La artista visual murciana desgranó su trayectoria ante un público entregado, transformando lienzo en palabra y convocando a la reflexión colectiva bajo el ciclo ‘Alados Diálogos’
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La sala del Congresillo del Real Casino de Murcia respiraba expectación cuando las agujas del reloj marcaron las 20:00 horas de la jornada de ayer, jueves primaveral. El público, diverso y atento, llenó cada butaca disponible para presenciar una cita que prometía trascender el formato convencional de conferencia. Carmen Cantabella, artista visual de reconocida trayectoria en el panorama murciano, tomó la palabra para desatar, tal y como anunciaba el título de su ponencia, «la libertad como arma arrojadiza».
LasGastrocronicas.com asistió al evento para realizar esta galería fotográfica:
Bajo el paraguas del ciclo «Alados Diálogos», dirigido por Consuelo Mengual y coordinado por Mónica Leal, la creadora desplegó ante los asistentes un recorrido íntimo y crítico por su producción artística desde 2002 hasta la actualidad. Lejos de limitarse a una retrospectiva formal, Cantabella utilizó una cuidada selección de diapositivas de su obra para ilustrar un discurso donde el pincel se hacía verbo y la imagen, argumento. Proyección tras proyección, la sala fue testigo de cómo la artista entrelazaba apropiacionismo, estética pop y crítica social para interrogar al poder, la memoria colectiva y los mecanismos de construcción identitaria.

«No se trata de reivindicar ni condenar, sino de entender», había adelantado Cantabella en declaraciones previas, y esa premisa guió cada minuto de su intervención. Con tono pausado pero firme, la artista murciana hilvanó su trayectoria en torno a un eje central: la figura del ciudadano contemporáneo y la progresiva erosión de su libertad de expresión. Cada obra proyectada funcionó como una pieza de un rompecabezas conceptual que invitaba a repensar el papel transformador del arte como herramienta para recuperar esa libertad perdida.
La frase prestada del escritor Antonio Gala que daba título al acto —«La libertad como arma arrojadiza»— actuó como brújula a lo largo de la velada. Cantabella no solo habló de su proceso creativo, sino que contextualizó su trabajo en tiempos de incertidumbre, donde el arte se erige en espacio de resistencia y diálogo. El público, cautivado por la claridad expositiva y la profundidad de las ideas, siguió en silencio cada explicación, mientras las imágenes de sus piezas —irónicas, elegantes, contundentes— se sucedían en la pantalla.

Tras la exposición, llegó el momento esperado: la ronda de preguntas. Cantabella animó a los asistentes a participar en un coloquio abierto, fiel a su convicción de que «el arte solo cobra sentido cuando genera conversación». Las intervenciones fluyeron con naturalidad: desde consultas sobre técnicas pictóricas hasta reflexiones sobre el activismo cultural. La artista respondió con generosidad intelectual, devolviendo cada pregunta al núcleo de su discurso: la libertad se ejerce cuando se comparte.

Mientras se desarrollaba el debate, representantes de LasGastrocronicas.com documentaron la velada con una amplia galería fotográfica, capturando tanto la intensidad de las proyecciones como los gestos cómplices entre ponente y público. Las imágenes quedarán como testimonio de una noche en la que el Congresillo se transformó en un espacio donde las ideas, efectivamente, volaron —de ahí el nombre del ciclo— y se posaron para ser compartidas.

La entrada libre y gratuita hasta completar aforo, decisión organizativa reforzada por el Real Casino de Murcia, permitió que la propuesta alcanzara un carácter inclusivo y accesible. Institución y artista convergieron en un objetivo común: apostar por la cultura contemporánea como eje de programación y como motor de pensamiento crítico.

Al cierre del acto, cuando las luces se atenuaron y los asistentes abandonaron la sala con paso reflexivo, quedó la sensación de haber participado en algo más que una conferencia. Carmen Cantabella no solo presentó su trayectoria: extendió una invitación a transitar, juntos, por ese territorio fronterizo donde el arte y la libertad se encuentran. Y en un tiempo donde las certezas escasean, esa invitación sonó, más que nunca, a necesidad.

























