El creador de Comer, Viajar y Nada Más analiza el intrusismo en el sector, la tiranía de la viralidad y por qué se niega a convertir su pasión por los restaurantes en un negocio
En pleno debate sobre el intrusismo, el «efecto Tenerife» y las exigencias de los foodies en los restaurantes, la figura de Antonio Sánchez emerge como un soplo de aire fresco en la Región de Murcia. Lejos de la tiranía de la viralidad, los polémicos canjes y los equipos de grabación que incomodan en la sala, el creador del blog Comer, Viajar y Nada Más mantiene una premisa inquebrantable desde 2017: la gastronomía es un hobby, no un negocio. En esta entrevista, el influencer y fisioterapeuta murciano reflexiona con sinceridad sobre la ética de las colaboraciones, el respeto al resto de comensales y por qué, para él, la vida real sigue marcando el ritmo de Instagram, y no al revés.

-1. El «efecto Tenerife» y el intrusismo profesional El caso del guachinche Casa Aguere destapó el hartazgo de muchos hosteleros ante personas que exigían comidas gratis (incluso para familiares) a cambio de stories efímeras. Como referente consolidado en la Región de Murcia, ¿te has topado con este tipo de «oportunistas» en tu entorno y cómo crees que estas prácticas dañan la credibilidad de los que sí os tomáis este oficio en serio?
-Yo no me tomo el oficio de influencer como algo profesional, ni mucho menos. Para mí siempre ha sido simplemente un hobby para pasarlo bien. Me han gustado desde siempre la gastronomía y los viajes y, en 2017, me pareció divertido empezar a compartir mis experiencias, no solo con mi entorno familiar o mis amistades, sino con un público más general porque pensaba que podían resultar interesantes. Y para mí sigue siendo exactamente eso: un hobby, igual que cuando no tenía seguidores, aunque ahora tenga muchos más tanto en el blog como en Instagram.

Personalmente, no me he topado directamente con esas prácticas oportunistas, pero sí tengo cierta amistad con algunos hosteleros que me han contado que reciben propuestas de influencers o pseudoinfluencers que pretenden comer gratis o que, incluso, llegan a amenazar con hacer una mala reseña o una mala crítica si no aceptan esa comida gratuita. Eso me parece vergonzoso.
En mi caso, nunca jamás he escrito a un restaurante para proponerle una colaboración. Las colaboraciones que he realizado siempre han surgido porque ha sido el propio restaurante el que se ha puesto previamente en contacto conmigo. A partir de ahí, he valorado si era un sitio que podía gustarme y, si era así, he aceptado la invitación. Y siempre lo he hecho sin cobrar.

-2. Ética publicitaria y el «intercambio de valor» El reportaje destaca que los principales foodies murcianos defendéis que una colaboración nunca debe ser una imposición, sino un intercambio de valor real. ¿Cómo seleccionas hoy en día los locales con los que aceptas trabajar, cómo gestionas el espinoso asunto de las invitaciones y qué líneas rojas te niegas a cruzar para mantener la confianza de tu comunidad?
-Como he comentado, siempre que hago una colaboración o acepto una invitación es porque el negocio se ha puesto previamente en contacto conmigo. Yo nunca contacto con un restaurante para proponerle una colaboración. Una vez recibo la propuesta, valoro si ese local puede ajustarse a mis gustos personales. Tengo una premisa muy clara: si a un restaurante no iría pagando, tampoco voy invitado.
Además, creo que es importante poner las invitaciones en contexto: representan menos del 10 % de lo que publico tanto en Instagram como en el blog. En la inmensa mayoría de los sitios voy sencillamente porque me apetece conocerlos y pago mi cuenta, o porque voy a comer con mi familia o con amigos. Si después considero que el sitio merece la pena y que puede ser interesante que la gente lo conozca, cuento la experiencia. No hay más.

A partir de ahí, la experiencia puede gustarme más o menos e intento transmitirla siendo lo más objetivo posible. Es cierto que tiendo a destacar más lo positivo y a hacer que lo negativo pase algo más desapercibido, pero eso responde a mi propia forma de ver las cosas: intento tener una visión optimista, positiva y disfrutona de la gastronomía.
En cuanto a las condiciones, no las acepto. Tampoco es algo que me suelan plantear: ningún restaurante me dice que, por invitarme, tenga que hablar bien de él. Pero si lo hicieran, no lo aceptaría. Mi forma de actuar es exactamente la misma haya invitación o no la haya. Escribo y cuento mi experiencia con absoluta libertad. La única diferencia es que, cuando se trata de una invitación, intento darle cierta prioridad y publicarla antes.

De hecho, aunque me ha ocurrido prácticamente una sola vez, si voy invitado a un restaurante y la experiencia no ha sido buena, planteo dos posibilidades: o cuento la realidad de lo que ocurrió o no publico nada. En aquella ocasión se optó por lo segundo y no publiqué. Lo que nunca voy a hacer es publicar algo que no sea verdad.
Y, por supuesto, no cobro por estas colaboraciones. Puedo aceptar una invitación, pero nada más. Para mí esto sigue siendo diversión y un hobby. Si cobrara por hacerlo, se convertiría en un trabajo, y trabajo ya tengo y no es este.
-3. El «espectáculo» viral frente a la esencia de la huerta Se critica que la búsqueda de la viralidad ha impuesto modas cuestionables (queso fundido en cascada, hamburguesas desproporcionadas) por encima de la calidad del producto. En una tierra con tanta identidad culinaria como Murcia, ¿crees que las redes sociales están distorsionando nuestra gastronomía o consideras que los creadores locales estáis logrando poner en valor la tradición (como la marinera o el pastel de carne) adaptándola a los nuevos formatos?
-En mi caso, la verdad es que no pienso en absoluto en la viralidad cuando elijo un restaurante o un lugar que quiero conocer. No voy a un sitio pensando en Instagram o en el blog, sino simplemente porque me apetece conocerlo. Después, como consecuencia de haber ido y haber vivido esa experiencia, la comparto.

