El Decreto 05/2026 otorga personalidad jurídica a la institución fundada en 2010, que se une a otras ocho academias regionales para defender el patrimonio culinario como motor de identidad y desarrollo económico
El aroma a guiso de olla y azafrán tostando en la sartén acaba de adquirir rango institucional. El Consejo de Gobierno de la Región de Murcia ha aprobado hoy el Decreto 05/2026, que eleva a la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia a la categoría de corporación científica y cultural de derecho público, consolidando así la cocina murciana como disciplina digna de estudio, protección y proyección al nivel de la medicina, las bellas artes o las ciencias veterinarias.

Con esta decisión, la Región suma su novena academia reconocida oficialmente bajo el marco de la Ley 2/2005, de 11 de marzo, uniéndose a instituciones como la Real Academia Alfonso X el Sabio, la de Medicina y Cirugía, la de Bellas Artes Santa María de la Arrixaca, la de Ciencias, la de Farmacia, la de Ciencias Veterinarias, la de Legislación y Jurisprudencia, y la de Odontología. Un elenco que refleja la vocación de Murcia por preservar y dinamizar el conocimiento en todas sus manifestaciones, desde lo más abstracto hasta lo más tangible: el plato que se sirve en la mesa.
Nacida en 2010 como asociación cultural, la Academia ha tejido durante quince años una labor silenciosa pero constante: investigación de recetas ancestrales, documentación de técnicas en peligro de extinción, colaboración con productores locales y promoción de la huerta como despensa viva. Ahora, con personalidad jurídica propia, asumirá funciones ampliadas como órgano consultivo del Ejecutivo regional en materia gastronómica, emitiendo informes sobre formación profesional, políticas de calidad diferenciada, turismo gastronómico y sostenibilidad en la cadena alimentaria. Su ámbito de actuación abarcará todo el territorio regional, con especial atención a la protección de tradiciones como el caldero del Mar Menor, el arroz de Calasparra o el uso ancestral del azafrán de hebra.

«Se trata de un logro necesario por el reconocimiento como entidad y como respaldo a la gastronomía de la Región», afirmó a LasGastrocronicas.com Alberto Requena, presidente de la institución, quien destacó que esta distinción no solo dignifica el trabajo de cocineros, agricultores y artesanos, sino que posiciona a Murcia en el mapa de las regiones que entienden la cocina como vector cultural y económico de primer orden. Según los estatutos aprobados, la Academia desarrollará tres ejes fundamentales: investigación rigurosa de la cultura alimentaria murciana; difusión mediante publicaciones, congresos y programas educativos; y protección activa de técnicas, variedades autóctonas y saberes transmitidos de generación en generación.
Este hito institucional llega en un momento simbólico: este sábado 21 de febrero, la Academia celebrará su Asamblea General Ordinaria en la Finca El Jardín de Cartagena —antiguo Jardín Botánico—, donde tras los asuntos protocolarios se degustará el ágape «OINOPHAGEÍN», una propuesta culinaria donde el vino se transforma en ingrediente protagonista bajo la dirección del chef Cayetano Gómez Martínez. Una metáfora perfecta de lo que representa este decreto: la gastronomía murciana ya no es solo tradición que se hereda, sino ciencia que se estudia, arte que se crea y patrimonio que se protege con las herramientas del siglo XXI.
Porque en Murcia, como bien saben quienes han crecido entre ollas humeantes y corrales de huerta, el fogón siempre fue escuela. Ahora, por fin, también es academia. Y en sus aulas no se enseñará solo a cocinar: se enseñará a entender que cada plato cuenta una historia, cada especia guarda una memoria y cada bocado, cuando se sirve con conocimiento, puede cambiar el destino de una tierra.

Por otra parte, hace unos días, LasGastrocronicas.com también daba cuenta de la publicación de un nuevo libro de recetas de Alberto Requena y la también miembro de la Academia, María Adela Díaz Párraga, ¡Alétheia. Ciencia y técnica en la gastronomía de la Región de Murcia’.
Se trata de una obra pionera publicada por Editum, la editorial de la Universidad de Murcia, que aborda la cocina murciana no solo como patrimonio cultural, sino como un campo de conocimiento donde convergen la química, la física, la historia y la antropología. Firmado por Alberto Requena Rodríguez, presidente de la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia y catedrático emérito de Química Física, y María Adela Díaz Párraga, periodista, académica y reconocida divulgadora del patrimonio culinario regional, el libro se propone ir más allá del recetario tradicional para ofrecer una “radiografía íntima” de los manjares que definen la identidad gastronómica murciana.

