Brutal Wine Restaurant convierte Fuente Álamo en escenario de una oda gastronómica a las razas autóctonas, en una velada donde cada bocado fue un verso de tradición, fuego y territorio
Bajo la luz cálida de una noche de mayo, el restaurante Brutal Wine Restaurant se transformó el pasado viernes 22 de mayo en un auditorio del sabor. No fue una cena cualquiera: fue la Experiencia Okelan, un viaje sensorial diseñado para honrar una de las riquezas más silenciosas de la Península Ibérica: sus razas autóctonas de vacuno. Entre el tintineo de las copas y el aroma a brasa, comensales y expertos tejieron una historia donde la carne dejó de ser ingrediente para convertirse en relato. Esa noche el restaurante colocó el cartel de ‘no hay billetes’.
LasGastrocronicas.com disfrutó de la experiencia Okelan para realizar esta amplia galería fotográfica:
La velada, organizada en colaboración con la Fundación Okelan —entidad dedicada a la preservación del patrimonio ganadero peninsular—, puso sobre la mesa una premisa tan simple como poderosa: conocer para valorar. Javier Cabezuelos, representante comercial de Nicolás y Valero, guió a los asistentes a través de un mapa vivo de la biodiversidad cárnica.

«En la Península contamos con 57 razas, de las que apenas 27 llegan a comercializarse», explicó, recordando que detrás de cada corte hay un ecosistema, una historia de pastos y un legado de generaciones.

Un menú que es brújula
La experiencia culinaria, firmada por el chef Mauricio Sardella, comenzó con un preludio de panes de masa madre y aceite de oliva virgen extra Raza, una invitación a ralentizar el ritmo. Luego, el viaje se intensificó: cecina de buey y txistorra de buey abrieron el apetito, seguidas de una croqueta de guiso de rabo de vaca que fundía tradición y técnica. El carpaccio de buey, acompañado de focaccia de aceitunas negras, burratina y tomatitos cherry asados, ofreció un contrapunto de frescura y elegancia.
El punto de inflexión llegó con el steak tartar de txuleta de rubia gallega y patatas fritas, un homenaje a la nobleza de una raza emblemática. Pero fue el risotto al parmesano con lomo alto de Wagyu A5 —carne cuyo valor ronda los 200 euros el kilo— el que elevó la velada a una dimensión de lujo consciente: no por su precio, sino por la oportunidad de degustar un producto excepcional en su justa medida.
La cocina continuó su narrativa con un strogonoff de osobuco de vaca, parmentier de patata y pesto de puerro a la brasa; una picaña de vaca a la brasa con mantequilla café de París; y cerró, en un giro sorprendente y refrescante, con una sopa de sandía y sorbete de lima y menta. Cada plato fue un capítulo, cada textura, una emoción.
Vinos que susurran al territorio
El maridaje, orquestado por el sumiller Miguel Vera Alcaraz, fue el hilo conductor que unió producto y territorio. El primer compás lo marcó Cerro Macho, un blanco de uva Moscatel de Montoya y Moriles (Córdoba): fresco, floral y con la mineralidad justa para dialogar con los ahumados y las grasas nobles. El segundo acto llegó con un tinto de Garnacha 2022 de Viña Muruel, de fruta roja vibrante y taninos sedosos, que acompañó con maestría los cortes más intensos. También pudimos probar el champagne francés, de 21 años, Victoire.

Esta selección no fue casual. Brutal Wine Restaurant, con sus 723 referencias de vinos cuidadosamente curadas —el 99% disponibles por copas—, reafirmó su filosofía: «Hacer lo que amamos, con esencia, carácter y un gusto obsesivo por hacer las cosas bien». Cada botella contó una historia paralela a la de la carne, reforzando la idea de que el maridaje inteligente no compite, sino que conversa.

Más que una cena: un compromiso con el origen
La Experiencia Okelan trascendió lo gastronómico para convertirse en un acto de conciencia. Al final de la velada, los comensales no solo habían degustado platos excepcionales, sino que habían comprendido que elegir carne de razas autóctonas es apoyar la sostenibilidad, proteger paisajes y mantener vivas tradiciones que, de otro modo, podrían desvanecerse.

Brutal Wine Restaurant, recientemente reconocido como «Recomendado» por la Guía Repsol 2026, demostró una vez más que su apuesta por el producto de proximidad y la cocina honesta no es una tendencia, sino una convicción. En un mundo donde lo efímero a menudo gana terreno, esta cena recordó que lo perdurable nace del respeto: al animal, al territorio, al oficio.
Cuando los últimos comensales abandonaron el local, bajo un cielo murciano salpicado de estrellas, quedó flotando en el aire una certeza: la carne, cuando se trata con conocimiento y pasión, no solo alimenta. Cuenta historias. Y esa noche, en Fuente Álamo, la historia fue tan memorable como el sabor que dejó en el paladar.

























