LasGastrocronicas.com visita el restaurante familiar donde la tradición marinera, los aperos de labranza y dos generaciones de cocineros convierten cada plato en un homenaje al Mediterráneo más auténtico
Su carta es un mapa del Mediterráneo con paradas en la huerta, la mar y la brasa
En una esquina de la avenida de San Javier, en medio del silencio apacible de esta pedanía costera de Cartagena, se esconde uno de esos lugares que no figuran en las guías turísticas, pero sí en la memoria colectiva de quienes saben que la verdadera gastronomía nace del oficio, la constancia y el cariño.

El Carpi, restaurante familiar regentado por Antonio Navarro Hernández y su hijo Antonio Navarro Contento, abrió sus puertas en este emplazamiento en 2022, tras una trayectoria que comenzó en San Ginés en 2006, continuó en Morata y ahora florece con fuerza en La Aparecida, donde ya acumula tres años de fogones encendidos y mesas llenas.
Galería fotográfica de la visita de LasGastrocronicas.com a El Carpi:
Recientemente, LasGastrocronicas.com tuvo el privilegio de visitar este rincón durante la celebración de sus Jornadas del Pulpo, una fiesta gastronómica que, lejos de limitarse a un fin de semana, se ha extendido a quince días consecutivos en enero, coincidiendo con la festividad de San Antón. Y es que en El Carpi, el pulpo no es un ingrediente: es un personaje principal, un motivo de orgullo y una excusa perfecta para reunir a vecinos, forasteros y devotos del mar.

Durante nuestra visita, pudimos degustar algunas de las diez elaboraciones en tapa que forman parte del menú especial: el pulpo al ajillo, vibrante y aromático; el encebollado, tierno y envuelto en cebolla caramelizada; y el pulpo a la cartagenera, con su toque de aceite y su aroma marinero que evoca las caletas del litoral. Cada bocado era un recordatorio de que aquí no hay atajos: el pulpo llega “de la lonja a la mesa”, como explican desde la cocina, y se cuece con paciencia, respetando los tiempos que dicta la experiencia.

Pero El Carpi es mucho más que un templo del pulpo. Es, ante todo, un refugio de identidad. Su nombre —una abreviatura cariñosa de “carpintero”— rinde homenaje al oficio original de Antonio padre, antes de entregarse por completo a la hostelería.

Esa herencia artesanal impregna cada rincón del local: paredes beiges con arcos de ladrillo visto, estantes repletos de aperos de labranza auténticos —trillos, yugos, lebrillos, capazos de mimbre— y, en un lugar destacado, un relieve policromado en madera que representa una cacería con perros, obra que parece observar con benevolencia a los comensales.

Incluso una antigua picadora de carne y una pala de panadero forman parte de la decoración, no como objetos decorativos, sino como testigos mudos de un pasado rural que aún late en la cocina.
El espacio está dividido en dos zonas bien definidas: una barra acogedora nada más entrar, ideal para tapear o tomar un vino de Jumilla, que sirve como vino de la casa, y un salón amplio con capacidad para 60 personas, distribuido en dos estancias. Una de ellas, reservada, alberga hasta 30 comensales y cuenta con una ventana abierta a la barra, desde donde el equipo de sala —formado por Arancha, María, Culín y Tomás— coordina el servicio con precisión y cercanía. En la cocina, junto a los dos Antonios, trabajan Vito y Juanki, completando un equipo compacto de seis personas, que se refuerza los fines de semana para dar respuesta a la creciente demanda.

La filosofía del restaurante es clara: cocina casera, honesta y de proximidad. Además del pulpo, destacan sus arroces a la leña, sus paletillas de lechal al horno, el marisco fresco y los pescados de temporada. Pero también sus postres, elaborados en casa, como el arroz con leche, cremoso y perfumado, o el pan de Calatrava, jugoso y con ese punto justo de canela que reconforta el paladar.
Su oferta gastronómica
El restaurante El Carpi, ubicado en el corazón de la pedanía costera de La Aparecida, ofrece una propuesta gastronómica que combina con equilibrio la tradición marinera, la cocina de proximidad y el respeto por los productos de temporada. Su carta, lejos de seguir modas efímeras, se erige como un homenaje a lo auténtico, con platos que reflejan décadas de experiencia en fogones familiares y una clara apuesta por la calidad sobre la espectacularidad.