El guardián de los saberes: así teje la Academia de Gastronomía la memoria viva de tres mil años de cocina murciana
En un rincón del imaginario colectivo murciano, donde el aroma del azafrán se entrelaza con el rumor del Segura, existe una institución que no custodia pergaminos ni vitrinas, sino saberes vivos. La Academia de Gastronomía de la Región de Murcia —recientemente reconocida como entidad de Derecho Público mediante el Decreto 05/2026— reúne a mujeres y hombres de distintos ámbitos profesionales unidos por una convicción compartida: la cocina regional no es mero sustento, sino archivo vivo de identidad, motor económico y puente entre civilizaciones.
Fundada en 2010 como asociación cultural, la Academia ha tejido durante quince años una labor silenciosa pero determinante: recuperar recetas al borde del olvido, documentar técnicas transmitidas de generación en generación y tejer alianzas entre agricultores, pescadores, artesanos y cocineros para preservar la cadena de valor que sostiene la huerta más fértil de Europa. Su visión, alejada del individualismo competitivo, se fundamenta en la humildad y la colaboración como herramientas para transformar la gastronomía en patrimonio colectivo.

«Somos una institución que promueve la acción conjunta entre los distintos agentes de la cadena de valor gastronómica», explican desde la entidad, cuya misión trasciende lo meramente culinario para abrazar tres pilares interconectados: la divulgación rigurosa mediante publicaciones y encuentros; la recuperación activa de productos autóctonos como el arroz DOP Calasparra, el azafrán de hebra o la chato murciano; y la proyección internacional de una cocina que, según definen sus estatutos, «es fusión con tres mil años de historia».
Esa historia, única en el Mediterráneo occidental, bebe de siete civilizaciones que han dejado huella en cada plato: fenicia, griega, romana, bizantina, árabe, judía y cristiana. El caldero del Mar Menor evoca las técnicas de cocción romanas adaptadas por pescadores árabes; el uso del azafrán remite a los saberes andalusíes; las especias de los guisos dialogan con las rutas comerciales fenicias; y hasta el pan de cinta guarda ecos de las cocinas judías sefardíes. La Academia no solo documenta estas influencias: las revitaliza mediante proyectos que vinculan arqueología experimental, agricultura regenerativa y alta cocina.

Bajo la presidencia de Alberto Requena —quien celebra el reciente reconocimiento como «logro necesario para el respaldo institucional a la gastronomía regional»—, la institución ha consolidado su rol como órgano consultivo del Gobierno autonómico en materias que van desde la formación profesional hasta el turismo gastronómico sostenible. Su estructura, abierta a chefs, historiadores, sumilleres, productores y comunicadores, se organiza en comisiones temáticas que trabajan en paralelo: una dedicada a la investigación histórica; otra a la innovación técnica; una tercera a la educación alimentaria infantil; y una cuarta a la promoción internacional.
Entre sus logros recientes destacan la creación del sello «Producto Academia» para garantizar autenticidad en restaurantes y productores; la publicación de la Guía de la Huerta Viva, que mapea variedades vegetales en peligro de extinción; y la organización de encuentros como el ágape «OINOPHAGEÍN» —celebrado este 21 de febrero en Cartagena— donde el vino se transformará en ingrediente protagonista bajo la dirección del chef Cayetano Gómez Martínez.
«Hacemos Región», rezan en su lema institucional. Y lo hacen entendiendo que cada tomate raf, cada lubina del Mar Menor y cada cucharada de arroz caldoso no son solo alimentos: son versos de una epopeya culinaria que, tras tres milenios, sigue escribiéndose con las manos de quienes saben que preservar un sabor es, en esencia, preservar una forma de estar en el mundo. Porque en Murcia, como bien sabe su Academia, la memoria no se archiva en bibliotecas: se sirve en plato, se comparte en mesa y se transmite, generación tras generación, con el gesto sencillo de quien ofrece pan y aceite a quien llega del camino.
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