Para mí es justo al revés de lo que plantea esa búsqueda de la viralidad: Instagram no condiciona mi vida; mi vida es la que condiciona Instagram. No decido dónde voy en función de lo que pueda funcionar mejor en redes sociales, de las modas o de si un determinado plato puede hacerse viral.
Voy a los sitios que me interesan y que me apetece conocer, independientemente de todo eso, y después cuento mi experiencia. Por tanto, lo que reflejo en mis redes sociales es, sencillamente, lo que es mi vida gastronómica, sin buscar la viralidad ni adaptar mis elecciones a ella.
-4. El debate legal y la convivencia en la sala El artículo plantea el conflicto jurídico entre el derecho de admisión de los locales y la posible discriminación hacia un colectivo profesional, además de las quejas por el uso de focos y atriles que incomodan a otros clientes. ¿Cómo crees que debería ser el protocolo ideal entre un restaurante y un creador de contenido para que el trabajo de ambos (en fogones y en redes) se respete sin alterar la experiencia del resto de comensales?
-En mi caso, intento que el hecho de estar creando contenido interfiera lo mínimo posible en la experiencia del restaurante, tanto en la mía como en la del resto de comensales. Voy simplemente con mi móvil y, como mucho, utilizo puntualmente la linterna si hay poca luz. Nada más.

No grabo hablando, ni me grabo a mí mismo, ni hago ningún tipo de montaje. Simplemente tomo algunos vídeos cortos de los platos con el móvil. Después, ya en casa, edito todo el contenido y añado la voz en off. Lo hago así precisamente para intentar molestar lo menos posible, incluso a las personas que están compartiendo mesa conmigo y, por supuesto, al resto de clientes. También es mi forma de ser: me daría vergüenza actuar de otra manera y llamar la atención en un restaurante.
Ahora bien, si un creador de contenido quiere montar una instalación con focos, cámaras, trípodes, micrófonos o cualquier otro equipo que pueda interferir en el funcionamiento normal de la sala, creo que debería hablarlo y pactarlo previamente con el restaurante. Y, si no existe ese acuerdo, entiendo perfectamente que el restaurante pueda limitar el uso de ese tipo de dispositivos dentro de su negocio.

Porque también hay que ponerse en el lugar del resto de clientes. A mí, como comensal, posiblemente me molestaría tener en la mesa de al lado todo ese montaje mientras estoy intentando disfrutar tranquilamente de una comida.
-5. El futuro del sector tras el verano de 2026 Los analistas afirman que este verano ha marcado un «antes y un después», separando el grano de la paja y empujando a los restaurantes a profesionalizar las colaboraciones mediante contratos claros y tarifas pactadas. ¿Hacia dónde crees que evoluciona la figura del influencer gastronómico en Murcia a partir de ahora? ¿Veremos el fin del «canje» tal y como lo conocíamos?
-La verdad es que es algo que ni me planteo y, si lo pienso, me da un poco igual hacia dónde evolucione la figura del influencer gastronómico. Entiendo que a quien se haya tomado la creación de contenido como una profesión pueda preocuparle o interesarle especialmente cómo va a evolucionar el sector, pero no es mi caso.
Yo voy a seguir haciendo exactamente lo mismo: ir a los restaurantes que me apetezca conocer, disfrutar de la gastronomía y compartir después esas experiencias porque me divierte hacerlo, sin buscar nada a cambio.

Evidentemente, si Instagram sigue creciendo y el blog recibe cada vez más visitas, mejor. Al final, cuando haces algo que te gusta, aunque sea como hobby, es agradable comprobar que funciona y recibir ese feedback positivo. Pero si no ocurre, tampoco es algo que me preocupe ni va a condicionar lo que hago.
Y respecto a las invitaciones, exactamente igual. Si un restaurante que me gusta y que me motiva conocer me invita, estupendo; a nadie le amarga un dulce y, evidentemente, es agradable que te inviten a un buen restaurante. Pero si las invitaciones desaparecieran mañana, seguiría yendo igualmente, pagando mi cuenta y disfrutando de la gastronomía como lo hacía antes de tener el blog o las redes sociales.
Por eso, sinceramente, si el futuro pasa por contratos, tarifas, por el fin del “canje” o por cualquier otro modelo, es algo que no me preocupa demasiado. No es el motivo por el que hago esto ni condiciona mi manera de disfrutar y compartir la gastronomía.

-6. Dame unos datos sobre tu trayectoria como influencer gastronómico y cómo te localizamos en redes sociales.
-Soy Antonio Sánchez, fisioterapeuta de profesión y apasionado de la gastronomía y los viajes. Desde 2017 comparto los restaurantes que visito y mis experiencias viajeras, siempre desde un punto de vista personal y como una afición.

En Comer, Viajar y Nada Más intento descubrir y compartir restaurantes tanto de la Región de Murcia como del resto de España y del mundo, además de contar experiencias reales de mis viajes e incorporar también contenidos relacionados con un estilo de vida saludable.
Me podéis encontrar principalmente en Instagram, como Comer, Viajar y Nada Más, y en mi blog, comerviajarynadamas.com. También estoy presente en otras redes sociales como X, Pinterest y TikTok.

























