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GASTROCRONICAS

La realidad al otro lado del mortero: el truco de magia de Velázquez

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Por Elisabet Pegueroles


 

El bodegón que nos mira de frente


 

Cristo en casa de Marta y María (1618) es una de las joyas de la etapa sevillana de Velázquez que podemos encontrar en la National Gallery de Londres. La obra pertenece al género del «bodegón a lo divino«, donde una escena cotidiana de cocina ocupa el primer plano mientras que el tema religioso queda relegado al fondo.

Basándonos en el análisis técnico de Bartolomé Mestre Fiol, lo fascinante de este cuadro es cómo Velázquez nos integra en la escena. Utiliza un juego de espejos donde el reflejo muestra lo que ocurre en nuestro lado de la realidad: nosotros ocupamos el lugar de los testigos y miramos por encima del hombro de Jesús. Es un ensayo de perspectiva increíble que rompe las barreras del lienzo, el mismo concepto que el autor elevaría a la maestría décadas después en Las Meninas. En ambas obras, el espejo revela aquello que, a simple vista, es invisible.

La protagonista no oculta su fastidio. Con un gesto de evidente enfado, la joven encarna el papel de Marta, la hermana ‘atrapada’ en las tareas domésticas mientras el mundo se detiene al fondo del cuadro. La anciana que aparece a su lado actúa como un puente moral; le señala la escena de Jesús y María para recordarle que el trabajo no lo es todo. Se describe su expresión como una mezcla de reproche y consejo. Ella subraya el agobio de la joven Marta, recordándole las palabras que se pronuncian en la escena bíblica (Lucas 10:38-42). Curiosamente, la cocinera no mira al espectador, sino al espacio donde se encontraría Jesús, cuya imagen vemos devuelta por el espejo.

La magia de la composición reside en su orden: Velázquez crea una línea invisible que arranca en la esquina inferior izquierda y nos empuja suavemente hacia el fondo. Es una coreografía visual que engaña al ojo, logrando que la profundidad de la cocina parezca mucho mayor de lo que el marco permite en realidad. El pintor nos hace sentir el peso de cada elemento; el brillo de las escamas parece húmedo, como si los pescados estuvieran recién capturados. Esta textura contrasta con el blanco puro de los huevos sobre la loza con su delicada cáscara, un punto de luz esencial en una obra de técnica tenebrista y fuertes contrastes.

Aunque el colorido es sobrio, predominan los tonos tierra y ocres con un dominio del brillo asombroso. Fijaos en la jarra de cerámica: se puede sentir la porosidad del barro, o en la piel blanca de los ajos que parece casi real.







En este escenario, Mestre Fiol destaca un detalle clave: el dedo índice de la anciana apunta hacia la joven, pero sin llegar a hundir la tela de su manga. Esta falta de contacto físico refuerza la idea de que ambas escenas están conectadas de forma espiritual, no material. La anciana dirige nuestra atención hacia la joven y actúa, en definitiva, como la narradora silenciosa dentro del cuadro.

Inspirándonos en los ingredientes que Velázquez inmortalizó, hoy preparamos un plato que bien podría haber salido de aquella cocina sevillana del Siglo de Oro…

Jurelas en escabeche templado

Ingredientes:

  • 4 jurelas frescas
  • 2 huevos.
  • 4-5 dientes de ajo.
  • 1 pimiento seco (ñora o choricero, hidratado).
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • Vinagre de vino blanco o de Jerez.
  • 1 hoja de laurel
  • 6-8 granos de pimienta.
  • Sal.
  • Pimentón

Preparación:

  1. En un mortero machaca los ajos con una pizca de sal y la carne del pimiento seco. Bien trabajado hasta obtener una pasta fina y ligada.
  2. Cuece los huevos enfría y pela y resérvalos para marinarlos en el escabeche templado.
  3. Seca muy bien las jurelas, ábrelas “en libro” y quítales la espina central. Fríelas 1-2 min por lado. Retira y colócalas en un recipiente hondo.
  4. En el mismo aceite añade el majado y rehoga suavemente sin que el ajo se queme. Incorpora una parte de vinagre y tres de agua, laurel, pimienta y pimentón. Deja hervir suavemente dos o tres minutos. Prueba y ajusta el vinagre si lo quieres más vivo.
  5. Vierte el escabeche caliente sobre las jurelas. Añade los huevos pelados y deja reposar de una a dos horas.

Presentación:

Sirve en plato de barro las jurelas bañadas en su escabeche y los huevos cortados por la mitad, ligeramente teñidos por la salsa. Acompaña con pan rústico para disfrutar el aceite aromatizado.

Elisabet Pegueroles es historiadora del Arte y apasionada de la gastronomía


 

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