Desde el primer bocado, el comensal se adentra en un universo de sabores mediterráneos. Las ensaladas abren el recorrido con opciones como la “El Carpi” (9 €), una composición fresca de lechuga, tomate, cebolla, remolacha, zanahoria, huevo duro, aceitunas y atún, o la más contundente “Ensala da Salada” (13,50 €), que incorpora bonito, huevas y anchoas. Para quienes prefieren picar, el local ofrece una selección de tapas caseras: croquetas, empanadillas, torta de camarón, torpedos de gamba y tigres, todas elaboradas diariamente en su cocina.

Los entrantes revelan el alma del establecimiento: el pulpo a la cartagenera (16 € ración) emerge como uno de sus buques insignia, junto a clásicos como los chipirones a la plancha, los calamares a la andaluza o el siempre acertado tocino ibérico con ajos. No faltan tampoco los embutidos y quesos curados, servidos en raciones generosas para compartir.

La sección de mariscos y conservas de la casa pone el acento en la excelencia del producto del mar: almejas al ajillo, mejillones al vapor o en escabeche, boquerones fritos y anchoas del Cantábrico —tanto al natural como en mantequilla— completan una oferta que respeta los sabores limpios y la materia prima de primera calidad.

En carnes, El Carpi apuesta por cortes de ternera —solomillo, entrecot y chuletón—, así como por especialidades como el secreto ibérico (14,50 €) o la paletilla de cordero lechal al horno (24,50 €), esta última sujeta a disponibilidad. Todos los segundos platos principales incluyen guarnición de patatas fritas y pimiento asado, en un guiño a la cocina hogareña.

Pero donde el restaurante despliega toda su maestría es en su apartado de platos por encargo, pensados para dos o más personas. Aquí destacan sus paellas a la leña, elaboradas bajo demanda: desde la clásica de conejo (9 €/persona) hasta las más sofisticadas de marisco (16 €) o pulpo (13,50 €). También figuran asados de pollo, dorada o cordero, y preparaciones como el conejo al ajillo (36 €), plato estrella de la casa.
La experiencia se completa con una carta de vinos cuidadosamente seleccionada, que incluye referencias de Jumilla —como Bruma de Arajé o Juana la Loca—, blancos de Rueda, cavas ecológicos y crianzas de Rioja y Ribera del Duero, con precios por copa y botella adaptados a distintos momentos y presupuestos.

En El Carpi no hay artificios ni pretensiones. Solo fogones encendidos, manos expertas y una filosofía clara: cocinar bien, con productos honestos y un trato cercano. Una carta que, más que un menú, es una invitación a sentarse, disfrutar y volver.
Lo que más impresiona, sin embargo, no es solo la calidad de los platos, sino la atmósfera. En El Carpi no se siente la presión del tiempo ni el ruido de lo efímero. Aquí se ríe fuerte, se canta bajo, se brinda con vino tinto y se comparte el último trozo de pan con quien lo mira con deseo. Es un sitio, como escribió un cliente hace tiempo, “para un Manducare sin condicionantes actuales”.

Con sus Jornadas del Pulpo, El Carpi no solo celebra un producto, sino una forma de entender la vida: lenta, compartida y arraigada en el territorio. Y si alguien duda de su éxito, basta con ver cómo, día tras día, las reservas se agotan y los comensales repiten, no solo por el pulpo, sino por esa sensación de haber encontrado un hogar… con sabor a mar y madera.

- 📍 Restaurante El Carpi – Av. de San Javier, 76, La Aparecida (Murcia)
- 📞 868 08 85 95
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