La Real Hermandad y el Cabildo de Murcia justifican el fin de su mandato por los nuevos estatutos y graves incidentes, mientras el afectado denuncia irregularidades, exclusión de mujeres y una «caza de brujas» contra su linaje histórico a las puertas del Centenario
Un verdadero terremoto sacude estos días los cimientos de la tradición y la fe murciana a escasos días de la Feria de Septiembre y en el marco de las celebraciones del Centenario de la Coronación de la Virgen de la Fuensanta. El Cabildo Catedralicio y la Real Hermandad de Caballeros de la Virgen de la Fuensanta han hecho efectivo el cese de Joaquín Vidal Coy como cabo de andas del trono de la Patrona de Murcia, una decisión que ha roto la paz institucional y ha desatado una guerra de comunicados, impugnaciones y acusaciones cruzadas que amenazan con terminar en el Tribunal Eclesiástico.

El próximo martes 1 de septiembre, la Capilla de los Vélez de la Catedral de Murcia será el escenario de una votación sin precedentes: los estantes del trono deberán elegir democráticamente al nuevo capitán de la «Morenica». Sin embargo, la sombra de la irregularidad y el enfrentamiento entre dos posturas irreconciliables planean sobre unas andas que, por primera vez en décadas, se quedan sin el mando de la familia que históricamente las protegió.

La postura institucional: «El fin de los cargos vitalicios y la comunión eclesial»
Desde la cúpula de la Real Hermandad, presidida por Manuel Ramón García-Garre, y el Cabildo Catedralicio, la decisión se enmarca en una estricta adecuación a la legalidad canónica y a la modernización de la institución. El Deán de la Catedral, Tomás Cascales, ha confirmado que el cese responde a la expiración del mandato de cinco años para el que Vidal fue nombrado en 2018 (y que ocupaba de facto durante ocho, heredando el puesto de su padre, Joaquín Vidal Monerri).
El núcleo del conflicto institucional radica en el reciente proceso para convertir a la Hermandad en una Asociación Pública de Fieles, lo que exigía dotar a la entidad de unos nuevos Estatutos y un Reglamento de Régimen Interno para los estantes. Según fuentes de la Hermandad, estos nuevos estatutos fueron aprobados en Asamblea General el pasado 29 de julio por una inmensa mayoría (84 votos a favor, 10 en contra y 1 abstención).

No obstante, el comunicado oficial emitido por la Hermandad va mucho más allá de la mera caducidad de un plazo. El texto acusa velada y directamente a la gestión de Vidal Coy de haber generado un «profundo deterioro de la convivencia«. Entre los motivos esgrimidos para forzar su salida destacan:
- La creación de una asociación civil paralela al margen de la Iglesia para regular a los estantes.
- La difusión de «bulos» sobre la supuesta expulsión y sustitución masiva de la dotación del paso.
- El uso indebido e ilegal de bases de datos de la Hermandad.
- Descalificaciones públicas hacia miembros del Cabildo y autoridades eclesiásticas.
- Graves incidentes y roces con sacerdotes, pedáneos y cofradías durante la reciente peregrinación de la Patrona por las pedanías murcianas, que duró 56 días.
- Decisiones arbitrarias para excluir a ciertos compañeros de la dotación del Paso.
Para el Cabildo, que cuenta con el respaldo pastoral de su consiliario y canónigo numerario, José Antonio Ibáñez García, la medida busca «evitar arbitrariedades» y dejar claro que «nadie puede considerar un cargo honorífico como una propiedad personal ni pretender perpetuarse en él».
La defensa de Joaquín Vidal Coy: «Inmoral, ilegal e impresentable»
Por su parte, Joaquín Vidal Coy ha roto su silencio para denunciar lo que considera una «caza de brujas» y un intento de las altas esferas eclesiásticas de «hacerse con el control de todos los tronos de la Región de Murcia». Lejos de aceptar el cese, Vidal ha presentado hasta tres recursos e impugnaciones apoyado por un abogado especialista en Derecho Canónico, anunciando que agotará la vía del Tribunal Eclesiástico.
«La decisión tiene todas las íes: es inmoral, ilegal, ilógica e impresentable«, sentencia Vidal, quien argumenta que el Cabildo se ha «inventado un reglamento» a medida para apartarle por ser «una persona incómoda que no se somete».

El núcleo de la batalla legal emprendida por el cabo cesado se centra en graves presuntas irregularidades en la Asamblea del 29 de julio y en la convocatoria electoral del 1 de septiembre:
- Discriminación de género: Vidal ha impugnado el censo electoral por excluir a mujeres estantes que figuraban en el Anexo 1 del reglamento previo, lo que a su juicio vulnera la Ley de Igualdad, la Constitución y el canon 208 del Derecho Canónico sobre la igualdad en el Pueblo de Dios.
- Manipulación de votos: Denuncia que en la asamblea de julio se indujo al error a los hermanos promoviendo el voto delegado para, en el último momento y de forma incomprensible, anular esos sufragios.
- Represalia: Vidal sostiene que su cese, notificado el 18 de agosto, es una represalia directa por haber impugnado previamente el proceso electoral, y califica de «absurdo» que se le destituya por «innecesariedad» a escasos días de la Romería de Bajada de la Virgen.
Para Vidal y su entorno, el trasfondo no es reglamentario, sino histórico y emocional. Su familia, los Monerri, custodiaron y salvaron la imagen de la Fuensanta durante los años más oscuros de la Guerra Civil, un legado que, según denuncian voces afines como la publicada por Elena Pérez Calderón, «no caduca cada cinco años ni se borra por decreto en plena canícula estival».

Una Hermandad fracturada en redes y en la calle
El cese ha provocado una brecha sin precedentes en la masa social de la Hermandad. Mientras que el presidente García-Garre pidió a los medios locales mantener un embargo informativo hasta después de las elecciones del martes, las redes sociales han ardido.
Devotos, parroquias como la de Santo Ángel, y numerosos caballeros han inundado internet con mensajes de apoyo a Vidal, alabando su «entrega, piedad y empatía», especialmente durante los duros años de la pandemia. Sin embargo, fuentes internas de la Hermandad consultadas por la prensa regional confirman que otro sector de los estantes apoyaba el cambio, quejándose de que el estilo de mando de Vidal se había vuelto «excesivamente brusco y estricto», dificultando la interacción popular con la imagen.
Con la Patrona de Murcia a punto de descender de su Santuario en Algezares y con el Centenario de su Coronación como telón de fondo, la «Morenica» se prepara para salir a las calles de Murcia envuelta en un clima de tensión institucional. El próximo 1 de septiembre, las urnas en la Capilla de los Vélez dictarán quién llevará la voz de mando en el trono, pero los tribunales eclesiásticos y civiles tendrán la última palabra sobre la legitimidad de una ‘guerra’ que ya ha salpicado al mismo Obispado de Cartagena.

























