulpa y gajos triangulares. Esta diversidad evita que la composición resulte estática. Las formas redondeadas contrastan con los cortes triangulares, creando un juego entre lo curvo y lo recto.

El color es uno de los elementos que más destaca. Frida Kahlo utiliza colores intensos, especialmente el rojo, que transmite fuerza, energía y vitalidad; el verde recuerda a la naturaleza y contrasta con el rojo; el blanco sirve de transición entre la pulpa y la corteza; y el azul del fondo aporta luz y una sensación ligeramente misteriosa.
La pincelada se puede ver, ya que Kahlo quiere destacar su presencia y no busca una representación totalmente naturalista. La pulpa está pintada con manchas y pinceladas gruesas que hacen que parezca húmeda y con textura. La fruta se vuelve casi táctil.
La cáscara dura protege la pulpa roja, dulce y jugosa. Al cortar la sandía, su interior queda al descubierto. Este contraste entre el exterior y el interior puede representar la revelación de lo que está oculto y la vulnerabilidad de aquello que queda expuesto. Las frutas cortadas también hacen que la composición resulte sensorial. La pulpa, el jugo y las semillas hacen que podamos imaginar su textura y su sabor. Por eso, las sandías representan también placer y abundancia.
Además, una fruta madura no dura para siempre. Una vez cortada, queda expuesta y comienza su deterioro. Kahlo combina así dos ideas: la intensidad de la vida y su carácter pasajero. Por otra parte, la presencia de la tierra relaciona la obra con el ciclo de la vida y la muerte.
En resumen, es una obra que celebra la vida con una imagen alegre y colorida, pero que también recuerda que la vida es frágil, cambiante y limitada. La frase «Viva la vida» refuerza precisamente esta idea: disfrutar y valorar la vida a pesar de su brevedad.
Gazpacho fresco de sandía y tomate
Ingredientes:
- 600 gr de sandía bien fría, sin pepitas
- 400 gr de tomate maduro
- 1 pepino mediano
- ½ pimiento rojo
- ¼ de cebolla pequeña
- 1 diente de ajo pequeño
- 2 cucharadas de AOVE
- 1 cucharada de vinagre de manzana
- Unas hojas de albahaca fresca o hierbabuena
- Sal al gusto y pimienta negra
Preparación
- Trocea la sandía, el tomate, el pepino y el pimiento.
- Pon todo en la batidora con la cebolla, el ajo, el vinagre y una pizca de sal y tritúralo hasta conseguir una crema completamente fina.
- Añade el AOVE poco a poco mientras sigues batiendo. Así queda más sedoso y emulsionado. Prueba y ajusta de sal, pimienta y vinagre. Si la sandía está muy dulce, un poquito más de vinagre le dará contraste.
- Guarda en la nevera al menos una hora. Servirlo muy frío es clave.
- Sírvelo en cuencos y añade por encima:
- Dados diminutos de sandía
- Unas hojitas de hierbabuena o albahaca
- Un hilo finísimo de AOVE
- Pimienta negra recién molida
Toque último o consejo: pon por encima pequeños dados de queso de cabra para darle un contraste salado y cremoso; y congela unos cuantos dados de sandía para usarlos como “cubitos de hielo” al servir, ya que enfrían el gazpacho sin aguarlo.

Elisabet Pegueroles es historiadora del Arte y apasionada de la gastronomía
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