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Por Elisabet Pegueroles
Realizado en 1955, Le Coq Bleu (El gallo azul) de Marc Chagall, es una obra ejecutada en gouache, acuarela y lápiz de cera en papel sobre lienzo, perteneciente a una colección particular.

La composición abre la puerta a un universo de acusada libertad técnica y cromática. Un inmenso gallo azul domina la escena sosteniendo un exuberante ramo de flores. Al fondo, se despliega un paisaje nocturno bajo la coexistencia de una luna creciente y un disco azul sobre el horizonte acuático. Todo resulta familiar y, al mismo tiempo, profundamente extraño: ahí radica la esencia lírica de Marc Chagall.
Aunque convivió con las grandes vanguardias históricas, la pintura de Marc Chagall (1887-1985) constituye un territorio propio. Su infancia en Vitebsk quedó marcada por las tradiciones religiosas, las festividades populares y el folclore ruso; un universo simbólico que permaneció intacto en su memoria tras dejar su tierra natal e instalarse en Francia.

Chagall decidió plasmar lo intangible: los recuerdos, la nostalgia, el amor y la espiritualidad. Como señaló André Breton:
«Con Chagall y solo con él hizo la metáfora su entrada triunfal en la pintura».
Sin embargo, aunque Chagall compartía con los surrealistas el interés por los sueños y lo irracional, no se identificaba con su forma de entender el arte. Para él, el mundo interior y los sueños eran una realidad auténtica y no una fantasía; consideraba que imaginación y la realidad podían convivir sin contradicción. Toda la producción de Chagall puede entenderse como una autobiografía visual: pinta recuerdos y emociones. Le Coq Bleu pertenece a esa poética. En él, Chagall construye una atmósfera de realismo mágico o lírico:
En un análisis compositivo y cromático vemos que la figura monumental del gallo articula la escena. Su rostro antropomórfico posee una mirada melancólica, mientras que de su cuerpo emerge una mano humana que sostiene el ramo. A la izquierda, un árbol estilizado y la doble presencia celeste (luna llena y creciente) suspenden el tiempo cronológico para adentrarnos en la lógica del sueño.
El color en Chagall es emocional e intelectual. La obra está inmersa en gamas de azul que representan la noche, lo sagrado, la paz interior y la nostalgia del hogar. El ramo de flores con rosas rojas actúa como un foco de calidez afectiva que rompe la frialdad del azul. Por su parte, el pico del ave y las lunas en tonos amarillo guían la mirada del espectador en diagonal.
La técnica del gouache permite superponer veladuras y dejar la pincelada visible. La aparente ingenuidad del trazo evoca el arte popular ruso o las ilustraciones infantiles.
Para entender esta obra hay que descifrar la iconografía de Chagall.
El gallo, en la tradición judía y en el imaginario del artista, es símbolo de fertilidad, renacimiento y sacrificio. Funciona aquí como un alter ego o guardián de la memoria.
El ramo es una prolongación del propio cuerpo del ave. Encarna el amor floreciente, la fragilidad de la belleza y la alegría de vivir.
La fusión entre lo humano y lo animal representa la disolución de los límites del «yo» a través del amor y la ensoñación.
Le Coq Bleu se erige como un poema visual donde el amor (el ramo), la espiritualidad y la nostalgia (el azul y el gallo), y la magia de la noche se entrelazan. Chagall no pinta la realidad exterior, sino la huella emocional de sus recuerdos.

Gallo estofado al vino y arándanos con puré de patata morada
Ingredientes:
- 1 gallo de corral troceado (1,5-2 km)
- 500 gr de patatas moradas
- 2 cebollas moradas
- 2 dientes de ajo
- 200 ml de vino tinto
- 150 gr de arándanos frescos
- 300 ml de caldo de ave
- 2 ramas de romero y 2 de tomillo
- Aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta
Preparación
- Salpimienta los trozos de gallo. (Si los enharinas ligeramente la salsa quedará más ligada). Dóralos, con un buen chorro de aceite en una cazuela amplia, por tandas, 3-4 minutos por lado, que tengan color intenso y resérvalos.
- En la cazuela, sin limpiarla, añade la cebolla cortada en juliana. Si hace falta añade un poco más de aceite. Cocínala a fuego medio12-15 minutos que esté tierna y empiece a caramelizar. Añade el ajo picado y cocina un minuto más.
- Vierte el vino, raspa la cazuela y deja hervir 5 minutos.
- Añade la mitad de los arándanos, el caldo, el romero y el tomillo.
- Mete el gallo en la cazuela y tapa. Cocina a fuego muy suave entre 1 hora y 45 minutos y 2 horas, dando la vuelta a los trozos cada 30 minutos.
- Mientras, cuece las patatas con piel 30-35 minutos. Pélalas cuando estén templadas y tritúralas con un poco de mantequilla, aceite, sal y unas cucharadas de leche caliente o nata hasta obtener un puré cremoso.
- Cuando el gallo esté tierno retíralo de nuevo y reduce la salsa hasta que espese. Añade los arándanos restantes, y rectifica de sal. Introduce de nuevo el gallo que se impregne bien de la salsa durante 2-3 minutos.
Presentación
Haz una quenelle de puré de patata morada en el plato y napa la pieza de gallo con abundante salsa de vino y arándanos.

Elisabet Pegueroles es historiadora del Arte y apasionada de la gastronomía
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