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GASTROCRONICAS

El vino que no bebió Gengis Kan

Por María José Cavadas


 

A las diez de la mañana una pareja de jubilados se acomoda en las hamacas alineadas en la ribera del rio Amarillo en Lanzhou. Unos metros más allá, desperdigados, otros ciudadanos se disponen a pasar la mañana contemplando el oleaje y bebiendo té. El té es la bebida nacional junto con el licor de arroz. Sin embargo, en los últimos años el vino está ganando terreno, especialmente entre los jóvenes ¿Moda occidental, búsqueda de una bebida alcohólica con menos graduación o la irrupción de nuevos negocios? ¿O todo al mismo tiempo?

Tomando el té junto al Río Amarillo.

China se ha lanzado en plancha al negocio vitivinícola. La región autónoma de Ningxia, en el noroeste, con el doble de superficie de Bélgica, se declara “Capital del del vino” en la zona septentrional del país. La cordillera Helan la protege de los vientos y las vides que crecen a sus pies han ganado en menos de dos décadas 1.800 reconocimientos en competiciones internacionales.

En menos de dos décadas el vino de Ningxia ha ganado 1.800 reconocimientos en competiciones internacionales

Bebida de negocios

La sequedad del clima, la pobreza del suelo propicia una producción que por el momento se destine al consumo local. “Todavía se considera una bebida para ocasiones, o para los negocios”, asegura la guía que nos introduce en el Yanshi Vineyard, un Centro Cultural Nacional, en el distrito de Xixia, en Yinchuan. La bodega abarca 1.200 hectáreas, de las cuales, doscientes se dedican a los cultivos.

Entrada al Zhhui Yuanshi Winery.

Se trata de un conglomerado puesto en marcha en 2008. El complejo integra el terreno dedicado al cultivo de las vides, un espacio para demostración de los proyectos que se han llevado a cabo inspirados en principios de protección ecológica, así como una gigantesca sala de catas. Para la construcción del edificio, siguiendo un criterio estético oriental, se han reciclado materiales de minas.

El vino sigue siendo un producto caro para la mayoría de los chinos

Entrada a la bodega.

La protección del ecosistema es una constante que se repite en los proyectos de nueva creación y los chinos se afanan en destacar. Tres millones y medio de visitantes han desfilado por la instalación y ha podido comprobar el compromiso con la sostenibilidad.







Entre la montaña y el río

El complejo está situado entre las Helan Mountains y el rio Amarillo. Ambos aportan las condiciones para un “terroir” apropiado para el Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay, Pinoir, Marcelan, Shyrac y Malbec ¿Dónde va ese vino? De momento se queda en China, la producción no da para exportar. “No somos competitivos ni por la calidad ni por el precio”, explica la guía.

Sala de catas.

El lineal de un puesto de carretera ofrece una botella a 30 euros, y no creo que supere a cualquier tetrabrick

“Dales un poco de tiempo”, comenta uno de los turistas que sigue atentos a la cata que se desarrolla en un gran salón. Tres copas, blanco, rosado y tinto están alineadas junto a pequeños platitos con frutos secos y delicadas galletitas de mantequilla.

En la cata.

La sala tiene más de fiesta de cumpleaños, donde un público divertido celebra las novedades y se hace fotos sin parar. Nada que ver el rigor que en estas latitudes se aplica al proceso de olfatear y degustar un caldo.

Toneles con escenas vitivinicolas.

En un país donde el té se encuentra en todas partes (se ofrece como cortesía a la entrada de hoteles, restaurantes, tiendas, incluso puestos callejeros) el vino sigue siendo un producto caro para la mayoría de los chinos. El lineal de un puesto de carretera ofrece una botella a 30 euros, y no creo que supere a cualquier tetrabrick, pese a aparatosa la botella de cristal. “Un vino decente oscila entre los 200 y 300 yuanes”, demasiado para el bolsillo medio. “Los ancianos beben cerveza o spirits, pero los jóvenes ya beben vino los fines de semana en bares”, reitera la guía.

Galería donde se explican las características organolepticas.

“No pueden competir ni en precio ni cantidad, pero dales tiempo”

Galería sobre maridajes.

El corazón de tu ex

La cerveza es más fácil de encontrar, pero nunca a la temperatura a la que nos gusta en el Mediterráneo. De hecho, el guía que nos traduce aún recuerda el cartel colocado en la terraza de un garito español “Tenemos la cerveza más fría que el corazón de tu ex”.

A 1.218 metros de altura las vides de Ningxia reciben tres mil horas de sol al año, las precipitaciones anuales no pasan de 180 ml al año y la temperatura nocturna en los meses de verano cae a los 12,5 y 13,4 grados.

Vinos ofrecidos en la cata. Fotos: María José Cavadas.

Helan Mountein, la montaña sobre la que pivota la gran epopeya china bloquea el viento del desierto del noroeste, mientras que el Yelow River, segundo padre geológico, contribuye a crear un microclima favorecedor. El clima continental, seco y soleado dificulta el desarrollo de patógenes y facilita el cultivo ecológico sobre los grises suelos calcáreos de gran riqueza mineral que aportan el sabor de la zona.

Los lugareños aseguran que el espíritu del rio y la resiliencia de la montaña caracterizan la elegancia y armonía de un vino que no tuvo oportunidad de probar el temido guerrero Gengis Kan, caudillo mongol (1162 -1227), conquistador de buena parte del norte de China. Un nombre propio en la historia de aquel país y en el imaginario universal.

María José Cavadas es periodista

Doctora  en Ciencias de la Información por la  Universidad Complutense de Madrid.
Formadora en Habilidades de Comunicación y Liderazgo.
Miembro de la Federación de Asociaciones de Periodistas de Turismo (Fijet)


 

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